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perfil.com · hace 11 horas · Mauricio Vázquez

Recuperar una generación

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Hay escenas de ficción que sobreviven porque explican mejor la realidad que muchos tratados de ciencia política. Una de ellas ocurre hacia el final de El Padrino, cuando Vito Corleone le deja a Michael una advertencia aparentemente simple: “Ahora escucha, quienquiera que venga a ti con esta reunión de Barzini, es el traidor. No lo olvides”.

Trasladada al debate argentino, la analogía es bastante directa. Así como la propuesta de aquella reunión revelaba al traidor, la ausencia de una propuesta sobre Capital Humano revela algo igualmente preocupante: que los potenciales candidatos no han comprendido dónde se encuentra el principal problema estructural del país o que, habiéndolo comprendido, prefieren no hablar de él.

Argentina lleva décadas discutiendo inflación, déficit, deuda, reservas, presión tributaria, inseguridad o tipo de cambio. Son cuestiones relevantes y seguirán siéndolo. Sin embargo, la centralidad que han adquirido desplaza del debate aquellos problemas cuyos efectos son más lentos, menos visibles y, precisamente por eso, más difíciles de revertir.

En tal sentido, resulta llamativo que buena parte de la dirigencia siga hablando del futuro del país como si pudiera construirse independientemente de quienes lo habitan.

Basta escuchar muchos discursos políticos para advertir que se habla permanentemente de crecimiento, desarrollo, competitividad o modernización, pero muy poco de las personas que deberán hacer posible cualquiera de esas metas. Como si el desarrollo fuera una consecuencia automática de ciertas decisiones económicas y no el resultado de conocimientos, hábitos y habilidades acumulados durante generaciones.

Cuando se habla de Capital Humano solemos pensar en escuelas o universidades. Sin embargo, comienza mucho antes. Se forma en la nutrición temprana, en la calidad del lenguaje que circula dentro de un hogar, en los hábitos de lectura y en los vínculos capaces de transmitir conocimientos y valores entre generaciones.

Los datos disponibles deberían alcanzar para encender algunas alarmas. Según las pruebas Aprender, apenas el 14,2% de los estudiantes secundarios alcanza niveles satisfactorios o avanzados en Matemática. Las evaluaciones PISA muestran dificultades persistentes para sostener desempeños elevados en competencias fundamentales, mientras que informes de la UCA y Unicef alertan sobre los niveles de inseguridad alimentaria que afectan a millones de niños argentinos. No se trata sólo de un problema social: la evidencia disponible muestra que la nutrición y la estimulación durante los primeros años de vida influyen directamente sobre el desarrollo de capacidades que condicionarán las trayectorias educativas y laborales futuras.

La pregunta es por qué un asunto tan decisivo recibe tan poca atención. Una posible respuesta consiste en asumir que el crecimiento económico terminará corrigiéndolo por sí mismo. Sin embargo, allí conviene introducir una distinción importante.

El libre mercado sigue siendo el mecanismo más eficiente que conocemos para coordinar información, asignar recursos y producir bienes y servicios. Pero una cosa es proveer aquello que una sociedad demanda y otra muy distinta formar las capacidades cognitivas, culturales y educativas que determinarán lo que esa misma sociedad será capaz de demandar, producir e innovar en el futuro. Pretender que el mercado resuelva por sí solo esa tarea supone esperar de él algo distinto de aquello que mejor sabe hacer.

La historia económica ofrece una lección sencilla. Antes de la inversión suele existir confianza; antes de la productividad, conocimiento; antes del crecimiento, capacidades humanas.

Cuando comiencen a consolidarse las candidaturas de 2027, convendrá prestar tanta atención a las omisiones como a las propuestas. Habrá planes sobre inflación, deuda, impuestos o crecimiento. Todos serán necesarios. Ninguno será suficiente si el país continúa ignorando la calidad de las personas sobre las que deberá construirse cualquier proyecto de desarrollo.

Porque un país puede recuperar reservas. Lo que resulta mucho más difícil es recuperar una generación.

*Consultor en Comunicación Estratégica, Liderazgo y Asuntos Públicos. Director del Posgrado en Consultoría con Orientación en Asuntos Públicos (Ucema).

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