Adorni, de vocero a tabú libertario
El peor impacto del caso Adorni para el Gobierno puede estar por venir. Y no es solo político. Se verá en realidad durante los próximos días en la Cámara de Diputados, cuando se empiecen a tratar, y si es que ocurre, los cambios en la ley de inocencia fiscal, una de las grandes apuestas del ministro de Economía para que la actividad termine de despegar. Esta semana, disconformes con la adhesión del jefe de Gabinete al régimen simplificado de Ganancias y las justificaciones que incluyó en su declaración jurada, los bloques de Pro y de la UCR le hicieron saber al oficialismo que no estarían dispuestos a acompañar la iniciativa. Eso frenó el envío del borrador.
Pese a los esfuerzos del Gobierno por superar el tema y a la distracción del Mundial, el escándalo de Adorni no está resuelto. Al contrario: sus explicaciones generaron dudas y reacciones también dentro del bloque de La Libertad Avanza. Diputados que vienen trabajando con los Menem como, por ejemplo, la rosarina Verónica Razzini, o aquellos con pretensiones electorales propias como Alejandro Carrancio, que quiere ser candidato a intendente de Mar del Plata. Una verdadera crisis política en el momento menos pensado y mientras entran los dólares de la cosecha, se acumulan reservas en el Banco Central, crecen las exportaciones, se atenúa la inflación y el riesgo país retrocede al nivel de 2018.
Milei está en una encrucijada. La acusación de enriquecimiento ilícito contra Adorni caló más hondo que otros casos de corrupción en la sociedad, dicen los sondeos de la Casa Rosada, pero él se resiste por ahora a pedirle la renuncia: cree que sería una muestra de debilidad frente a lo que interpreta como un ataque directo contra el Gobierno. “Después vienen por mí”, le explicó esta semana a alguien que lo visita con frecuencia en Olivos. Es, exacto, el mismo argumento que Adorni le dio a José del Rio en la entrevista en LN+.
Es natural que el dilema perturbe al Presidente. Por eso pierde la paciencia y hasta se exasperó ante los libertarios que en estos días cuestionaron a su colaborador. Aunque íntimamente pueda coincidir en los reproches, como se infiere de sus redes sociales: no hubo esta vez, y a diferencia de otras, respaldo explícito ni de él ni de su hermana hacia el propietario de Indio Cua. Al contrario: el primer posteo en Twitter de Karina Milei posterior a la entrevista en cuestión fue nada menos que un saludo a Patricia Bullrich, la más crítica de Adorni. “Feliz cumple, Pato”, celebró anteayer la secretaria general de la Presidencia, debajo de la foto de la reunión de mesa política en la que aparece abrazando a la senadora. Un gesto fuerte. El último posteo de Karina en esa red había sido el 25 de marzo, justamente para defender al jefe de Gabinete, cuando despuntaba este escándalo.
Es difícil entender la permanencia de Adorni en el cargo sin reparar en lo que supone estar viendo al respecto Milei: una embestida directa hacia su gobierno de parte de un establishment que incluye también a los medios de comunicación. El famoso 95% de “ensobrados”. Bajo esa lógica interpreta todo, desde la filtración de la causa en un juzgado hasta un título, una columna de opinión o una simple crónica periodística. Que Adorni sea o no culpable, que incluso haya desautorizado al Presidente al presentar la declaración jurada cinco semanas después de que este la hubiera anticipado como “inminente” o que en la difusión de los detalles de la causa puedan estar influyendo las internas de Comodoro Py o las del propio Gobierno son circunstancias subordinadas a esa gran confrontación de fondo que Milei libra contra el poder de las corporaciones.
El martes, por primera vez en los 90 años de existencia de la Cámara Argentina de la Construcción, no fue ningún funcionario nacional al seminario anual de la entidad
Es su batalla cultural frente a ese elenco que Macri prefería llamar “círculo rojo”, integrado especialmente por empresarios que hasta hacía poco tiempo parecían estar con Milei y que siguen agradeciendo el equilibrio fiscal y la caída en la inflación, pero que preferirían para 2027 un sucesor menos disruptivo. En ese divorcio, una novedad de este año, inciden desde diferencias con el tipo de cambio para sectores fabriles hasta la paralización de la obra pública. El martes, por primera vez en los 90 años de existencia de la Cámara Argentina de la Construcción, no fue ningún funcionario nacional al seminario anual de la entidad. Y eso que Gustavo Weiss, su presidente, había cursado invitaciones en todas las direcciones, incluidos cargos menores del Palacio de Hacienda.
No es casual que en esos mismos foros vayan surgiendo informalmente nombres de posibles candidatos para 2027, algunos de ellos improbables o directamente fantasiosos. Mauricio Macri. Jorge Brito. Miguel Galuccio. Marcos Galperin. Macri y Brito coincidieron la semana pasada en una comida en la casa de un amigo en común. En público, el banquero esquiva el tema o muestra desinterés. “Yo no estoy seguro de que haya todavía lugar para una candidatura moderada”, dijo el miércoles delante de periodistas.
El anhelo de un regreso de Macri se detecta fácilmente en Pro. Lo necesitan compitiendo. “Si no presentamos candidato nacional, no nos van a tomar en serio para la Capital Federal”, razonan. Él también calla, pero cada tanto recuerda que gobernar la Argentina resulta a veces ingrato. “Es como si te ataran las manos mientras te cagan a trompadas”, graficó en otro encuentro con empresarios. Es lo que sintió de sus propios pares durante su gobierno. Ahora los ve de su lado y se hace escuchar. Dice que respalda el programa de Milei, lo ha dicho públicamente, pero agrega que teme que le pase como a Trump, a quien su estilo confrontativo le hizo perder en 2020 la reelección.
A su entorno le entusiasma esa posibilidad e intentan contagiarlo. Le insisten, por ejemplo, con que la Argentina tendrá en 2027 una oportunidad inmejorable: equilibrio fiscal, menos inflación, reforma laboral, piquetes despejados e ingresos por inversiones mineras y energéticas. “¿Le vas a regalar a Massa la economía que viene?”, le propuso alguien muy cercano. Y otros cuentan que hasta Antonia, la hija menor del expresidente, le habría dado a su padre el respaldo para volver.
Estas elucubraciones incluyen también, desde luego, a Patricia Bullrich. Y más cuando, como con Adorni, toma distancia del Gobierno. Por ahora ella deja trascender que trabaja por la reelección de Milei, de quien también recibió un saludo personal de cumpleaños en la mañana del jueves, justo antes de volver a criticar públicamente al jefe de Gabinete. Dicen que cuidó las palabras: habló de “ocultamiento ético” y evitó el término “delito”.
En el Gobierno ya no siguen tan pendientes de lo que diga, pero le piden que al menos tenga la deferencia de avisar cuando va a hablar. Es como si en el fondo le estuvieran dando la razón.
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