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lanacion.com.ar · hace 11 horas

Cartas de lectores: Caballo de Troya, renuncia, motivo

LA NACION

Estamos hasta la coronilla con el tema Adorni, parece un laberinto sin salida, cuesta inmaginar como hará Milei para salir lo menos lastimado posible, en caso de lograrlo. Las explicaciones del increíblemente sostenido jefe de gabinete suenan pueriles y hasta ofensivas al intelecto, pero lo que ignoramos son los motivos por los que lo defienden, y eso es el meollo del asunto. Las teorías al respecto abundan y el misterio se agiganta geométricamente. Gracias al presidente y su equipo hemos resurgido del infierno y las posibilidades que se abren son altamente esperanzadoras, pero este tema es preocupante , parece mentira que habiendo logrado llegar hasta aquí aparezca un dinamitador interno de su principal caballito de batalla, la instauración de la transparencia y honestidad. ¿Será que el caballito de batalla resulte ser como el de Troya?

Después de unos meses de idas y venidas el jefe de Gabinete de ministros presentó su declaración jurada. También dio sus explicaciones que a algunos habrán satisfecho y a otros no. La cuestión es que pasado todo eso vemos que no le hizo bien al gobierno del presidente Javier Milei. Hablaría muy bien de su persona si presenta su renuncia indeclinable como corresponde a un caballero. Los que queremos que a este gobierno le vaya bien y trabajamos todos los días para eso se lo agradeceremos.

Promocionaron un régimen simplificado para revitalizar la economía. Lo que vemos es que el motivo real parece ser blanquear dinero mal habido por funcionarios y no ser penados.

¡Cuántos dolores de cabeza, explicaciones desesperadas y tiempo perdido hubiera evitado el presidente de la república, si hubiera escuchado los inteligentes consejos del ingeniero Mauricio Macri en el fatídico día en que aceptó la renuncia de Guillermo Francos!

Leo que el diputado Miguel Ángel Pichetto pide la liberación de Cristina Kirchner, condenada por corrupción, argumentando que al tratarse de una expresidenta su situación merece un tratamiento especial. Como colofón de la insólita pretensión, Pichetto solicita al Congreso que declare por ley la nulidad del fallo condenatorio. Semejante dislate llamaría a risa en un país respetuoso de la división de poderes, pero no en la Argentina donde se han cometido groserías jurídicas como la sanción de la ley 25.779, que declaró insanablemente nulas las leyes de obediencia debida y punto final, como si nunca hubiesen existido, usurpando así el Congreso funciones propias del Poder Judicial. Para mayor agravio, la propia Corte Suprema convalidó esa ley nulificante en el fallo Simón del 14/6/05 con voto de mayoría de sus miembros, algunos con argumentos de escaso rigor. Fue una más de las distintas piruetas jurídicas de la Corte en la elaboración de su esperpéntica doctrina en materia de delitos de lesa humanidad.

La ceremonia de apertura del Campeonato Mundial de Fútbol en México ha sido una muestra de banalidad, mal gusto y grosería.

El Dr. de Pablo, en su nota de LA NACION del 11 de junio, sobre la aprobación de los pliegos de 73 candidatos a jueces, considera exagerada la atención que el periodismo presta al caso de María Verónica Michelli, llegando incluso a descalificar como tontos a quienes lo hacen. Coincido con él en valorar positivamente el envío de pliegos para cubrir vacantes que tanta falta hacen en la Justicia. También es ingeniosa la referencia de Neustadt a los aviones que aterrizan sin novedad. Sin embargo, las excepciones importan, sean pliegos o aviones, porque suelen revelar problemas que merecen atención. Donde más discrepo es en su análisis de cómo toman decisiones los inversores. Si uno de los postulantes fuera rechazado por su parentesco con un periodista incómodo para el poder, yo no concluiría que se trata de un hecho irrelevante, sino que me preguntaría por la calidad institucional del sistema que produjo esa decisión. Y esa duda influiría en cualquier inversión importante de largo plazo. Los grandes inversores no suelen ser tontos; suelen ser cautelosos. Por eso, cuando perciben riesgos institucionales, exigen mayores garantías o condiciones especiales.

Con profundo dolor e indignación fuimos testigos de la brutal tala de pinos en la costanera de Bariloche. Resulta difícil entender que una ciudad rodeada por un parque nacional, cuya identidad está ligada a la naturaleza, elimine árboles que forman parte de su paisaje. Se argumentó que rompían veredas, que podían caerse, que eran especies exóticas, ensuciaban o tapaban la vista. Pero las veredas deberían adaptarse a los árboles y no al revés, y si el riesgo de caída fuera motivo suficiente, ¿deberíamos eliminar también todos los árboles de otras partes de la ciudad? Es cierto que eran especies exóticas pero eliminar lo exótico podría significar perder buena parte de los bosques y paisajes que identifican a Bariloche. Por otro lado en ese lugar particular de la Costanera esos árboles no estaban invadiendo ni desplazando especies nativas.

Los árboles son un patrimonio sagrado de todos. Las autoridades deberían estar preocupadas por proteger y forestar, no por talar. Bariloche necesita más árboles, no menos.

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