Histórico debut de SpaceX en Wall Street: la apuesta más ambiciosa de Elon Musk que mezcla cohetes, satélites, IA y una valuación récord
La compañía prepara una oferta pública inicial de hasta u$s75.000 millones, una cifra inédita para el mercado global. La salida llega con Starlink como negocio consolidado, xAI como promesa de crecimiento y una discusión abierta sobre el precio que pagarán los inversores.
SpaceX prepara una salida a bolsa histórica en Wall Street, con una valuación récord y una apuesta que combina cohetes reutilizables, conectividad satelital e inteligencia artificial.
Durante más de dos décadas, SpaceX creció lejos de la bolsa. La empresa de Elon Musk pudo financiar su expansión con capital privado, sostener valuaciones cada vez más altas y dar liquidez parcial a empleados e inversores mediante ventas privadas de acciones ya existentes.
Ese modelo le permitió evitar el escrutinio permanente de Wall Street, mientras construía una posición dominante en lanzamientos espaciales y conectividad satelital.
El salto al mercado público llega finalmente este viernes 12 de junio, cuando la historia de la compañía empieza a cambiar de escala. En este sentido, SpaceX ya no se presenta solo como una empresa aeroespacial, sino que logró consolidarse en el tiempo como una combinación de liderazgo en lanzamientos de cohetes reutilizables, internet satelital, inteligencia artificial y una apuesta todavía incipiente por infraestructura de cómputo en órbita.
Esa ampliación del negocio exige más capital, pero también obliga a los inversores a pagar hoy por proyectos cuyo resultado dependerá de varios años de ejecución.
La operación tendrá, además, un valor simbólico para todo el mercado tecnológico. Si logra recaudar cerca de u$s75.000 millones, SpaceX superará ampliamente a Saudi Aramco, Alibaba, y SoftBank, de las mayores IPOs registradas hasta ahora.
En plena euforia por la inteligencia artificial y con gigantes privados como OpenAI y Anthropic en la mira del mercado, el debut de la empresa de Musk funcionará como una prueba de hasta dónde Wall Street está dispuesto a convalidar valuaciones extremas.
SpaceX ofrecerá 555,6 millones de acciones Clase A a un precio indicativo de u$s135 por papel. Con esos términos, la recaudación bruta rondaría los u$s75.000 millones y podría subir hasta u$s86.250 millones si los bancos colocadores ejercen la opción de sobreasignación.
Bajo estas condiciones de salida, la acción cotizará bajo el ticker SPCX en el Nasdaq, la principal bolsa de las tecnológicas y más adelante podría incorporarse a otros índices, como el S&P500.
La comparación histórica con las ofertas públicas iniciales refleja la magnitud del salto. En este sentido, Saudi Aramco, hasta ahora la mayor IPO de la historia, recaudó u$s25.600 millones en 2019; Alibaba obtuvo u$s21.800 millones en 2014; y SoftBank Corp. captó u$s21.300 millones en 2018.
SpaceX no solo quedaría por encima de todas, sino que llevaría el récord a una escala de otra magnitud.
Para el mercado, el tamaño importa por dos motivos. Primero, porque pondrá a prueba la liquidez disponible para absorber una colocación de volumen excepcional. Segundo, porque puede fijar una referencia para la próxima generación de grandes tecnológicas privadas, especialmente aquellas vinculadas a inteligencia artificial, infraestructura de cómputo y defensa.
En referencia a estas cuestiones centrales, Juan José Vázquez, Jefe de Research de Cohen Aliados Financieros, sostuvo a Ámbito que “la IPO (oferta pública inicial) de SpaceX implicaría la recaudación de recursos por u$s75.000 millones estimados, lo cual no tiene precedentes, habiendo reservado hasta el 30% dichas acciones para ser colocadas en inversores minoristas, lo cual podría generar un rebalanceo de otros activos de riesgo en donde lógicamente pueden verse afectadas otras empresas tecnológicas”.
En ese punto, advirtió que “puntualmente hay nombres del sector aeroespacial como Rocket Lab, L3Harris, Northrop que habrá que monitorear”.
La decisión de abrir el capital no parece responder a una necesidad clásica de supervivencia financiera. Por largo tiempo, SpaceX pudo sostenerse con rondas privadas y con una demanda elevada de inversores dispuestos a comprar acciones fuera del mercado público. Por eso, su llegada a bolsa después de 24 años resulta excepcional frente a otras tecnológicas que cotizaron mucho antes.
El Equipo de Estrategias de Inversión de IOL lo resume como “un caso atípico”. Según los analistas, SpaceX “esperó 24 años para cotizar, frente a los 6-7 años promedio de las MAGS7 (7 Magníficas, las más grandes empresas de tecnología, que integran, Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta, Nvidia y Tesla del propio Musk)”, porque “no lo necesitaba”.
La compañía podía financiarse con capital privado a valuaciones crecientes y permitir ventas secundarias de acciones para empleados e inversores. Lo que cambió en este caso, fue la disrupción de la inteligencia artificial.
“xAI dejó de poder financiarse con la caja de Starlink y los centros de datos que SpaceX proyecta no se sostienen solo con flujo operativo”, señalaron desde IOL. Esto hace a una de las cuestiones centrales que justifican la IPO, ya que esto no llega solo para financiar cohetes o satélites, sino para sostener una nueva etapa de inversión mucho más intensiva.
SpaceX llega al mercado con tres negocios distintos, pero cada vez más conectados entre sí. El primero es Space, donde se ubican Falcon, Dragon y Starship. El segundo es Connectivity, liderado por Starlink. El tercero es AI, incorporado tras la adquisición de xAI en febrero de 2026.
La lógica de la compañía es que esos negocios se refuercen entre sí. Los cohetes reutilizables permiten colocar satélites a menor costo; Starlink convierte esa infraestructura en conectividad global; y xAI abre una nueva demanda de cómputo, energía y capacidad de procesamiento. En ese punto aparece la apuesta más ambiciosa, que implica trasladar parte de esa infraestructura fuera de la Tierra.
Paulino Seoane, Head Investment Ideas en Balanz, explicó a este medio que SpaceX “cuenta con Starlink, la compañía de servicio satelital de internet más grande del mundo”, y que la integración de xAI la dotó de “una usina de IA”.
Para el analista, la recaudación apunta a “empezar a establecer data centers en el espacio”, una idea que depende de la capacidad de transportar grandes cantidades de masa a órbita mediante sistemas reutilizables como Starship.
Dentro de ese universo, Starlink aparece como el activo más tangible. Según los documentos de la compañía, el servicio de internet satelital alcanzaba aproximadamente 10,3 millones de clientes al 31 de marzo de 2026, distribuidos en 164 países y mercados. Para IOL, es “la joya” del grupo, con una unidad rentable, generadora de caja y con ingresos por u$s11.400 millones en 2025.
El negocio espacial cumple otro rol, donde Falcon, Dragon y Starship sostienen la ventaja tecnológica de SpaceX y explican su liderazgo en lanzamientos, pero también demandan inversión constante. IOL estimó en este sentido que esa línea factura alrededor de u$s4.000 millones, aunque todavía pierde a nivel operativo por el gasto en investigación y desarrollo de Starship.
xAI, en cambio, es la apuesta que más empuja la narrativa de crecimiento y, al mismo tiempo, la que más presiona las cuentas. SpaceX advierte sobre está cuestión que el segmento de IA está en etapa temprana, todavía en proceso de integración y expuesto a riesgos de escala, competencia y ejecución. IOL lo define como “el déficit de caja”, con ingresos incipientes frente a necesidades crecientes de inversión.
Starlink aparece como el negocio más consolidado de SpaceX, mientras Starship sostiene la ventaja tecnológica de la compañía y xAI concentra la apuesta de mayor crecimiento, pero también los principales riesgos de ejecución y financiamiento.
La oferta ubicaría a SpaceX entre las compañías más valiosas del mundo desde su primer día de cotización. Según la lectura de Balanz, la valuación final dependerá del precio definitivo y de la demanda al cierre de la colocación, pero podría moverse entre u$s1,75 billones y u$s2,5 billones. “Todo depende de la oferta y demanda final al momento de cerrar el precio del IPO”, señaló Seoane.
Ese rango obliga a separar la calidad del negocio del precio de entrada. SpaceX tiene activos difíciles de replicar, una posición dominante en lanzamientos y un negocio de conectividad en expansión. Pero también llega al mercado con pérdidas netas por u$s4.937 millones en 2025 y con una parte creciente de su tesis apoyada en IA, un segmento todavía en construcción.
IOL plantea en este sentido que la pregunta central ya no es “cuánto vale SpaceX sino cuánto se le está pidiendo valer”. Para los analistas, buena parte del precio se apoya en la promesa de la inteligencia artificial. La propia compañía estima un mercado direccionable de u$s28,5 billones, de los cuales u$s26,5 billones corresponden a IA, aunque advierte que esas oportunidades podrían no concretarse como espera.
Vázquez también puso el foco en la exigencia sobre las finanzas de la compañía. “Es difícil de saber si la valuación está justificada teniendo en cuenta que sus ingresos por ventas en 2025 fueron u$s18.700 millones y su valuación sería de u$s1,75 billones, por lo cual se convalida un ratio muy desafiante de 93,6 veces el ratio Precio / Ventas en forma secuencial”, señaló el jefe de Research de Cohen Aliados Financieros.
Aun así, explicó que la apuesta del mercado es que esos ingresos puedan escalar a partir de sus tres motores principales. “Starlink a escala masiva; Starship como plataforma —si logra costos de lanzamiento radicalmente menores, redefine la economía de toda la industria espacial—; xAI/data centers orbitales —la apuesta más especulativa y la que más pesa hoy en las pérdidas—”.
La salida a bolsa no cambiará el centro de poder de la compañía. Las acciones Clase A tendrán un voto por papel, mientras que las Clase B tendrán diez votos. Con esa estructura, Elon Musk conservará más del 80% del poder de voto combinado después de la oferta, lo que convertirá a SpaceX en una “compañia controlada” bajo las reglas de Nasdaq y convertiría a Musk en el primer billonario de la historia (millón de millones de dólares).
Para Seoane, la estructura “asegura a Elon Musk el control total y personal de la compañía con votos preferenciales”. Esa característica puede leerse de dos formas. Para algunos inversores, implica un riesgo de gobierno corporativo, porque limita la capacidad de los accionistas minoritarios para influir en decisiones estratégicas. Para otros, garantiza que el proyecto mantenga la dirección de su fundador.
Ese punto es clave porque SpaceX está mucho más atada a una visión personal que otras compañías de gran capitalización. No se trata solo de expandir un negocio existente, sino de financiar una agenda que combina conectividad global, transporte espacial, IA y la posibilidad de desarrollar infraestructura orbital. En esa apuesta, Musk no solo será accionista relevante, sino que seguirá siendo el conductor central.
La salida a bolsa de SpaceX no alterará el control de Elon Musk, que mantendrá el poder de decisión a través de acciones con voto diferencial y podría consolidarse como el primer billonario de la historia.
La escasez inicial de acciones disponibles puede favorecer el debut, pero también aumentar la volatilidad. El prospecto de salida establece un lock-up de 366 días para Musk y liberaciones escalonadas para otros accionistas, directivos e inversores, con ventanas que se extenderán entre los resultados de 2026 y 2027.
Esta medida tiene como objetivo limitar la oferta al comienzo, pero puede sumar presión cuando esas restricciones empiecen a levantarse.
Seoane advirtió que algunos analistas consideran “un poco cara” la cotización de colocación y sugieren esperar a que la acción se estabilice antes de tomar posiciones agresivas. También remarcó que, por su tamaño, SpaceX podría generar reposicionamientos relevantes cuando avance su incorporación a índices, un factor técnico que puede impactar sobre el precio.
Desde Cohen, Vázquez también apuntó contra el riesgo de una operación demasiado demandada en el arranque. “La estructura de la oferta en sí también genera interrogantes, con 21 bancos underwriters, una porción minorista récord, el riesgo de sobresuscripción seguido de corrección abrupta es elevada”, sostuvo.
Para el analista, sin embargo, el punto principal excede la dinámica inicial de trading. “El principal riesgo es la apuesta en sí, que SPCX pueda llevar a resultados las expectativas creadas convalidando estos múltiplos” comentó.
IOL coincidió en que la mecánica puede favorecer el arranque, aunque traslada parte del riesgo hacia adelante. “El prospecto confirma el liderazgo de SpaceX y un modelo excepcional. La pregunta no es sobre la calidad del negocio, sino el precio”, concluyó.
Para la firma, el bajo float inicial podría impulsar la acción en las primeras ruedas, pero la liberación posterior de acciones será un factor central a monitorear.
SpaceX no llega al mercado como una empresa tradicional. Su IPO combina un negocio real y dominante en conectividad satelital, una plataforma espacial difícil de replicar y una apuesta de inteligencia artificial que exige cantidades enormes de capital. Esa mezcla explica por qué la operación genera entusiasmo, pero también cautela.
La salida a bolsa será una prueba para la compañía y para el mercado. Para SpaceX, porque deberá demostrar que puede transformar su liderazgo tecnológico en rentabilidad sostenida. Para Wall Street, porque mostrará hasta dónde los inversores están dispuestos a pagar por una promesa que todavía depende de ejecución, escala y tiempo. La calidad del activo no parece estar en discusión: el interrogante es cuánto futuro ya está incluido en el precio.
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