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clarin.com · hace 9 horas · Clarin.com - Home

La estupidez, según Julian B.

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El gran escritor francés Gustave Flaubert, autor de Madame Bovary, se torturaba buscando “la palabra justa”. Escribía lentamente. Corregía. Corregía. Y sentenció una máxima que excede esa obsesión: “La estupidez consiste en querer concluir”.

De ahí viene el extraordinario autor inglés Julian Barnes (1946), que en esta semana sumó un premio español: el Princesa de Asturias de las Letras.

El jurado valoró en su trabajo la combinación excepcional de inteligencia, humor y mirada compasiva sobre la condición humana, entre otras cuestiones.

Los lectores sabemos que casi nunca podés soltar los libros de Julian (si lo leés, lo tuteás): sabe contar como nadie, jugando entre la complejidad, el ingenio y la espesura.

Te das cuenta de que comprender una vida, propia o ajena, es un desafío hermoso, aun cuando estés convencido de que no se puede lograr de forma taxativa. Y de que igual hay que tratar.

Y así te acordás de cuánto sirve ponerse en el lugar de otros, para los otros y para vos, mejor dicho, para intentar entender.

Julian Barnes. Archivo AFP

Julian publicó ficción experimental sin maltratar a los lectores, novela histórica, ensayo autobiográfico, sátira política y meditación filosófica.

Pero el tema de cómo la vida resiste las explicaciones cerradas e igual necesitamos buscarlas aparece en casi toda su obra.

En El loro de Flaubert (1984), una de sus novelas más aplaudidas, Julian resumió: "Los libros dicen: ella hizo esto porque. La vida dice: ella hizo esto".

Y en Hablando del asunto (1991), otra novela, sobre un triángulo amoroso contada a partir de voces que se contradicen y se disputan el sentido de los hechos, Gillian, una de las protagonistas, lo explica así: "Ese es el problema de hablar las cosas de esta manera. Nunca parecen del todo correctas para la persona de la que se está hablando”.

Quizás ningún libro sintetiza mejor este aspecto del universo de Julian que El sentido de un final, Premio Booker 2011, una historia en la que se cruzan amistades, suicidios, traiciones y, otra vez, interpretaciones fallidas, y se suman el envejecimiento y cómo, con los años, se va aclarando lo poco fiables que son los recuerdos.

Julian Barnes. Foto archivo Clarín.

Claro que reducir la obra de Julian de esta manera es injusto. Más, cuando habla especialmente del amor, y del que se siente por alguien que ya no está.

Tras la muerte de Pat Kavanagh, la mujer de Julian, en 2008, siempre asoma en sus libros la conciencia de la pérdida, pero nunca el sentimentalismo. Él prefiere los enredos y la destreza en su búsqueda de la precisión imposible.

Eso también hace que sus obras sobre las formas que tenemos de asumir realidades irreversibles para poder convivir con ellas sean de los más despabiladoras que se escribieron en el último medio siglo.

Pasó mucha agua bajo el puente en ese tiempo. Hoy, en un mundo que busca respuestas rápidas en ChatGPT, es más notorio que Julian siembra preguntas, se puedan o no contestar, sin resignar humanidad.

Judith Savloff

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