Por qué los oficialismos pierden en América Latina
Los resultados electorales de las recientes elecciones presidenciales en América Latina, permiten inferir una crisis de incumbencia que se consolida en la región. Los oficialismos, en lugar de ser reelectos, pierden sus cargos ejecutivos y son reemplazados por candidatos opositores.
¿Cómo se logran modificar los estándares políticos de una sociedad? ¿Cómo conseguir que una sociedad acepte nuevos estándares políticos a los que no estaba acostumbrada en tan breves lapsos temporales?
Una vía explicativa: el uso estratégico del lenguaje como herramienta de reconstrucción y reordenamiento político y social de la realidad. Las palabras serían instrumentos de poder en sí mismos, ya que permanentemente reordenan un tejido social heterogéneo y desarticulado, (re)creando una sociedad que no existe per se. Así, la enunciación implica hacer una acción que hace, por lo que posee un profundo carácter performativo.
El proceso de reconstrucción y reordenamiento de la realidad sociopolítica a partir del lenguaje, podría explicarse en tres momentos yuxtapuestos: primeramente, la construcción de una unidad social. El tejido social se homogeneiza y la sociedad adquiere existencia propia mediante la ejecución de “actos del habla”, los cuales permiten la articulación de demandas insatisfechas particulares en una demanda global.
Las palabras serían instrumentos de poder en sí mismos, ya que permanentemente reordenan un tejido social heterogéneo y desarticulado, (re)creando una sociedad que no existe per se"
Esta homogeneización social implica que, o bien una particularidad se universalice, o bien que las distintas particularidades se condensen en una única universalidad. Este es el inicio de un proceso de totalización, cohesión social y construcción hegemónica intermediadas por el lenguaje.
Posteriormente, la construcción de una frontera política antagónica entre dos proyectos de poder presuntamente irreconciliables entre sí, que se manifiesta en un “ellos” y un “nosotros”. Aquí se transita del “yo” al “nosotros” y se identifica un “ellos”, que constituye y proporciona identidad al “nosotros” a través del mismo proceso lingüístico intersubjetivo.
Así, la construcción sociopolítica de la realidad operaría a partir de la exclusión. No hay construcción hegemónica sin que la sociedad que se está recreando se divida en dos campos antagónicos. Para ello se crean categorías que identifiquen y doten de identidad a la unidad constituida, que la referencien, pero también la diferencien del elemento excluido. Una palabra puntual o un símbolo, son ejemplos fácticos de ello. Son estas categorías las que dotan de identidad al poder hegemónico y/o contra hegemónico.
Por último, el éxito performativo del discurso (en tanto permite crear significado e inteligibilidad de la realidad) reposa en la dimensión afectiva del lenguaje y del contexto. La polarización afectiva, más que la ideológica, está sumamente presente en las sociedades latinoamericanas contemporáneas.
Su construcción discursiva constituye un asidero elemental para cambiar los estándares políticos de las sociedades en breves períodos de tiempo. Para ello, los actos valorativos y evaluativos del habla poseen un rol central. Estas son palabras específicas que se ajustan a la necesidad de la relación que se quiere entablar con el otro, al tipo de experiencia – relación que se quiere establecer.
La lógica es la misma: enunciados persuasivos, valorativos, ni falsos, ni verdaderos, pero profundamente efectivos en función de los fines a obtener"
Aquí no es relevante la veracidad o falsedad de lo que se enuncia, sino su verosimilitud; esto es, que exista una conformidad entre enunciados y hechos que permitan crear significado y, por lo tanto, una determinada inteligibilidad del mundo.
En este contexto, las redes sociales se convierten en recursos de poder que permiten penetrar directamente en la mente del electorado, sin intermediación de otros actores. Su uso estratégico, con un lenguaje propio, potencia la polarización afectiva de la realidad que se pretende construir a raíz de su funcionalidad.
Desde allí, la lógica es la misma: enunciados persuasivos, valorativos, ni falsos, ni verdaderos, pero profundamente efectivos en función de los fines a obtener. Esto torna aún más tangible un ingrediente presente en la competencia por la hegemonía: la violencia.
No violencia como coacción física legítima de “arriba” hacia “abajo”, sino una violencia simbólica y funcional que se reproduce “abajo”, que va más allá del Estado, en una sociedad que la sufre y la ejerce.
Así, el discurso político cumple un rol esencial en la (re)creación de sociedades, en la reconstrucción y reordenamiento de realidades que resulten inteligibles para dichas sociedades. Este es el corazón de la actividad política, siempre dinámica y cambiante. De este modo, el uso estratégico del lenguaje sería la razón detrás del surgimiento y éxito electoral de los nuevos oficialismos. Personalmente, considero que el lenguaje ha tomado la explicación del mundo.