Del "Korea Discount" al "Korea Premium": cómo la bolsa de Seúl desató un rally histórico y se convirtió en la nueva estrella de los mercados
El KOSPI se convirtió en una de las bolsas con mejor desempeño del mundo y llegó a superar los 8.000 puntos. Más allá del boom de los semiconductores y la inteligencia artificial, ¿Qué hay detrás?
Korea Exchange (KRX), tiene dos sedes, una de ellas en Seúl y otra en Busan otra de sus ciudades principales.
Enviada especial a Seúl-. Es difícil encontrar en 2026 una historia de mercado más llamativa que la de Corea del Sur. Mientras Wall Street intenta sostener las valuaciones alcanzadas tras el boom de la inteligencia artificial y Europa continúa lidiando con un crecimiento económico moderado, la bolsa surcoreana se transformó en una de las grandes protagonistas del año.
El principal índice bursátil del país, el KOSPI, acumuló una suba superior al 100% desde inicios de 2025 y alcanzó máximos históricos por encima de los 8.000 puntos. El avance fue tan importante que Corea pasó de ocupar el puesto número 15 entre los mercados bursátiles más grandes del mundo a ubicarse en el séptimo lugar, superando a países como Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania y Arabia Saudita.
La capitalización total del mercado alcanzó aproximadamente los u$s4,6 billones, ubicándose únicamente detrás de Estados Unidos, China, Japón, Hong Kong, India y Taiwán.
Imágenes brindadas de manera exclusiva por Korea Exchang (KRX), la única bolsa de valores y futuros de Corea del Sur
La magnitud del rally puede medirse observando la velocidad con la que avanzó el índice. Al KOSPI le tomó 18 años pasar de 1.000 a 2.000 puntos y otros 13 años alcanzar los 3.000. Sin embargo, apenas necesitó algunos meses para avanzar desde los 5.000 hasta superar la barrera de los 8.000 puntos. Para bancos internacionales como Morgan Stanley, JP Morgan, Goldman Sachs, Citi y Nomura, incluso existe margen para nuevas subas, con proyecciones que en algunos casos ubican al índice cerca de los 10.000 puntos.
La explicación más inmediata parece sencilla: inteligencia artificial. Sin embargo, detrás del fenómeno hay mucho más que una moda tecnológica.
Si existe un sector que explica buena parte de la euforia bursátil coreana es el de los semiconductores. Samsung Electronics y SK Hynix se transformaron en dos de las compañías más beneficiadas por la explosión de la demanda global de chips vinculados al desarrollo de inteligencia artificial. Ambas ingresaron al exclusivo grupo de empresas valuadas en más de un billón de dólares y juntas representan más de la mitad de toda la capitalización bursátil del mercado coreano.
Samsung es uno de los principales fabricantes mundiales de memorias RAM, sensores, chips para dispositivos móviles y componentes avanzados para centros de datos. Al mismo tiempo, compite directamente con gigantes como TSMC en algunos segmentos estratégicos de la industria. SK Hynix, por su parte, se especializa en memorias de alto rendimiento, un componente esencial para el entrenamiento y funcionamiento de los modelos de inteligencia artificial generativa.
La fiebre por los semiconductores se refleja en las cifras globales. Durante 2026, el índice mundial de empresas de chips avanzó cerca de 92%, superando incluso al desempeño de índices específicamente vinculados a inteligencia artificial o tecnología 5G. Para muchos inversores, la forma más rentable de capturar el crecimiento de la IA no ha sido apostar directamente por las plataformas de software, sino por quienes fabrican la infraestructura física que hace posible esa revolución tecnológica.
Pero aunque los semiconductores explican buena parte del rally, no explican todo y por eso necesitábamos llegar a Corea del Sur para saberlo.
Durante décadas, Corea del Sur convivió con una contradicción difícil de entender para muchos inversores internacionales. El país contaba con algunas de las empresas más competitivas del mundo, líderes en electrónica, automóviles, construcción naval, baterías y tecnología. Sin embargo, sus acciones cotizaban sistemáticamente con descuento frente a compañías comparables de Estados Unidos, Europa o Japón.
Ese fenómeno recibió un nombre propio: Korea Discount. Las razones eran múltiples. Los grandes conglomerados familiares, conocidos como chaebols, mantenían estructuras accionarias complejas y altamente concentradas. Los dividendos pagados a los accionistas eran relativamente bajos. Las recompras de acciones eran poco frecuentes y los derechos de los accionistas minoritarios estaban menos protegidos que en otros mercados desarrollados.
Como consecuencia, los inversores exigían una prima de riesgo adicional para invertir en Corea, reduciendo las valuaciones bursátiles de muchas compañías.
La llegada del presidente Lee Jae-myung marcó un punto de inflexión. Su administración convirtió la reforma del mercado de capitales en una prioridad nacional y comenzó a hablar de un nuevo objetivo: reemplazar el Korea Discount por un Korea Premium.
La Comisión de Servicios Financieros (FSC) impulsó una batería de reformas destinadas a modificar de manera estructural el funcionamiento del mercado.
Entre las medidas más relevantes se encuentra la introducción del principio de "one strike out" para la manipulación de mercado, endureciendo significativamente las sanciones contra prácticas abusivas.
También se modificó la Ley Comercial para ampliar los deberes fiduciarios de los directores corporativos, que ya no deben responder únicamente a los intereses de la empresa sino también a los de todos los accionistas.
Otra medida clave fue la obligación de cancelar de manera permanente las acciones recompradas por las compañías cotizantes. En muchos mercados desarrollados, las recompras son utilizadas para incrementar el beneficio por acción y mejorar la rentabilidad para los inversores. Corea busca que esa práctica se convierta en una herramienta habitual de creación de valor.
Las reformas también fortalecieron los derechos de los accionistas minoritarios, promovieron una mayor independencia de los órganos de control corporativo y fomentaron estándares de gobierno corporativo más cercanos a los observados en Estados Unidos o Japón.
El corazón de esta transformación es el programa Corporate Value-Up. Inspirado parcialmente en iniciativas implementadas por Japón para mejorar las valuaciones corporativas, el programa busca incentivar a las compañías a aumentar la rentabilidad sobre el capital, mejorar la eficiencia operativa, fortalecer el gobierno corporativo y elevar los retornos para los accionistas.
Más de 730 empresas ya presentaron planes formales de creación de valor, representando más del 80% de la capitalización bursátil del mercado coreano. Con esta modificación, los dividendos corporativos alcanzaron máximos históricos. Las recompras y cancelaciones de acciones también registraron niveles récord. Los múltiplos de valuación comenzaron a expandirse y los inversores internacionales volvieron a mirar a Corea como una oportunidad de largo plazo.
Pero hay un cambio cultural que sigue impregnado en la memoria de los coreanos. Históricamente, el ahorro de los hogares coreanos estuvo concentrado en el sector inmobiliario, pero lo que buscó el Gobierno fue redirigir esos recursos hacia otros sectores de alto valor agregado como inteligencia artificial, semiconductores, defensa, infraestructura tecnológica y venture capital.
Paralelamente, se implementaron medidas para facilitar el acceso al crédito de sectores vulnerables, reestructurar deudas de hogares, combatir delitos financieros, asistir a pequeñas empresas y promover nuevos instrumentos de ahorro e inversión para los ciudadanos.
La herramienta más importante dentro de este esquema es el Fondo Nacional de Crecimiento, creado con recursos por 150 billones de wones para financiar proyectos estratégicos durante las próximas dos décadas. La iniciativa busca algo más ambicioso que impulsar el crecimiento económico: pretende transformar la estructura del ahorro nacional y convertir al mercado de capitales en uno de los principales motores del desarrollo del país.
A diferencia de otros mercados donde el protagonismo suele recaer sobre fondos institucionales, en Corea los inversores minoristas tienen un papel central en el mercado de capitales.
"Los inversores retail son muy importantes. La liquidez suele dirigirse hacia los sectores más relevantes para el crecimiento económico", explicó una analista de research de Mirae Asset durante una presentación ante periodistas internacionales. La especialista destacó además que la educación financiera forma parte del proceso educativo desde edades tempranas y que la inversión en ETF se convirtió en una de las herramientas preferidas por los ahorristas locales.
"Los coreanos son muy apasionados. La mayoría invierte a largo plazo y gran parte utiliza ETF. Ese enfoque es positivo para la estabilidad del mercado y de la economía", señaló en diálogo con Ámbito.
Mirae Asset es una de las compañías clave del mercado local coreano que tuve la oportunidad de visitar. Fue fundada en 1997 en plena crisis asiática y hoy es uno de los mayores grupos financieros de Asia. Actualmente administra más de u$s613.800 millones en activos, posee u$s137.300 millones en ETF, opera en 19 mercados internacionales y emplea a más de 16.000 personas.
Además de ser uno de los principales administradores de fondos de Corea, la firma fue pionera en promover la inversión financiera en un país donde históricamente gran parte del patrimonio de las familias se encontraba concentrado en inmuebles y depósitos bancarios. Hoy, Mirae Asset es uno de los principales actores detrás del desarrollo del ecosistema de ETF y de la expansión de la inversión internacional entre los ahorristas coreanos.
La historia reciente de Corea del Sur demuestra que el auge de la inteligencia artificial y los semiconductores explica apenas una parte del fenómeno. El verdadero cambio parece estar ocurriendo en la forma en que el país entiende la relación entre ahorro, inversión y mercado de capitales.
Este gran cambio de paradigma en el mercado de capitales local, al mismo tiempo, convive con un won coreano (KRW) que muestra una importante contradicción: mientras la bolsa sigue en máximos históricos, la moneda es débil frente al dólar. Algunas de las razones estuvieron vinculadas a la suba de tasas de la Fed y a la desaceleración de la economía china, íntimamente vinculada a la coreana por ser su principal socio comercial. Sin embargo, cuando se mantienen conversaciones con analistas de research coreanos, no muestran preocupación por la moneda porque Corea es principalmente una economía exportadora. Cuando el won se debilita, los ingresos en dólares valen más al convertirlos en moneda local y eso mejora la competitividad de las exportaciones.
En síntesis, después de décadas en las que el Korea Discount fue un problema estructural, Corea intenta convencer a los inversores globales de que está ingresando en una nueva etapa.
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