Redondos y Grateful Dead: dos vidas, dos caminos opuestos
Con la muerte del Indio Solari, uno de los líderes de la mítica banda Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, aflora una vez más un fenómeno social y cultural único y singular. Un movimiento muy profundo que asoma por los márgenes de los grandes centros urbanos de Argentina.
Los seguidores de la banda, los ricoteros, conforman un colectivo, una multitud de carácter cuasireligioso muy atrayente para el estudio antropológico, sociológico y, por qué no, teológico.
Si hay un fenómeno que es asimilable al de los Redondos, es el de los Grateful Dead en Estados Unidos. La banda de rock-folk psicodélico se creó en Palo Alto, California, a mediados de los años 1960. Bob Weir, Jerry García, Ron McKernan, Phil Lesh y Bill Kreutzmann dieron forma finalmente a la banda al tiempo que participaban en sesiones de experimentación con LSD bajo la influencia de Ken Kesey. Bien, California en tiempos de la Guerra de Vietnam.
De un par de hippies músicos, Bob Weir y Jerry García, que se cruzaron en Palo Alto a un movimiento global por la preservación de Internet como un espacio de autonomía individual. Colosal"
El lugar de nacimiento marcó desde el comienzo las características y la proyección de una corriente más amplia que excedió al grupo mismo. Palo Alto era también la sede de un núcleo de grandes intelectuales que no formaron parte del mainstream del mundillo universitario, como Gregory Bateson, Paul Watzlawick o Erving Goffman.
Los Grateful Dead fueron uno de los referentes de esta contracultura californiana de los años 1960 junto a Jefferson Airplane y Janis Joplin, que se codeaba con beatniks, poetas, científicos y tecnólogos varios.
Al igual que muchas bandas contraculturales, generaron una comunidad de trabajo que sumó escritores, artistas plásticos y pensadores poco convencionales agrupados en torno a la Bay Area: San Francisco, Berkeley, Emeryville, Stanford, Oakland, San José y Palo Alto. Aquello que luego albergaría el polo de desarrollo digital que se llamaría comúnmente Silicon Valley.
La interacción de estas bandas con figuras como Howard Rheingold, Stewart Brand y Steve Wozniak generó un estallido de creatividad que fue aprovechado por la incipiente experimentación en lo digital y la informática. Steve Jobs se nutrió de toda esa ebullición para fundar Apple en 1976, en compañía de Wozniak.
Los Grateful Dead pronto generaron un grupo de seguidores que se volvieron fanáticos de la banda. Se denominaron Deadheads. Seguían a la banda por California y, cuando se expandieron a otras regiones de Estados Unidos, los siguieron por detrás. Su atracción se limitó centralmente al país. Por ejemplo, al no tener una discográfica que los distribuyera masivamente en Argentina, su conocimiento se focalizó en rockeros y luego en hackers, cultores y pensadores de las culturas alternativa y digital.
The Dead, como se le decía a la banda, se destacó por tener letristas que no eran músicos del grupo. Entre ellos estaban Robert Hunter y John Perry Barlow. Barlow, dado sus vínculos con ese entorno digital de la Bay Area, a comienzos de los años 1990 organizó su propio espacio: la Electronic Frontier Foundation.
Fue desde allí que, desafiando la Telecommunications Act promovida por el presidente Bill Clinton, lanzó en Davos en 1996 su Declaración de Independencia del Ciberespacio, una defensa libertaria del uso individual de Internet ante el avance, control y posible manipulación por parte del gobierno estadounidense.
De un par de hippies músicos, Bob Weir y Jerry García, que se cruzaron en Palo Alto a un movimiento global por la preservación de Internet como un espacio de autonomía individual. Colosal.
Hagamos ahora la relación con Los Redondos. Aquello que sería luego la banda mítica argentina tuvo su origen en La Plata en 1976. Un grupo difuso de músicos como Bernardo Rubaja, los hermanos Basilio y Ricky Rodrigo, junto al guitarrista Skay Beilinson, empezaron a tocar en garages y sótanos.
1976 fue un año duro. Comienzo de la dictadura militar. Tocar rock no era precisamente la mejor credencial que ofrecer ante un oficial de las fuerzas armadas argentinas. A ellos se sumó un artesano, Carlos Alberto Solari, luego El Indio, acercado por Guillermo Beilinson, hermano de Skay. Pronto Skay y Solari descubrieron que tenían buena dinámica para componer canciones: Skay la música y Solari las letras.
El grupo fue creciendo de modo anárquico y con ese espíritu comunitario y contracultural propio de California. A comienzos de los años 1980 se acercaron a Luca Prodan, a la artista Marcia Schvartz, a la actriz Vivi Tellas, al luego ilustrador de las tapas de los discos Ricardo “Rocambole” Cohen y al periodista Enrique Symns. Los conciertos eran performances contraculturales que recorrían el underground porteño. La Plata había quedado chica.
En algún momento, a comienzos de los años 1990, ya con discos editados que les garantizaban mayor difusión, hubo un click. De ser un grupo cultural, Los Redondos pasaron a atraer progresivamente un público cada vez más proveniente de los márgenes de la sociedad urbana.
Los conciertos eran performances contraculturales que recorrían el underground porteño. La Plata había quedado chica"
Los recitales autogestionados de la banda, la dinámica independiente en la edición de los CDs y la negativa de la banda a transigir con el mainstream de las radios y los canales de televisión les generaron un aura singular. Sus seguidores incondicionales se multiplicaron y pasaron a conformar una de las grandes tribus e identidades rockeras: los ricoteros.
En 2001 se produjo la disolución de la banda producto de diferencias irreconciliables entre sus dos líderes, el Indio Solari y Skay Beilinson. Quien se quedó con el enorme grueso de los ricoteros fue el Indio. Skay prefirió el perfil bajo de allí en más.
El Indio estimuló y promovió la comunidad ricotera que derivó en una multitud con una identidad con principios cuasireligiosos. El Indio se convirtió así en un chamán que lideraba un público crecientemente marginal. Su adscripción al kirchnerismo lo convirtió en uno de sus grandes referentes culturales. Eso le imprimió un perfil partidista a su liderazgo.
Aquella comunidad psicodélica californiana se expandieron de modo indirecto y global para preservar la autonomía de Internet frente a las presiones de los gobiernos, el Indio Solari guió a sus ricoteros en un movimiento centrípeto, limitado a las periferias"
El movimiento contracultural que se originó en La Plata en el contexto de la brutal represión de una dictadura militar derivó en el liderazgo de una multitud de desangelados, como decía el Indio.
Mientras que las derivaciones de aquella comunidad psicodélica californiana se expandieron de modo indirecto y global para preservar la autonomía de Internet frente a las presiones de los gobiernos, el Indio Solari guió a sus ricoteros en un movimiento centrípeto, limitado a las periferias de las urbes argentinas y con una marcada partidización.
El Indio Solari se convirtió así en un profeta o un maestro espiritual sobre una gran multitud que lo siguió de modo incondicional hasta su final y más allá"
Dos comunidades contraculturales en dos contextos muy diferentes resultaron en derroteros también marcadamente dispares.
El Indio Solari se convirtió así en un profeta o un maestro espiritual sobre una gran multitud que lo siguió de modo incondicional hasta su final y más allá. Curiosamente, esta presencia religiosa también impregnó a la multitud que conformó al mundo Apple. Al morir Steve Jobs en 2011, los usuarios de Mac y los seguidores del empresario digital desfilaron por las Apple Store para encender o depositar velas y mensajes. Los ideales religiosos se asomaron tanto en lo hipertecnologizado como en un barrio marginal del tercer cordón del Gran Buenos Aires.
California y el Gran Buenos Aires. Dos caminos con lógicas asimilables, aunque con despliegues muy diferentes. Una pequeña muestra de Estados Unidos y Argentina en los últimos sesenta años.