La fe de los argentinos se transforma: menos católicos, más evangélicos
La presencia inédita de evangélicos en el Congreso, el vínculo de Javier Milei con el judaísmo o las idas y vueltas entre La Libertad Avanza y el Papa Francisco son solo algunos ejemplos de cómo lo religioso aparece una y otra vez en el debate político nacional. Ahora, la posible visita del Papa León XIV volvió a instalar el tema de todo lo que pueden movilizar las instituciones religiosas como usinas de poder. Esta centralidad coincide con un momento en que la fe de los argentinos atraviesa una profunda reconfiguración. Según el último informe del Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR), en el país se produjo un quiebre de la hegemonía católica al mismo tiempo que crecieron dos segmentos: los evangélicos y la población sin filiación religiosa.
El trabajo se titula "Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina 2026”, desarrollado con base en la Universidad de Buenos Aires. El estudio, que fue llevado adelante por los investigadores Juan Cruz Esquivel, Mariela Mosqueira, Gabriela Irrazábal y Marcos Carbonelli, tuvo como objetivo generar información rigurosa sobre un tema del que hay poca información cuantitativa.
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La última vez que se incluyó en el Censo Nacional una pregunta sobre pertenencia religiosa fue en 1960. “En ese momento los católicos eran el 90% de la población y ese porcentaje ahora bajó al 57,7%”, dijo a PERFIL Carbonelli.
La tendencia ya había sido advertida por las dos encuestas nacionales de creencias realizadas por el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL). La primera se hizo en 2008 y la segunda en 2019 y, desde entonces, no había una actualización local de los datos.
Según el informe, aunque el catolicismo continúa siendo la creencia mayoritaria, evidencia un retroceso significativo. Sin embargo, a Carbonelli lo sorprendió más otro dato. “A mí me llama la atención cómo se acentúa el proceso de individuación y, fundamentalmente, el crecimiento de quienes no tienen una identificación religiosa. Es la segunda grupalidad detrás del catolicismo, algo que en la región sucede en Chile, pero no en Brasil, donde ese lugar lo ocupan los evangélicos”, explicó.
El 13,2% de los encuestados respondió que no tiene ninguna religión; el 4,8% se definió como agnóstico; y el 4,4% como ateo. En total, estas categorías suman el 22,4% del total.
“Son quienes no se identifican con ninguna comunidad religiosa, aunque no significa que no tengan creencias”, aclaró el investigador. Por debajo de este grupo aparecen los evangélicos, consolidados como la segunda identidad religiosa organizada del país con una representación del 17,7% de los habitantes.
Y es este uno de los fenómenos que apareció con más recurrencia en el debate político del último tiempo. De la mano de La Libertad Avanza ingresaron al Congreso doce legisladores evangélicos, un número nunca antes visto. Se trata de un segmento al que Javier Milei le envía guiños permanentes. Hay quienes, además, se entusiasman con la posibilidad de que en 2027 haya un candidato presidencial evangélico y comenzaron a trabajar en esa hipótesis con la construcción de personajes como Dante Gebel.
Por eso hay que prestar atención a la cómo la hegemonía católica se está fragmentando. "Esta erosión tiene dos puntos de salida: uno caliente y otro frío. La salida caliente es la migración del catolicismo al mundo evangélico, o sea, son quienes deciden cambiar a una versión más renovada o mágica del cristianismo. Y la salida fría es la de aquellos que van hacia la desinstitucionalización”, contó Carbonelli.
Con mucha menos incidencia en el mapa de creencias aparecen otras religiones. El 05,% corresponde a los ‘Testigo de Jehová/Mormón’; el 0,5% en ‘Umbanda/Africanista’; el 0,3% en “Islam/Musulmana”; el 0,2% en “Judía”; y, por último, el 1% en “Otra”.
El judaísmo, a pesar de estar muy presente en la conversación pública, representa un porcentaje muy pequeño. "Lo que sucede con la comunidad judía es que hay una especie de sobre representación mediática frente a la cuestión demográfica. Se genera como una distorsión cognitiva que hace pensar que la comunidad es mucho más grande de lo que realmente es. Además, como el grueso está en Buenos Aires tienen una visibilidad muy alta", explicó Carbonelli.
La reconfiguración del mapa de creencias no es uniforme, sino que está atravesada por una fractura generacional que puede anticipar cambios estructurales a futuro. Mientras que entre los adultos mayores de 50 años el catolicismo conserva una posición dominante del 69%, esta cifra desciende al 44,6% en los jóvenes de 16 a 29 años.
En este último grupo, la ausencia de filiación religiosa trepa al 31% y las opciones evangélicas alcanzan su pico con un 23,6%, lo que sugiere un proceso de reemplazo generacional en el que los más chicos impulsan la diversificación del campo de las creencias.
Por otro lado, los sectores con menor nivel educativo presentan una mayor adhesión a los espacios evangélicos (22,5%), donde estas instituciones suelen operar como redes fundamentales de contención social, comunitaria y material. En contraste, la población sin filiación religiosa es más numerosa en los niveles educativos medio y alto, superando el 27% en ambos casos, lo que se vincula con procesos de mayor autonomía cultural, según describe el estudio.
En términos de género y territorio, el informe confirma el patrón de feminización de la religiosidad, ya que las mujeres mantienen una vinculación institucional más estrecha, especialmente dentro de las iglesias evangélicas (19,3% frente al 15,2% de los hombres).
En términos geográficos, el catolicismo mantiene su mayor peso en el interior del país (59,4%), mientras que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se posiciona como el epicentro de la pluralidad, concentrando el porcentaje más alto de personas sin filiación religiosa (26,1%).
Los investigadores hicieron hincapié en el fenómeno de la desinstitucionalización de las creencias, resumida con la idea de "creer sin pertenecer". Muchos de quienes declaran no tener una religión formal mantienen, no obstante, prácticas y creencias desvinculadas de las estructuras tradicionales.
El informe describe a una sociedad argentina que se encamina hacia un horizonte religioso cada vez más plural, fragmentado y diverso, donde las instituciones ya no poseen el monopolio sobre el sentido de lo sagrado.
Carbonelli sostuvo que la caída de fieles católicos es un fenómeno que se extiende en Europa y América Latina. En el censo de Brasil de 2022, por ejemplo, se advierte que el 56,7% de la población era católica. En el de Chile de 2024 la cifra fue del 54%. Se trata de porcentajes similares a los de Argentina.
Como contracara de los datos, en el último tiempo comenzaron a aparecer influencers y testimonios de jóvenes que hablan del “regreso” al catolicismo. El show de música electrónica del sacerdote portugués Guilherme en Plaza de Mayo alimentó la idea de que puede estar sucediendo una renovación.
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“Mi hipótesis es que asistimos a una reacción identitaria de minorías intensas. Como si fuera un gesto estético frente al cambio demográfico que estamos viendo”, reflexionó Carbonelli.
La llegada de Francisco al Vaticano en 2013 también había sido interpretada como un intento por contener fieles: latinoamericano, descontracturado y dispuesto a hablarle a los más jóvenes. Sin embargo, “si se mira lo que pasó durante su papado, con los números de la encuesta del Conicet, por ejemplo, uno podría decir que no logró crear un dique de contención en la región”, subrayó el experto.
El fallecimiento de Francisco cerró una época en la que el Vaticano intentó, sin éxito, contener la pérdida de fieles. De cara al futuro, el escenario que se abre para la Iglesia local es complejo: el nuevo mapa de la fe argentina se encamina hacia la fragmentación, lejos de los dogmas tradicionales y con una influencia institucional cada vez más atomizada.