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clarin.com · hace 5 horas · Clarin.com - Home

La misa ricotera paralizó la cámara de eco libertaria

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Milei tiene una comunicación endógena: solo le habla a su cámara de eco, a la que promueve desde sus cuentas en redes sociales con retuits, likes, comentarios y posteos compartidos. En la militancia digital libertaria se libra a diario una competencia por ser premiado con alguna de estas acciones presidenciales. La cucarda digital en forma de historia de Instagram; el reconocimiento en el ícono de un "me gusta".

Es ahí donde más se advierte el fenómeno. Basta con asomarse a ese laberinto de espejos para ver multiplicadas al infinito sus fotos en diferentes formatos: imágenes reales, retocadas, ilustradas o generadas por Inteligencia Artificial por sus seguidores; decenas de cuentas anónimas o “noticias” de portales del ecosistema libertario que pueden repetirse hasta cinco veces en un día.

En ese recorrido tienen un lugar destacado las hipérboles que siempre hablan de un presidente histórico, un líder mundial y logros inéditos. En ese mundo no hay lugar para la duda. Solo importa alimentar al núcleo duro, darle material y hacer que se sienta parte de la batalla cultural. No se busca convencer porque ya están todos convencidos y pareciera que con eso alcanza. El único objetivo es la confirmación para que una comunidad hiperactiva replique.

Hasta no hace mucho tiempo, la comunicación política tenía como objetivo persuadir en la búsqueda de ampliar los electorados, hoy eso se reemplazó por el reforzamiento de una comunidad propia cuyos miembros sólo hablan entre sí. Persuadir implicaba conocer a quiénes dudan o se acercan sin una decisión tomada. Es muy diferente argumentar para convencer que arengar para reforzar ideas compartidas. ¿Es tiempo de analizar el correlato social que puede tener esta forma de establecer el vínculo entre representantes y representados?

Es preciso también, pensar en el efecto que tiene en el emisor esta vida mileísta online: ¿La decisión de hablar sólo a los propios deja aislado a quien la propone?

Vivir en la cámara de eco digital tiene problemas para cualquier mortal, no solo porque encierra al usuario en un campo de iguales, sino también porque el sesgo elogioso de los algoritmos puede convencer a cualquiera de ser lo que no es, evitar la reflexión o hacernos sentir brillantes cuando Gemini o ChatGPT nos dicen que nuestro texto es fantástico. El problema se acentúa en alguien con responsabilidad pública.

Quizás por esto, el Presidente de las decenas de posteos diarios no dijo una sola palabra sobre la espontánea, multitudinaria, pacífica e inédita movilización popular para despedir al Indio Solari. ¿Qué le habrá generado? ¿Habrá leído las cosas que escribían sus seguidores y, al encender la televisión, se habrá quedado sin palabras? ¿Qué habrá pensado al ver las imágenes de una fila de 90 cuadras, sin vallas ni cortes de calle?

Era conmovedor ver a miles de personas ordenadas a lo largo de una avenida sin que nadie las acomodara con una orden o un bastonazo. Tres y hasta cuatro generaciones de peregrinos caminando hacia el Dios de los rotos, como le dijo una chica entre lágrimas a un periodista.

Este fin de semana de televisión en vivo desde Parque Leloir, la Plaza de Mayo, el Obelisco o Villa Domínico rompió la burbuja digital libertaria. Demostró que el cuerpo social argentino es un mosaico complejo y de una riqueza que proviene de su historia. Que hay vida más allá de los streamings de funcionarios y que la representación sigue siendo una cuestión de cercanía, donde se juega lo táctil del abrazo al desconocido, dónde se pone en juego la calidad humana de la solidaridad, dónde se habita el espacio público en diversidad y se debe compartir el dolor con una sonrisa.

Fueron dos días en los que los medios tradicionales de comunicación le permitieron asomarse a un mundo que ignora, al que desprecia, y al que le importó muy poco su decisión de no abrir la casa del pueblo para despedir a su único héroe en este lío.

*Dirige la consultora de comunicación Zonda. Trabaja en comunicación política. Publicó Fusco, el fotógrafo de Perón y Ahora Alfonsín. Historia íntima de la campaña electoral que cambió la Argentina para siempre (en coautoría con Rodrigo Estévez Andrade).

Matías Méndez

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