Virgencita descarta la alternativa del peronismo
Escribe Oberdán Rocamora, redactor estrella, especial para JorgeAsisDigital.com.
Luis Toto Caputo, Virgencita, es un ministro de fe, ideal para dirigir la economía disparatada del Gobierno de Consultores que preside Javier, El Tertuliano.
Hasta diez minutos antes del juramento, Toto condujo la Consultora Anker Latinoamericana, en sociedad financiera con su amigo Santiago Bausili, hoy titular del Banco Central que en campaña Javier prometió destruir. Fue cuando presumía transformarse en el topo que llegaba para aniquilar el Estado desde adentro.
A casi tres años del discurso solemnemente disruptivo de espaldas al parlamento, el derrumbe del Central fue suplantado por los créditos oficiales del Banco Nación que audita la señora Karina, La Guantanamera, a través de Darío Wasserman, cónyuge de la señora Pilar Ramírez y probable compañera de fórmula de Jorge Macri, el Primo —que era— Pobre, en el combate que se viene por lo único que interesa al apasionamiento de PRO.
La secta de Los Caputo contiene numerosas ramas que se desarrollan en la derecha vernácula. Versión tierna de Cambiemos, o versión salvaje de Milei. Afuera, por ahora, la derecha católica de la señora Victoria Villarruel, La Cayetana (siempre por Álvarez de Toledo).
Toto es primo de Nicky, Amigo de la Vida de Mauricio, el Ángel Exterminador. Es tío de Santiago, el Neo Giacomini, valor estelar de la consultora Move Group, de Los Jaimitos, que elevaron oportunamente la receta del outsider.
Primero se la presentaron al eminente Facundo Manes, Cisura de Rolando, un científico romántico de Salto que se llevaba todo por delante, se especializaba en los ritos del cerebro y adhería a la supuesta reformulación del discurso radical de Raúl Alfonsín, el Providencial.
Como gran torero distraído, Facundo la dejó pasar, con elegancia. Pero pronto el Tertuliano le puso el cuerpo, la imaginación y la garra a las recomendaciones y las hizo suyas, de creación propia, le costó escaso esfuerzo porque solía destacarse como un meticuloso activista del culto del plagio. Un arte. Para algarabía de los estadistas de Move. Rodrigo Lugones en Madrid, del prodigioso Santiaguito en Buenos Aires.
Lo importante es que Javier desparrama que conquistó la presidencia merced a la concepción visionaria del consultor sin cargo ni firma que consolida el unánime prestigio de Mago.
Se embarcan entonces en la batalla cultural desde el ejército vanguardista de las Fuerzas del Cielo, a través de ingeniosos tuiteros disruptivos que se dejan instruir por el Mago que los adiestra para combatir al menemismo pragmático de los territoriales de la Guantanamera, acompañada de los otros primos, Los Menem, Eduardo (Lule) y Martín, puntales vinculados al legendario senador Eduardo Menem, El Hermanísimo. Lule por haber sido un discreto asesor de perfil invisible. Martín por el privilegio natural de ser hijo.
Pero justamente cuando los celestiales creyeron que la puja era contra los territoriales de La Guantanamera y los Primos Menem, descubrieron que la señora Patricia, la Montonera del Bien, una inquietante recién llegada, les había crecido demasiado. Más, al menos, de lo aceptable. Al extremo de tomar cierta distancia de Javier.
Primero se lució con el apriete público que le propinó a Manuel Adorni, el Premier, por procrastinar sospechosamente la declaración jurada. Después se atrevió a objetar a Javier con el pretexto de la “conciencia moral”. Por el escandaloso papelón del rechazo del pliego para jueza de la doctora Michelli. Por la culpa de ser cuñada del colega que suele obstinarse con la lista extensa de funcionarios cargados.
En la plenitud del delirio, Virgencita proclama que la gestión del presidente Milei es extraordinariamente revolucionaria. En principio, porque pudo despanzurrar la inflación legada como herencia de Alberto, El Poeta Impopular. En simultáneo es también eficaz por haber rescatado a 15 millones de argentinos de la pobreza (y a tres millones de la indigencia).
Aparte hay más. El Tertuliano se reinventó como sorprendente líder de extrema derecha de atracción internacional. Con la proeza de administrar el inmenso poderío desde las redes sociales. Creó un admirable polo de poder desde el panel de Intratables para gestionar después "el mejor Gobierno de la historia" desde X, ex Twitter. Sin contar aún con los datos positivos de la macroeconomía que Virgencita recita de memoria. O con el mérito de haber juntado para el Banco Central (que iba a ser aniquilado) los diez mil millones de dólares para reservas comprometidos con el Fondo.
Sin embargo, por más que Virgencita invente ventajas con las gangas de los RIGIs, a los inversores míticos les cuesta ponerla. Porque le picaron, en efecto, el boleto. Para incentivarlos a que pongan los crocantes, Toto se empecina en transmitir confianza. Suplica a las vírgenes que tienen cerca para que los inversores no efectúen sólo anuncios. Que la pongan.
Estampitas o medallas. Categorías místicas que elevan a las vírgenes por la capacidad de realizar milagros inconmensurables. En discursos elementales ante empresarios que toman distancias mientras lo atienden, Toto les asegura que Axel Kicillof, el Gótico, “nunca va a ser el presidente de Argentina”. Como si les dijera: “Dejen de demorar porque el peronismo no vuelve más”.
Aseveración que cuesta transmitir mientras transcurre la conmoción fenomenal del dolor popular por la muerte del Indio Solari, “un artista peronista” que generó una procesión de millones de ricoteros predispuestos a explicitar que el peronismo todavía funciona. “Conmueve, moviliza y —por si no bastara— emociona”.
Pese a las certezas que plantea Virgencita, no se generan los asientos contables que expresen el ablandamiento arrepentido de los inversores fascinados por las gangas de los RIGIs. Pero los picadores de boletos se encuentran inútilmente aterrados por el crecimiento de La Doctora en las mediciones. Con la tobillera puesta La Doctora supera, inconcebiblemente, al Tertuliano.
Se entiende la idea del peronismo como alternativa racional y no sólo porque se demore la acción simple de los inversores míticos de ponerla. Se atraviesa el tercer año de Gobierno libertario y aún no aparecen los crocantes para apaciguar la impaciencia por el descenso desgarrado de la credibilidad.
Pero Virgencita, como auténtico ministro de fe, se aferra a las vírgenes para insistir que el populismo está acabado. Perfora como puede la postulación de Axel, el transparente que gobierna la Provincia del Pecado, mientras expone de manera práctica el oxímoron de la decencia en el peronismo que celebran, desde la exclusiva oralidad, los pecadores seriales que manotean las cajas pero lo escogen, en efecto, como líder, o próximo presidente posible, en una antítesis cultural de Milei, como lo es —sin ir más lejos— Sergio Uñac, Gerente de Banco, un gestor normal y exactamente de la misma marca astrológica china del Tertuliano.