El despertar nacional de África
Muchos piensan que el futuro del poder mundial se ha desplazado hacia Asia, por su dinamismo económico e innovativo, pero pocos están viendo el futuro de África y no notan su despertar nacional y anticolonial; sus líderes aprendieron a valorar y a defender sus soberanías, lo que provoca entusiasmo colectivo en su población, con renovada esperanza de un mundo mejor, manifestado en un vertiginoso boom demográfico.
El avance de África es innegable y lo será aún más, debido a la potencialidad de su demografía y a la decisión estratégica de “querer ser”.
El factor demográfico de África será determinante en el equilibrio de poder mundial. Tamaño, alta tasa de crecimiento, y estructura etaria juvenil de su población (el llamado bono demográfico) definirán su potencial económico, y su fortaleza militar en el escenario internacional. El boom poblacional permitiría acelerar el crecimiento económico y mejorar el bienestar social, porque la población en edad de trabajar (15 a 64 años) crece a un ritmo mayor que la población dependiente (niños y adultos mayores); inversamente, el envejecimiento poblacional frena el crecimiento y exige mayor gasto en pensiones y salud.
Naciones populosas tienen mayor capacidad de resistencia en conflictos y ejércitos más numerosos; aunque la tecnología moderna reduce parcialmente esta relación, tampoco la sustituye (caso Rusia-Ucrania). Los desequilibrios demográficos entre regiones ricas (envejecidas) y regiones pobres (jóvenes) generan flujos migratorios masivos, alterando la seguridad y las identidades nacionales y la política interna de los países receptores (Europa). El lado negativo podría estar en el incremento de tensiones, inestabilidades y hasta cambios de fronteras, por problemas de etnias o de religión.
En África se vive la mayor revolución demográfica y urbana de la historia humana; fenómeno que transformará por completo la geopolítica y la economía del planeta, antes de que termine el siglo XXI. Hacia el 2070, urbes como Lagos (Nigeria), Kinshasa (República Democrática del Congo) y Dar es Salaam (Tanzania) proyectan poblaciones que superarán los 50 millones de habitantes, desplazando a Tokio o NYC como las super-metrópolis actuales. Las ciudades europeas tardaron siglos en absorber a sus poblaciones durante la Revolución Industrial. En África se duplican o triplican en periodos de 15-20 años. Según las Naciones Unidas, la población total de África se duplicará para el año 2070, alcanzando aproximadamente los 3.200 millones de personas, y se concentrará en las ciudades; con un 65% viviendo en zonas urbanas. Equivale a inyectar casi 1.000 millones de nuevos residentes a las redes urbanas en tiempo récord. Un inmenso mercado para numerosos capitales en busca de negocios, semejante al reinicio de China moderna.
Esta aceleración poblacional tiene dos motores: El baby boom africano va en sentido opuesto a las bajas tasas de fertilidad en el resto del mundo, excepto algunos países árabes; llegando hasta 4 hijos por mujer en muchas regiones subsaharianas. África ya es un mundo muy joven. El éxodo rural masivo también es clave; los jóvenes, hiper-informados por las redes, buscan mayor conectividad, empleo, educación y servicios de salud, dado que los entornos agrarios, debilitados por el cambio climático, ya no lo ofrecen.
Esta explosión demográfica atormenta las infraestructuras edilicias, energéticas y logísticas. El crecimiento es tan veloz, que no permite encontrar soluciones rápidas. Resulta difícil a los gobiernos locales construir viviendas formales por lo que han proliferado asentamientos informales o “slums”; zonas donde el acceso al agua potable, cloacas, y recolección de residuos se convierten en lujos diarios. Hospitales, escuelas y redes de transporte público se encuentran desbordados. Los sistemas eléctricos sufren apagones constantes ante una demanda que se multiplica exponencialmente. El mercado de trabajo formal es incapaz de absorber la gigantesca masa juvenil que llega al mercado cada año, empujando a la población a la economía informal y al comercio ambulante como único medio de subsistencia.
La nación que más ha visualizado anticipadamente este factor desequilibrante de África ha sido China, que se preparó para ello y adoptó una estrategia económica, geopolítica y logística, con África. La combinación de China con África podría ser su ventaja estratégica final frente a EEUU.
China comenzó a incursionar en África hacia finales del siglo XX por la necesidad de materias primas y otros intereses geopolíticos, económicos y diplomáticos. China sigue siendo el principal socio comercial de África desde el 2010, con un intercambio bilateral alcanzó los 280.000 millones de dólares (2023); 52 de los 54 estados africanos comercian más con China que con EEUU. China demanda de África petróleo, cobre, hierro, cobalto, coltán, madera, productos agrícolas, y minerales críticos, tierras raras, que alimentan su industria tecnológica. China ha financiado y construido una inmensa red de infraestructuras; carreteras, puertos, puentes, ferrocarriles, parques industriales, centrales hidroeléctricas y solares y otros proyectos de desarrollo. Concentró su actividad económica en Angola, Nigeria, Congo, Etiopía, Zambia, Kenia y Sudáfrica. Recientemente ha implementado políticas de arancel cero para ciertos productos africanos, compitiendo activamente con la Unión Europea y EEUU. La sinergia China+África será un factor desequilibrante del poder global. La industria china y el gran mercado africano en expansión, se potenciarán mutuamente.
China busca aliados en foros globales (como la ONU) y ha incrementado su presencia logística y militar. Si bien la estrategia china sobre África ha aportado avances en los desarrollos locales, también ha traído fuertes críticas por ciertas sobreexplotaciones y falta de una relación equitativa, lo que ha generado tensiones, aún latentes, pero también porque varios países africanos enfrentan niveles de deuda insostenibles con bancos chinos, lo que genera preocupaciones sobre la dependencia financiera. También han exigido mayor creación de valor local, empleo para jóvenes y transferencia tecnológica en lugar de solo extracción de materias primas
Siguiendo la lógica geopolítica tradicional, China busca proteger rutas comerciales, recursos y presencia económica, más que dominar militarmente. Para ello instaló una base naval defensiva en Yibuti; un apoyo naval para la Armada china en sus misiones de proteger rutas marítimas estratégicas y misiones de paz y antipiratería. Es una base estratégica por estar situada cerca del Estrecho de Bab el-Mandeb, que une los mares Rojo y Arábigo, uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, junto con el estrecho de Ormuz.
El posicionamiento militar de China en África es menor al de otras potencias; porque su estrategia es principalmente económica. En los últimos 20 años, China ha incrementado gradualmente su cooperación militar y la venta de armamento. China ha desplegado fuerzas en Misiones de Paz de la ONU en Sudán del Sur, Mali, Congo, que incluyen ingenieros militares, unidades médicas, tropas de protección. También provee armas a varios países africanos, como drones militares (baratos y sin restricciones de exportación), vehículos blindados, sistemas de defensa aérea, armamento ligero; principalmente a Nigeria, Argelia y Egipto. La relación política de China con los gobiernos africanos es una política de “no interferencia en sus asuntos internos”, por lo que no exige reformas políticas “democráticas”, ni económicas “pro mercado”, lo cual facilita la colaboración mutua. Eso permite mejores relaciones comparadas con las que África tiene con EEUU o Europa.
En el 2070 probablemente los africanos ya no cruzarán el Mediterráneo para emigrar a Europa. Ya estarán instalados allí. Habrán comenzado a cruzar el Atlántico, ya no como esclavos, sino como poderosos empresarios y vendrán a comprar nuestras fértiles tierras, en zonas tal vez despobladas de habitantes, que no quisieron tener hijos o emigraron al mundo desarrollado, que también viejo y cansado se habrá rendido ante el avance de Oriente y los robots fabricados en China.
Argentina no merece ser abandonada a sus miserias, facilismos y saqueo de su patrimonio por los voraces “agentes del caos”. Argentina está cansada de tantas peleas internas, de tanta polarización, de la falta de políticas de Estado, de la falta de planes estratégicos. Argentina necesita renovar su identidad y volver a entusiasmarse con su futuro, como lo fue en épocas pasadas. Argentina tiene todo para ser potente y tener una presencia importante en el mundo. Argentina necesita un nuevo despertar nacional para cambiar este rumbo de decadencia. Ocuparse de su futuro es una decisión de todos los argentinos.