Marcos Novaro: “La tentación del peronismo es convertir el funeral del Indio Solari en otro episodio de regeneración política”
El sociólogo y analista político Marcos Novaro observa el histórico velatorio de Carlos “El Indio” Solari desde una perspectiva distinta de la que dominó gran parte de la conversación pública durante los últimos días. Mientras la atención se concentra en las largas filas para despedir al líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en la proyección de cientos de miles de asistentes y en la conmoción que produjo su muerte, Novaro pone el foco en otro aspecto del fenómeno: la lectura política que distintos actores intentarán construir a partir de esa multitud.
“La tentación del peronismo es convertir el funeral del Indio Solari en otro episodio de regeneración política”, afirmó en diálogo con Infobae.
La frase remite a una tradición particular de la historia argentina. Desde Eva Perón hasta Néstor Kirchner, determinados funerales se transformaron para el peronismo en momentos de reunificación, reconstrucción de liderazgo y relanzamiento político. Para Novaro, la imagen de Axel Kicillof y Máximo Kirchner impulsando juntos la despedida popular del músico invita a pensar en esos antecedentes. También advirtió que el fenómeno ricotero tiene características propias que vuelven más incierto cualquier intento de apropiación partidaria.
Antes de hablar de política, Novaro sostuvo que es necesario comprender la naturaleza del fenómeno que se expresó durante el velatorio.
A su juicio, Solari construyó algo mucho más complejo que una banda de rock exitosa. “El Indio no es solamente un músico, es una persona que creó un culto alrededor de su música y de su imagen”, explicó.
La descripción, según Novaro, no es metafórica. El universo ricotero reúne muchos de los elementos que tradicionalmente se asocian con las religiones: rituales, símbolos compartidos, interpretaciones múltiples de un mismo mensaje, relatos fundacionales, ceremonias colectivas y una comunidad que se reconoce como parte de algo más grande que ella misma.
“Ese culto tenía una serie de claves de interpretación, tenía una biblia, tenía rezos, salmos y toda una serie de imágenes muy fuertes”, sostuvo.
Según su análisis, parte del éxito de Solari radicó en haber construido una experiencia cultural que trascendía ampliamente la música.
“Fue parte de una estrategia muy inteligente del Indio. No solamente era creativo en términos musicales, sino un gran ídolo, que construyó un misterio alrededor suyo”, señaló.
Ese misterio se alimentó durante décadas a través de múltiples canales: las letras enigmáticas, las interpretaciones divergentes, las bandas homenaje, las comunidades de seguidores y la propia lógica de las llamadas “misas ricoteras”.
“La movilización misma es parte del fenómeno musical, cultural y religioso. Tenías que movilizarte en una procesión hasta Olavarría para ver a la banda. Tenías que convivir con otros desconocidos que son del pueblo ricotero”, explicó.
Durante años, miles de seguidores recorrieron cientos de kilómetros para asistir a recitales que se transformaban en experiencias colectivas de varios días. Familias enteras viajaban juntas. Padres e hijos compartían campamentos. Amigos que se conocían desde hacía décadas repetían rituales similares.
“Los jóvenes aprenden de sus padres y los padres participan y se reencuentran con su propia juventud”, resumió. Es que, a diferencia de otras expresiones culturales, el fenómeno logró atravesar generaciones sin perder intensidad.
Por eso Novaro considera insuficientes las explicaciones que reducen el fenómeno a una cuestión musical o política.
“En una procesión a Luján no iba tanta gente como a Olavarría. No tenían el mismo entusiasmo ni se pasaban cuatro días ahí”, afirmó.
La comparación con las peregrinaciones religiosas aparece una y otra vez en su análisis porque, a su juicio, permite comprender mejor la potencia emocional y simbólica que adquirió el universo construido alrededor del Indio.
Y también ayuda a entender por qué la muerte de Solari generó una movilización tan extraordinaria.
“Hoy decían muchos que pasaban ahí hablando: ‘Esta no es la última misa’”, relató. “Hay una pertenencia y una fuerza viva”.
Para Novaro, ese mundo seguirá existiendo mucho después de la desaparición física del músico. “Las bandas van a seguir existiendo, las cientos de bandas que repiten su música y hacen todo el rito de la misa ricotera”, sostuvo.
Es precisamente esa potencia simbólica la que explica, según el sociólogo, el interés que el fenómeno despertó en algunos sectores de la política.
“Después está la pretensión del gobierno de la provincia de Buenos Aires y de esta entente entre Kicillof y Máximo, que se han puesto de acuerdo en tratar de convertir esto en una especie de secuela de la serie de entierros peronistas donde el pueblo peronista se regenera”, afirmó.
La referencia remite a una tradición histórica que Novaro consideró fundamental para entender ciertos movimientos del justicialismo.
“Tenemos una historia de muertos que reviven en el pueblo”, explicó. Es una secuencia que, para Novaro, comienza con Eva Perón.
La muerte de Evita en 1952 ocurrió en un contexto complejo para el gobierno de Juan Domingo Perón, atravesado por dificultades económicas y tensiones políticas crecientes. Sin embargo, el duelo colectivo terminó funcionando como un factor de cohesión. “Ahí aparece un momento de reencuentro”, señaló.
Según su interpretación, el mismo mecanismo volvió a repetirse en distintos momentos de crisis. Ocurrió tras la muerte de Perón en 1974. Y volvió a manifestarse, con consecuencias electorales mucho más visibles, después del fallecimiento de Néstor Kirchner en 2010.
“Hay una historia. Si es tan fuerte, tan recurrente y tan supuestamente aleccionadora, ¿cómo no tratar de aprovecharla? Es difícil resistirse a esa tentación”, sostuvo.
Por eso cree que el acercamiento entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner alrededor del funeral del Indio no puede leerse únicamente como una cuestión organizativa.
“La fuerza de la costumbre pesa. Y además pesa porque estás debilitado, con pocas ideas, poco entusiasmo y todos peleados entre ellos. Entonces cae esto y dicen: ‘Ahora nos unimos’”, explicó.
El peronismo atraviesa una discusión abierta sobre su liderazgo futuro. Cristina Kirchner ya no puede competir electoralmente. Kicillof intenta consolidarse como una referencia nacional. Kirchner busca preservar la centralidad política de La Cámpora. Y distintos gobernadores e intendentes intentan redefinir el equilibrio interno de un espacio que perdió el poder nacional y atraviesa dificultades para construir una propuesta capaz de disputar el centro de la escena que hoy ocupa Javier Milei.
En ese contexto, la aparición de una multitud tan numerosa, movilizada alrededor de una figura que durante los últimos años se identificó públicamente con Cristina Kirchner y con distintas causas progresistas, constituye una tentación evidente.
Pero Novaro se muestra escéptico respecto de las posibilidades de éxito de esa operación. “No es que no hay mucho peronismo ahí. Pero hay mucho peronismo mezclado con un montón de otras cosas”, explicó.
Y agregó una observación especialmente relevante: “Es un peronismo bastante distante de los dirigentes que quieren representarlo”. Ese punto resulta central en su análisis.
Porque la multitud que participa del velatorio comparte experiencias, símbolos y pertenencias comunes. Pero eso no significa que responda automáticamente a una identidad partidaria.
“La multitud que despide al Indio Solari está amalgamada por una cantidad de experiencias. No solamente por la música, sino por las experiencias asociadas con la música”, sostuvo.
Según Novaro, la fuerza de esa comunidad radica precisamente en su ambigüedad y en su capacidad de contener sensibilidades distintas. “Cada quien pudo haber entendido lo que quiso”, explicó al referirse a las letras de Solari. “Es lo mismo que pasa cuando se lee la Biblia”.
Por eso considera que cualquier intento de apropiación política corre el riesgo de simplificar un fenómeno mucho más complejo.
“Si Kicillof quiere ser heredero del culto ricotero, no le va a ir igual de bien que le fue a Cristina en 2011”, afirmó. Y agregó una advertencia: “Repetir esas cosas no suele salir bien”.
Puede incluso ayudar a que algunos sectores del peronismo encuentren una narrativa común.
“Si se dejan de pelear, obviamente va a tener algún efecto. Pero el peronismo tiene problemas mucho más serios y estructurales que solo ponerse de acuerdo Axel Kicillof y Máximo Kirchner”, sostuvo.
La multitud que despide al Indio expresa una experiencia colectiva real, profunda y duradera. Pero no necesariamente una identidad política organizada.
“Hoy lo insultan a Milei, pero muchos pueden haber votado a Milei y pueden volver a votarlo”, señaló.
La comunidad construida alrededor del Indio Solari parece demasiado grande, demasiado heterogénea y demasiado cargada de significados como para ser contenida por una sola fuerza política.
Y allí aparece la paradoja final que, según Novaro, atraviesa toda esta historia.
“La gente se aferra más a este tipo de ídolos porque ya no tiene la Iglesia Católica, ya no le ofrece nada el peronismo. Tanto el peronismo político como el sindical o el territorial tampoco. Pero está el Indio”.
Quizás por eso resulte tan atractiva para algunos dirigentes la posibilidad de apropiarse de esa energía colectiva. Y quizás por eso mismo la operación sea mucho más difícil de lo que imaginan. Porque el fenómeno que intentan representar existe, precisamente, en el vacío que dejaron las instituciones y las identidades políticas que alguna vez cumplieron esa función.