Jueces: en el banquillo, y aplazados
La grieta, que se cuela hasta en la vida cotidiana, y se deja ver tanto en la despedida del Indio Solari como en la ponderación de Messi o Maradona, desaparece por completo en un tema crucial: el funcionamiento de la Justicia. La inédita crisis de legitimidad que la atraviesa coloca a oficialistas y opositores codo a codo, a la hora de emitir un veredicto: la confianza en el sistema judicial argentino obtiene un puntaje de apenas 2,5 en una escala de 1 a 10, siendo 1 ninguna confianza.
¿Lo más notable? Quienes votaron a Javier Milei en el balotaje de 2023 le dieron 2,6 puntos, contra los 2,4 que le asignaron los que se inclinaron entonces por Sergio Massa. Surge de un relevamiento de opinión pública del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA. Los resultados son abrumadores.
El 94% de los entrevistados considera que la administración de justicia es poco o nada eficiente: 57% dice que nada. Para el 89% no es imparcial: 70% opina que favorece mucho a los ricos y poderosos, y un 19%, dice que los favorece algo. La independencia también recibe un aplazo: el 94% los percibe influenciados por el poder político y económico.
No hay pregunta que merezca una respuesta con resultados auspiciosos: un 73,8% entiende que la Justicia empeoró en los últimos años, y un 55,8% cree que funcionará peor en los próximos. Un magro 10% espera que haya algún tipo de mejora.
Hay quienes afirman que, además de ciega, la Justicia es a veces sorda y muda. Según la encuesta de la UBA, para el 77% , es “más blanda” con los políticos que con el ciudadano común. Sólo un 1% cree que los trata de la misma manera, mientras que un abrumador 93% entiende que los poderosos, en la Argentina, tienen impunidad.
Por la causa que sea, la Justicia -y su descrédito- parecen omnipresentes en la realidad cotidiana. “Nunca tendría que haber salido. A Agostina la empezaron a matar hace un montón”, dijo el papá de la nena de 14 años asesinada y descuartizada en Córdoba, en referencia a que, por decisión de un fiscal, su presunto asesino fue liberado en 20 días, el año pasado, después de haber retenido por la fuerza en su casa, atada y amordazada, a una joven que logró escapar.
Uno de los más recientes escándalos que rodean al Gobierno tiene que ver con el rechazo de Milei a firmar el pliego de una jueza, aprobado por el Senado, por la insólita razón de ser cuñada de un periodista cuyas investigaciones molestan al poder, presunción que nadie se molestó en desmentir. En el medio, intercambio de nombres, como si fueran figuritas, para completar vacantes, atendiendo a favores por pagar o apoyos por recibir.
Recién avalado para seguir en su cargo por cinco años más a pesar de haber cumplido ya 75, el juez Carlos Mahiques, padre del actual ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques, propuso que se sancione a los jueces que les dan información a los periodistas. Mahiques padre se molestó con la prensa tiempo atrás cuando trascendió que había festejado su cumpleaños en la mansión de Pilar atribuida a Pablo Toviggino, el investigado tesorero de la AFA.
¿Podría sorprender que el Poder Judicial quedara en el último lugar al evaluar la confianza en las instituciones, con un magro 5%, por debajo de los políticos, el Congreso, los partidos y hasta la Corte Suprema?
El problema es lo que eso implica: si una sociedad no confía en sus jueces es más proclive a violar la ley, a administrar justicia por mano propia; a promover las prácticas corruptas. Para crecer y desarrollarse, es necesaria seguridad jurídica, que garantice a los inversores reglas de juego claras y, valga la redundancia, justas. Si uno de los tres poderes del Estado no funciona como debe, lo que se resiente es la misma democracia. Y cuando esto pasa, el autoritarismo tiene las puertas abiertas para imponerse.
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