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lanacion.com.ar · hace 3 horas · Esteban Ciarlo, Franco Córdoba

La cosecha de pasto también puede ser récord

LA NACION

En la Argentina ganadera, el pasto sigue siendo el recurso forrajero más económico y la base de la competitividad de los sistemas de carne y leche. Sin embargo, existe una brecha significativa entre la producción actual y el potencial que el suelo y el clima pueden ofrecer. Según datos recientes de la asociación Fertilizar, el manejo de la nutrición en las pasturas es una asignatura pendiente para gran parte del sector, con niveles de adopción que contrastan fuertemente con la agricultura de granos.

De acuerdo con el relevamiento de mercado realizado por la entidad, de los 11 millones de hectáreas forrajeras analizadas en las principales cuencas del país, solo un 30% recibe algún tipo de fertilización. Este escenario revela que el 70% de la superficie bajo pastoreo en la región pampeana produce por debajo de sus posibilidades debido a deficiencias nutricionales que restringen el crecimiento.

La encuesta de Fertilizar pone de manifiesto dos realidades muy distintas según el tipo de recurso. Los verdeos son los que traccionan, dentro de este universo, la mayor tecnología: tienen una adopción de la fertilización del 74% y consumen el 60% del volumen total de fertilizantes destinados a cultivos forrajeros, a pesar de representar solo el 40% del área sembrada. El productor entiende que el verdeo es una herramienta de “choque” para obtener volumen rápido de forraje, principalmente en invierno.

En la otra vereda se encuentran las pasturas perennes, donde el nivel de cuidado nutricional cae drásticamente. Solo el 38% de la superficie es fertilizada. Un dato alarmante de la encuesta señala que el 25% de los productores manifiesta nunca fertilizar sus pasturas perennes, y un 50% solo lo hace al momento de la siembra, dejando el cultivo a su suerte durante el resto de su vida útil, que promedia los seis años.

De acuerdo con datos relevados por Fertilizar y los aportados por la investigadora Alejandra Marino, más del 90% de los aproximadamente 6 millones de hectáreas de pastizales naturales del país —que constituyen la base forrajera de la producción ganadera— no reciben fertilización. Solo una pequeña proporción, inferior al 7,5%, incorpora esta práctica de manera ocasional.

El volumen total de fertilizante consumido en las cuencas relevadas asciende a 240.000 toneladas anuales, cifra que se estima alcanza las 250.000 a 260.000 toneladas al proyectar el resto del país. El mercado se divide casi equitativamente entre dos nutrientes críticos: el fósforo (49%) y el nitrógeno (46%). Si bien solo el 20% de los productores declara realizar aplicaciones de fertilizantes nitrogenados, al ser sus dosis más elevadas que la de los fertilizantes fosfatados, esto explica la similitud en los volúmenes totales consumidos.

Con más tecnología puede aumentar la producción

El fósforo es el nutriente fundamental para la persistencia de las leguminosas, como la alfalfa, que a su vez aportan nitrógeno al sistema mediante la fijación biológica. Sin embargo, la encuesta revela que la urea es el fertilizante más utilizado con un 43% del mercado total, consolidándose como la fuente nitrogenada por excelencia para buscar respuestas rápidas en gramíneas. En cuanto a los fosfatados, lideran el DAP (fosfato diamónico) y el MAP (fosfato monoamónico).

Los informes de los módulos demostrativos de Fertilizar (2024-2025) en la cuenca del Salado confirman que la inversión en tecnología se paga con creces. En ensayos bajo pastoreo directo, los tratamientos de fertilización mejorada lograron una producción de 15.750 kg de materia seca (MS) por hectárea, mientras que el testigo sin fertilizar apenas alcanzó los 8784 kg MS/ha. Esto significa que, sin nutrientes, la pastura produjo solo el 56% de su potencial.

Este incremento no solo se traduce en más pasto, sino en forraje de mayor calidad. La fertilización balanceada mejora la digestibilidad, la concentración de proteínas y el valor mineral. Además, permite adelantar el primer pastoreo de fin de invierno hasta en 30 días, un alivio crítico para los sistemas que atraviesan el “bache” forrajero invernal.

El fósforo es el nutriente fundamental para la persistencia de las leguminosas, como la alfalfa, que a su vez aportan nitrógeno al sistema mediante la fijación biológica

En síntesis, se estima que más de 11 millones de hectáreas de recursos forrajeros reciben escasa o nula aplicación de tecnologías de nutrición y no cuentan con una estrategia de fertilización guiada por la aptitud o calidad de los suelos, lo que pone de manifiesto el amplio margen existente para mejorar la productividad de los sistemas ganaderos y fortalecer su sostenibilidad a largo plazo. En este contexto, un punto crítico revelado por la encuesta es el criterio de decisión: si bien las recomendaciones de un asesor técnico aparecen como el principal motor (54%), solo una parte menor de los productores se basa estrictamente en análisis de suelo para definir las dosis, mientras que muchos optan por no fertilizar al considerar que su suelo “tiene suficiente fertilidad”, a menudo sin datos que lo respalden.

La fertilización es, en definitiva, una herramienta estratégica. No se trata solo de aplicar kilos, sino de ajustar la nutrición a un objetivo de producción de carne o leche. Los datos relevados por Fertilizar indican que el potencial de crecimiento es enorme; el desafío para el productor ganadero es dejar de ver al fertilizante como un gasto y empezar a gestionarlo como el insumo clave para transformar la energía solar en kilos de carne de manera eficiente y sustentable.

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