Karina no banca a la Piba
“Otra semana cuesta arriba apagando incendios. Ya vendrá la calma” –reflexionó un libertario acostumbrado a los vaivenes internos–. La foto que el miércoles se hizo pública desde el Gobierno mostraba juntas a Patricia Bullrich y a Karina Milei, un recurso utilizado en otros casos –también por otros gobiernos– en la antesala de rupturas prácticamente anunciadas. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá con la senadora nacional que, al día de hoy, desvela a una parte del oficialismo. Sin embargo, lo que no deja lugar a dudas, es el ensañamiento de la hermana del presidente con quien ve desde hace ya bastante tiempo como una posible competidora con poder de fuego suficiente para alimentar un electorado propio. Repasemos. Declaración jurada de Manuel Adorni. Bullrich exigió públicamente que el jefe de Gabinete presentara de inmediato su declaración jurada patrimonial. No sólo eso, ella misma lo hizo en un gesto evidente de desacuerdo con el manejo que la Casa Rosada estaba haciendo del tema. Las PASO. La exministra de Seguridad, al ver que no se reunirían los votos suficientes para la eliminación definitiva de las primarias o la suspensión temporal, habría explorado un postura intermedia que no era del agrado de Karina Milei quien prefería ir por todo mas allá de que la política -y la matemática- le indicaba lo contrario. Pliego de la jueza María Verónica Michelli. Un paso decisivo. El Gobierno pidió retirar el pliego de Michelli –candidata a jueza y cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, que investigó a fondo el escándalo $Libra– por razones políticas. Bullrich se negó a acompañar el pedido, invocando “objeción de conciencia”. Ofreció –incluso– su renuncia a la jefatura de bloque, acto que fue rechazado por el propio presidente para no escalar el conflicto. En plena sesión, Patricia Bullrich se abstuvo y explicó ante el micrófono su accionar. La oposición, envalentonada y con el oportunismo kirchnerista, aprobó sobre tablas el expediente por 44 votos a favor, 18 en contra y apenas 2 abstenciones. Un sapo que para muchos fue difícil de digerir.
En el medio de la vorágine de los avatares de las internas del gobierno, la corrupción sigue ocupando un lugar importante en la agenda política vernácula. Esta semana estuvo marcada por dos hechos significativos. Uno de ellos, pertenece al más estricto presente: el caso Arsat; el otro, al pasado: La causa Cuadernos.
El caso Arsat tiene como principal acusado a Facundo Leal, extitular de Arsat a lo largo del gobierno de Alberto Fernández, quien fue designado increíblemente como titular del Organismo Regular del Sistema Nacional Aeroportuario (Orsna), cargo que ocupó hasta enero pasado. Cuando se allanaron sus domicilios, como consecuencia de una investigación abierta por el robo de cables de los depósitos de Arsat, los efectivos policiales se encontraron con más de 2.400.000 dólares, monedas extranjeras, equipamiento sofisticado para espionaje y drogas. ¿Cómo es que este individuo pudo formar parte de un Gobierno que dice hacer de la decencia un evangelio?
El otro hecho muy importante y de valor decisivo, sucedió en la causa de los cuadernos de Centeno: fue la declaración de Roberto Lavagana, quien fuera ministro de Economía de los primeros dos años del gobierno de Néstor Kirchner. Frente al tribunal integrado por los jueces, Lavagna denunció que se pagaron sobreprecios del 20% en las obras de vialidad, confirmando así algo que había denunciado hace 21 años en un discurso ante unos 500 empresarios que se habían reunido en la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción, a los que en los corrillos del mundo de los poderes políticos y económicos ya entonces se la aludía como la Cámara Argentina de la Corrupción. “Hay un cierto grado de cartelización entre las empresas que construyen las obras públicas que hace el Estado, con los sobreprecios que ello implica”, dijo el en aquel tiempo ministro ante quienes lo escuchaban y miraban impertérritos. Y, para que quedara bien claro, agregó: El caso de Vialidad es bien conocido por ustedes y saben que está siendo investigado por Defensa de la Competencia e incluso por el Banco Mundial. Ese discurso fue un mazazo para Néstor Kirchner quien, tres días después –y sin ningún tipo de disimulo– le pidió la renuncia a Lavagna a quien echó del gobierno. Habrá que preguntarle al ex-ministro por qué calló esta confirmación durante 21 años.
No es casual que la columna de hoy 7 de junio, Día del Periodista, cierre con la mención de dos hechos de corrupción, el primero del presente y el segundo del pasado. En el caso Arsat, viene siendo el periodismo el que lo está develando y ampliando en toda su dimensión. En la causa Cuadernos ha sido Diego Cabot con su equipo de investigación integrado por Candela Ini, y Santiago Nasara, los que descubrieron el caso. Como reza la famosa frase: “El periodismo honesto es un instrumento clave para hacer a las sociedades más plurales y transparentes”. Es algo de lo que la Argentina tiene una desesperante necesidad –le guste o no– a los que habitan los rincones del poder.