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perfil.com · hace 15 horas · Jorge Fontevecchia

El libertarismo de izquierda que sumó votantes a Milei

Jorge Fontevecchia

“Milei no es liberal, es anarquista”, sostiene Mauricio Macri. El liberalismo en la Argentina no tiene un caudal de 56% de los votos, como obtuvo Milei en el balotaje de 2023. El mejor ejemplo es Patricia Bullrich, que alcanzó el 24% en la primera vuelta de 2023 sin llegar a pasar a la segunda vuelta. O el propio Mauricio Macri, cuando fue electo presidente en 2015 y obtuvo 34% en primera vuelta incluyendo a los radicales y la Coalición Cívica (sin Sanz ni Carrió, fue 30%).

Parte de los votantes de Javier Milei en 2023 proviene de sectores que no se pueden catalogar de derecha o centroderecha, cuya explicación se puede encontrar en la palabra anarquista, corriente política que nació en la izquierda más radicalizada, y especialmente en el libertarismo de izquierda que defiende el libre mercado y al emprendedor pero critica a las grandes corporaciones y al capitalismo de Estado.

En la melange ideológica de Milei existe anarquismo espiritual solapado e inconsciente

Cuando Javier Milei sale a criticar a Paolo Rocca desconcertando a quienes le asignan al gobierno libertario ser una expresión de los grandes empresarios, permite vislumbrar la vertiente libertaria de izquierda que en la melange ideológica de Milei existe inconsciente y solapada en forma de “anarquismo espiritual”.

El libro. El interesante libro Manifiesto libertario de izquierda del filósofo y profesor de la UBA y Di Tella Luis Diego Fernández narra el origen común del libertarismo de izquierda y derecha hasta que Murray Rothbard, luego de haber promovido la alianza con la Nueva Izquierda, a comienzos de los años 70 “declara muerto ese camino considerando que es necesario apelar a la clase media norteamericana que cree en la propiedad privada y sostiene valores conservadores” señalando que “si no se sale de esa convergencia con la izquierda, los libertarios seguiremos siendo vistos como una secta que se resiste a la autoridad y no solo al estatismo”. Aquella Nueva Izquierda norteamericana “había repudiado el New Deal y el estado de bienestar, al cual percibían como un aparato de la sociedad disciplinaria y normalizadora”.

Y continúa así: “En el caso del libertario de izquierda, la crítica del capitalismo se hará en nombre del mercado realmente libre y de igual modo el repudio a los empresarios corporativistas se producirá en defensa de los empresarios que desarrollan negocios de pequeña y mediana escala sin reclamar beneficios por parte del Estado”. “Defender al empresario y al mercado libre desde esta óptica es precisamente repudiar al corporativismo y al capitalismo”.

“El mercado es un esquema que se instituye a partir de la anarquía deseante que, al mismo tiempo que permite la movilidad del deseo, continuamente busca fijar una pulsión anárquica mediante la máquina capitalista”.

Gilles Deleuze sostenía que “no debemos concebir a la sociedad como una totalidad estructurada racionalmente por sus contradicciones (en sentido marxista) sino a partir de un patchwork de flujos y deseos heterogéneos”, lo que “como señala Friedrich Hayek, premio Nobel y referente de la Escuela Austríaca (sic), impide toda planificación y concentración de conocimiento”.

“Más que el deseo de revolución, el deseo es revolucionario en sí mismo (...) la revolución es algo del ser y no del deber ser”. “Una revolución subjetiva desde el cruce del deseo y el mercado, dos lenguajes disímiles enlazados a través de la anarquía ontológica”.

“No hay capitalismo que no sea estatista, por ello la izquierda libertaria debe diferenciar con claridad entre capitalismo y mercado libre, al mismo tiempo que ensayar una crítica al primero y una valoración al segundo”. Deleuze afirma que “el capitalismo nunca ha sido liberal, siempre ha sido capitalismo de Estado”.

“El rechazo que encontramos en el pensamiento deleuziano a la totalización y centralización desde el punto de vista ontológico, su filosofía sin arche, sin principio fundamental ni génesis, es anárquica” (donde) “solo hay flujos aleatorios y mutantes de un deseo productivo, algo que hace imposible toda planificación centralizada al modo soviético, en el terreno epistémico o económico, lo cual lleva al postulado hayekiano del orden espontáneo”. Nótese que se vuelve sobre la Escuela Austríaca y Hayek planteando que “el auténtico problema no es ideológico sino organizacional”.

“Es posible producir, comunicar y vender bienes y servicios con menos costos sin intermediarios que hace solo una década, utilizando las ‘herramientas del amo’ corporativo en su contra (...) a diferencia del marxismo, la cuestión no residiría en la propiedad de las fuerzas de producción sino en el ‘uso’ de la técnica (...) más que enredarse en revoluciones utópicas por la disputa sobre los medios productivos, es posible usar la tecnología de múltiples formas e incluso contra la lógica de quien la creó. (...) El libertarismo de izquierda tiene una veta aceleracionista en relación a la esfera laboral: usemos la innovación tecnológica a nuestro favor y en contra del capitalismo corporativo”.

“El libertario de izquierda, a diferencia del libertario clásico, no hace foco en el Estado como único mal (a pesar de que sea un “mal necesario” por lo menos provisoriamente, en la dimensión de realpolitik), sino también es crítico de otras estructuras de poder que de igual modo impactan negativamente sobre los individuos, ejerciendo sobre ellos medidas disciplinarias, restrictivas, autoritarias o coercitivas, tales como la Iglesia, los monopolios, las corporaciones multinacionales o las normas hegemónicas sexo-genéricas”.

“Para el libertarismo de izquierda el problema es la autoridad en sí misma, no solo su expresión patente en el Estado sino todo esquema de autoridad piramidal y jerárquica que condicione la autonomía y los cuerpos”.

“La forma existencial de los militantes de izquierda, como testimonio de la revolución encarnada (es) una vida atravesada y producida por la ruptura de las convenciones burguesas, los hábitos y valores socialmente aceptados (...) hacer de su propia vida un ‘escándalo’ de verdad”.

Significante Milei. No habría que confundir los votos de Milei con votos de la derecha y las grandes corporaciones, de la misma forma que sería un absurdo confundir los votos del peronismo con la izquierda. Para Deleuze, “ser de izquierda es una cuestión de comportamiento y de percepción, no de voto ni de militancia”.

El libertarismo de izquierda enlaza a Hayek con Deleuze, austríacos y Francia del 68

La conjunción de Friedrich Hayek con Gilles Deleuze encuentra una continuidad entre la Escuela Económica Austríaca y el Mayo francés de 1968 que Deleuze apoyó activamente y provocó el encuentro con el activista y psicoanalista Félix Guattari plasmado en la coautoría de El Antiedipo.

Milei, quizá sin saberlo, funcionó como un significante crítico de todo sistema de autoridad siendo la derecha significante de todo lo contrario. Un malentendido a decodificar.

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