← Volver
infobae.com · hace 15 horas · Daniel Sticco

Andrés Borenstein, de BTG Pactual: “Se puede compartir o no lo que hace el Gobierno, pero no le podemos poner una vara suiza”

Infobae

Las finanzas públicas y la acumulación de activos externos por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) evolucionan de acuerdo con el plan del Gobierno. Ese proceso se tradujo en desinflación, estabilidad en el mercado cambiario y baja de las tasas de interés de los depósitos a plazo fijo. Aunque la actividad agregada registró récords, persiste malestar en sectores de la producción y el consumo, que retrocedieron frente a años anteriores y lo reflejaron en la mora del crédito, tanto bancario como, con mayor intensidad, en canales alternativos.

Ante ese panorama, Infobae entrevistó a Andrés Borenstein, economista de BTG Pactual y docente universitario en la UTDT y la UBA. Coautor del libro Puede Fallar y autor del podcast La Economía en 3 minutos, analizó los principales aciertos del nuevo esquema cambiario, las oportunidades de inversión y los riesgos internos y externos que podrían condicionar el crecimiento durante el resto del año.

— ¿El ministro de Economía peca de optimismo al afirmar que espera “los mejores 18 meses” en más de dos décadas? ¿En qué indicadores se apoya esa proyección?

— No me corresponde decir si peca o no peca. Creo que la economía andará bien en los próximos meses. No sé si serán los mejores, pero veo la actividad en mejora. Hay empresas que anunciaron inversiones y, en la medida en que esos anuncios se concreten, la actividad mejorará y algunos sectores que hoy no vienen tan bien, como por ejemplo la construcción, probablemente arranquen.

No creo que vaya a haber un boom de construcción, pero sí mejor actividad. Lo mismo vale para algunos sectores industriales. Y, sin duda, algunos servicios seguirán mejorando su performance. Es claro que no será homogéneo y que, aun en una buena economía, habrá gente que no esté bien. Corregir desequilibrios lleva mucho tiempo.

— ¿Por qué conviven diagnósticos tan distintos entre economistas: unos sostienen que la economía va “por buen camino” y otros que “no está bien”? ¿Qué muestran los datos en actividad, salarios reales, empleo, pobreza e inversión para explicar esa divergencia?

— Bueno, todos tenemos sesgos. Y, por otro lado, la economía no es una ciencia exacta. Yo asumo que los precios internacionales seguirán siendo buenos para Argentina, que El Niño traerá otra buena cosecha. Creo que el Gobierno tuvo la filosofía correcta en arreglar las cuentas fiscales, romper con el proteccionismo y desregular muchos sectores. Hubo más controversias con la cuestión monetaria y cambiaria, pero fue haciendo cambios en la política económica que la mejoraron.

Economista Andres Borenstein

Los mejores ejemplos fueron la reducción de volatilidad de tasas de interés y la compra de reservas. Es decir, hay una plataforma que es mejor que antes. Y, por supuesto, hay gente a la que puede no gustarle el RIGI o que puede querer una apertura más rápida del cepo. Son opiniones válidas. No es blanco o negro.

No estoy diciendo que no haya riesgos. La política local, que incluye tanto lo que haga el Gobierno como lo que haga la oposición, puede complicar la situación. El escenario internacional puede cambiar para peor. Y también puede pasar que algo que uno predice finalmente no ocurra. Hay que asumir que todos erramos.

Partamos también de decir que la economía no puede “estar bien” cuando crecimos casi nada en los últimos 15 años y todavía tenemos una inflación muy alta. Se puede compartir más o menos lo que hace el Gobierno, pero no le podemos poner una vara suiza.

— El Fondo Monetario Internacional, en la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas, destacó avances y también enumeró desafíos del programa. ¿Comparte ese diagnóstico? ¿En qué puntos coincide y en cuáles discrepa?

— Diría que estoy bastante de acuerdo con lo que plantea el FMI. Obviamente la realpolitik es otro negocio. La reforma tributaria que proponen tiene todo el sentido del mundo. Pero sacarla (esta u otra versión) implica una negociación compleja con las provincias. Y no solo eso: es difícil por la política, pero también porque no todas las provincias quieren o necesitan lo mismo.

Economista Andres Borenstein

— A 30 meses del gobierno de Javier Milei, ¿El ordenamiento fiscal fue “demasiado rápido” o fue el ritmo necesario?

— Respecto de la velocidad, Milei tuvo el beneficio de aprender de lo que no salió bien del gobierno de Macri y, por otro lado, tenía un mandato social para hacerlo que quizás Macri no tenía. Desde lo teórico, la terapia de shock es mejor que el gradualismo. Además, la promesa de corte futuro en Argentina es una promesa liviana. Había que hacerlo rápido.

— En la relación entre ajuste fiscal e impuestos: ¿el recorte del gasto habilitó la baja o eliminación de tributos, o primero se redujeron impuestos y eso forzó un ajuste mayor? ¿Qué “tamaño de Estado” es consistente con sostener el superávit en 2026 y 2027?

— Creo que el Estado está llegando a un tamaño correcto. Probablemente el ajuste adicional ahora debería venir de lo provincial y municipal. Esto no quiere decir que no haya cosas para reasignar en el Gobierno federal.

Siempre es conveniente evaluar el gasto y asignarlo donde tiene mayor valor social. Pero si se mira el gasto en base caja, entre jubilaciones, programas sociales e intereses de la deuda ya tenemos más del 75% del total.

— Mes a mes, la Secretaría de Finanzas informa que la deuda pública consolidada (Administración Central y Banco Central) baja en relación con el PBI y, según esas series, también en valores absolutos. ¿Qué tan robusta es esa lectura?

— La deuda argentina es baja. Cada uno la mide como le conviene. Si sube en dólares porque el tipo de cambio se aprecia, entonces también sube el PBI. Si el Gobierno esteriliza la compra de reservas con deuda, entonces sube la deuda, pero también los activos. Lo más relevante es no tener déficit, porque eso es lo que impide que la deuda suba más allá de las contabilizaciones que se hacen en función del PBI, en dólares o en pesos. No veo riesgos grandes en el perfil de vencimientos. Aunque es importante tratar de mostrarle al mercado que hay acceso, porque eso despeja la incertidumbre de quien la tenga.

Economista Andres Borenstein

— ¿Qué factores frenan una caída más marcada del índice de riesgo país? ¿Qué pesa más hoy: el frente fiscal, el externo, la dinámica de la deuda, el marco institucional o el riesgo político?

— Las cosas que más mira el mercado son la posición de reservas y el riesgo político. Si eso anda bien, dos puntos más de inflación no cambian el panorama. Lógicamente, una parte del riesgo político tiene que ver con que la economía crezca, pero el cóctel político depende de muchos factores, algunos de los cuales exceden a lo económico.

— ¿La combinación de desinflación, baja de tasas de interés para depósitos y apreciación del peso es un fenómeno transitorio o tiene fundamentos? ¿Qué variables deberían monitorearse para saber si ese equilibrio es sostenible?

— Creo que la tasa de interés relevante hoy, como la Tamar por debajo de la inflación, no es algo que vaya a durar para siempre. Esperemos que baje la inflación más de lo que suba la tasa.

El tema de la apreciación del peso es siempre debatible. Con estos números en la cuenta corriente de la balanza de pagos, yo no creo que veamos una depreciación real de la moneda.

— ¿Qué espera para el resto del año en actividad, inflación, tipo de cambio y reservas? ¿Cuál es su escenario base y qué shock lo haría revisar ese pronóstico?

— El escenario base es un crecimiento superior al 3,5%, un tipo de cambio entre 1.650 y 1.700 pesos y compras del Banco Central por alrededor de USD 15.000 millones. Si los precios del petróleo se mantienen arriba de USD 90 por todo el año, es posible que se compren más dólares. Va a depender también de cuántos dólares decidan comprar los argentinos.

Economista Andres Borenstein

— ¿Ese escenario alcanza para que el Gobierno vuelva al mercado internacional de deuda? ¿Qué condiciones de tasa, plazo y señal política serían necesarias, y qué diferencia esa eventual vuelta de las emisiones recientes de empresas energéticas y bancos?

— Con menos de 500 de índice de riesgo país, la ventana se puede abrir. Si a eso le sumáramos otra calificación de riesgo en B-, también ayudaría.

— ¿Cómo evalúa el esquema cambiario vigente: hay atraso cambiario o todavía hay margen? ¿Qué nivel de tipo de cambio real considera consistente con acumular reservas sin reactivar la inflación?

— En términos históricos, el peso puede estar caro. Pero la historia tiene valor relativo. Estamos frente a un cambio de régimen en lo macro y tenemos un potencial exportador que parece materializarse. De manera que esos términos taxativos como atraso cambiario son debatibles.

El dólar se ha debilitado frente a las monedas emergentes y el euro en el último año y medio. Desde lo macro, este año tendremos equilibrio o superávit de cuenta corriente en base caja, el BCRA compra dólares y no creo que nadie se anime a decir que los salarios en Argentina en dólares son caros. Esas cosas no son tan compatibles con un tipo de cambio sobreapreciado.

Hay gente que puede argumentar que los salarios son caros ajustados por productividad. Pues entonces veamos cómo aumentamos la productividad.

— ¿Dónde ve hoy el principal cuello de botella para crecer: crédito, impuestos, costo laboral no salarial, infraestructura, energía, o incertidumbre regulatoria?

— Entiendo que los temas impositivos deberían tener prioridad. No digo coparticipación porque eso es institucionalmente imposible. Pero sí hay que hacer algo con las tasas de seguridad e higiene y ingresos brutos. Por supuesto que no es fácil, porque no se trata de que las provincias y municipios queden desfinanciados. Hay que buscarle la vuelta a eso.

— Aflojemos con la ansiedad. No estamos ni vamos a estar en el paraíso por mucho tiempo porque venimos de una situación muy mala. Las reformas que se hicieron van en la dirección correcta y, en más o en menos, nos deberían llevar por un camino de crecimiento con menor inflación. El trayecto no es lineal.

¿Cuáles son las claves del éxito?: tres negocios actuales que empezaron con una simple idea y llegaron a facturar millones