El padrino de los corruptos y una historia de plata, drogas duras y espionaje
El tipo se llama Facundo Leal y quienes lo han tratado coinciden: nunca hizo honor a su apellido. Tiene 53 años, es abogado y viene del peronismo mendocino. Y como Adorni, se ha deslomado en la función pública: hace veinte años que es planta permanente, así se los llama, en la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales ARSAT. En estos días nos vinimos a enterar que amasó una fortuna manejando ese organismo, primero bajo las órdenes de Massa y Alberto Fernández y después con sus nuevos amigos del mileísmo. La corrupción es lo más transversal que existe en la política. Leal era presidente de Arsat y a la vez, gremialista: representante sindical en el Directorio. Un récord digno de su padrino político: José Luis Manzano.
Entre paréntesis: vieron que Manzano, el que encabezó la renovación peronista, fue ministro de Menem y ahora es operador estrella de Karina Milei, cerró esta semana el acuerdo para quedarse junto a un grupo suizo con la brasileña Raizen, que tiene, o tenía ya habría que decir, la refinería de Dock Sud y cerca de 900 estaciones de servicio Shell que representan el 18% de las ventas de nafta y gasoil. Son la segunda marca en el mercado. Manzano será un político fallido pero, para hacer negocios con el Estado y de inventar negocios con el Estado, es un genio.
Volvamos a Leal: le encontraron acá y en Mendoza plata de todos los colores, hasta chelines tanzanos. ¿Quién no tiene en su casa chelines tanzanos? Y, por supuesto, un fangote de dólares. Nada de sacarlos del colchón, como reclama en vano el ministro Caputo. Unos dos millones y medio envasados al vacío: fajos termosellados de 100.000, de esos que se ven en bancos o financieras. Un profesional. La ex ministra Felisa Miceli hizo escuela: los pesos que se hallaron en su baño tenían el mismo precinto. Fue hace casi 20 años.
Hasta ahí lo de Leal era un nuevo escándalo de corrupción a la vista, como los bolsos voladores de José López o los hechos a medida para guardar euros del secretario presidencial Daniel Muñoz. Y, más acá, los hijos de Lázaro Báez contando y apilando billetes en La Rosadita. Pero en esta historia hay otras cosas que merecen contarse.
Con la plata aparecieron drogas como para abastecer a un regimiento y aparatos para espiar y evitar ser espiados de los que usan los servicios de inteligencia. El oscuro abogado y compañero Leal, que tuvo a su cargo la estrategia satelital de la Argentina y después la regulación del sistema nacional de aeropuertos, trabajos claramente por encima de sus posibilidades, tenía, según el informe judicial, 128 gramos de ketamina, 164 de éxtasis más 72 pastillas de la misma droga y 14 gramos de cocaína, más cucharas para consumo y un vaper con aceite de cannabis. ¿Y qué dijo? Todo es para consumo personal. Livin’ la vida loca y fanático de las fiestas electrónicas en Ibiza, debería estar en estas horas por explotar por la abstinencia en la cárcel.
Plata, drogas pesadas y espionaje: la lista confeccionada en el allanamiento registra un detector de cámaras, micrófonos y rastreadores GPS, un dispositivo de geolocalización con micrófono y capacidad de seguimiento satelital, un inhibidor para bloquear celulares, un pendrive y cuatro teléfonos. ¿Para qué los quería? Y sobre todo: ¿Quién se los dio? El dice: un proveedor del ARSAT me regaló el equipo. ¿Regalo? Esa valija tiene en Estados Unidos grado militar. O sea: no se vende a particulares, y cuesta entre 40 y 50 mil dólares. ¿Cómo entró en la Argentina? Leal se negó a revelar el código de su celular. Hay que ver qué aparece allí y en el cuaderno donde anotaba las coimas, como Calvete, el que coordinaba la mafia de las droguerías en la ANDIS de Spagnuolo.
ARSAT tiene un presupuesto de 110 millones de dólares, 650 empleados y un ejército de contratistas distribuidos en cuatro áreas: satélites, data center, red federal de fibra óptica y televisión digital terrestre. Lo armó De Vido y está de más decir que ha sido otra caja para sacarle plata al Estado con el argumento de que le dan servicios a la gente. Como en el universo orwelliano de 1984, el marketing kirchnerista se empeña en nombrar las cosas al revés.
La historia de Leal tiene un aire de familia con la de otros personajes astutos que han saltado cualquier principio y comparten la misma mezcla explosiva de política y corrupción. Elías Piccirillo, Francisco Hauque y Ariel Vallejo, por citar los más conocidos. Piccirillo, que se hizo famoso por casarse en tren de súper millonario con Jésica Cirio, acabó en la cárcel por plantar con ayuda policial un kilo de cocaína y una pistola en el auto de su amigo Hauque, que le reclamaba una deuda. Al igual que ellos, Vallejo se volvió rico de un día para el otro con los negociados del cepo y del dólar blue. Vallejo es el dueño de Sur Finanzas, la financiera lavadora de plata que usaba como si fuera propia el Chiqui Tapia.
Leal se fue de ARSAT y volvió de la mano de Pepe Albistur y Massa, flamante ministro. Permaneció siempre cerca de Manzano, a cuyo sobrino Oscar Falasco nombró en el organismo y de su socio Daniel Vila, también mendocino. Aquí hace su entrada otra figura clave: Leonardo Scaturicce, que tiene negocios con ARSAT a través de Systemnet y línea más que directa con Santiago Caputo. Perdón por tantos nombres pero son necesarios.
Ya con Milei, el abogado y sindicalista que llegó a manejar los satélites pasó a manejar los aeropuertos. Leal asumió como presidente de Orsna y enseguida metió a un operador,Juan Sosa, que fue denunciado por pedir sobornos. Nada que no pudiera esperarse. A Leal lo designó otro mendocino, el ministro de Traansportes Luis Pierrini, vice presidente de Independiente de Rivadavia, el club de Vila. Todo tiene que ver con todo, ¿o no?
Sólo Dios sabe si la gente castigará la corrupción. Hablamos de la gente que espera el fin de la impunidad. Estos días, en una entrega de premios de cine, militantes kirchneristas silbaron al gran Luis Brandoni, que sufrió la intolerancia y la violencia no sólo de la dictadura sino durante el gobierno de Isabel Perón. Odiadores vergonzantes: después dijeron que el repudio no estuvo dirigido contra el actor. Sigue la grieta, pero el odio y el sectarismo son mucho más fuertes de un lado que del otro.
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