Mundial en MAGAlandia
En la FIFA ya es costumbre elegir países parias como sedes de los Mundiales. El de 2018 fue en Rusia. El de 2022 en Qatar. El de 2026 en Estados Unidos. ¿Compasión? O, lo de siempre, ¿sobornos?
Yo quiero pensar que se trata de un impulso bondadoso de parte del capo di tutti capi de la FIFA, Gianni Infantino. Vean qué lindo el gesto que tuvo con el infantiño de la Casa Blanca. Nadie le quería dar aquel premio por el que tanto chillaba, hasta que apareció Gianni. Fue una burda imitación del Nobel, es verdad, pero el niño rey no se enteró. Quedó feliz. Infantino tiene su lugar en el Cielo asegurado.
¿Qué día empieza el Mundial de EEUU? A lo largo de casi toda mi vida lo he sabido con meses de antelación. Esta vez tuve que buscarlo en Google. Es el jueves que viene, resulta. Con cada cuatro años que pasan menos me interesa lo que una vez me interesaba más que cualquier otra cosa en el mundo, con la posible excepción de mi familia, el sexo o un Madrid-Barça.
Estaré más atento a las elecciones presidenciales que se celebran este domingo. Digo, las del Real Madrid, entre Florentino Pérez y alguien de aún menos luces, un tal Enrique Riquelme. Los dos candidatos nos dieron alegrías esta semana al anunciar, el primero, que si ganaba traería a Mourinho de vuelta como técnico; el segundo, que tenía ya prefichado al goleador noruego Erling Haaland.
Mourinho está más –mucho más - caducado que Palito Ortega. Pero el papelón mayor lo hizo Riquelme. Tras declarar que tenía atado al gigante rubio el propio jugador le respondió: “Todo muy entretenido pero no es verdad.”
Bueno, se entiende que el Madrid necesite hacer ruido estos días, aunque sea con payasadas. Tiene la necesidad de distraer a sus fieles ya que por primera vez en la historia de los Mundiales no tiene ni un jugador en la selección española. Pero, lejos de un bochorno, debería ser motivo de orgullo.
A mí se me presentó la oportunidad de asistir al Mundial pero la rechacé. Me invitaron, todo pagado, a Miami a mediados de junio. Tuve un momento de debilidad, lo confieso. Pero nada que ver con el fútbol. Me tentó la idea por la posibilidad que se me ofreció de que no me dejaran entrar en MAGAlandia y que me deportaran de vuelta a casa. Me lo pensé porque después podría decir que los únicos dos países que me habían hecho este favor fueron los Estados Unidos de Trump y la Venezuela de Nicolás Maduro. (No, yo tampoco soy inmune a la gloria que confieren las medallas.)
Pero no solo no iré sino que boicotearé todos los partidos que pueda, que no será difícil, especialmente si nos fijamos en los calendarios del mes de junio ahora que la FIFA ha elevado el número de participantes – por compasión o por dinero, ustedes elijan - de 32 a 48. (¿Congo-Uzbekistán? ¿Austria-Jordania? No gracias.) Lo que no podré hacer más adelante, sospecho, es apartar la mirada de un posible España-Francia o un Argentina-Brasil. O de un Irán-EEUU, quizá con un flamante trofeo para el ganador (¡Vamos Gianni!), la Copa del Estrecho de Ormuz.
Sospecho que viajarán a EEUU pocos aficionados españoles, por más que su selección esté entre las dos o tres favoritas para ganar el torneo. Los del Madrid dudo que hagan el esfuerzo. Los del Barça, o buena parte de ellos, querrán siempre que gane la selección rival, pese a que ocho de los de la plantilla juegan para su club. Así son los catalanes. Lo cual significa que a los aficionados de media España ni se les va pasar por la cabeza dejarse extorsionar – entradas absurdamente caras, transporte y hoteles también -- por el capitalismo yanqui. Los hinchas argentinos, claro, venderán sus casas, o lo que haga falta,para ir. Nada más serio en el universo que Messi, la albiceleste y un Mundial, sea en Qatar, EEUU o Groenlandia.
Habrá algunos raritos argentinos, supongo, que piensen como yo. En tal caso, las razones por las que dedicaremos menos tiempo que nunca a un Mundial podrían ser las siguientes.
Primero, que significa dar un voto de confianza al país más ridículo del mundo, si entendemos la frase “hacer el ridículo” como la desproporción entre lo que uno es y lo que uno piensa que es. (Lo habrá sido una vez Argentina, pero esa corona la perdió.)
Segundo, que ya está bien con regalar este histórico y una vez glorioso torneo a los países apestados de la Tierra. Mandemos un mensaje de que basta.
Tercero, que durante el descanso de la final se prevé hacer un “half-time show” con la participación de Shakira y Madonna. Nada contra Shakira y Madonna, pero el fútbol es cosa seria, que despierta las pasiones más elementales del ser humano, no un divertimento para chicos como el Superbowl. La BBC dice que no transmitirá este sórdido espectáculo. Esperemos que más cadenas de televisión tengan la seriedad de seguir su ejemplo.
Cuarto, y más importante, y relacionado con todo lo demás, el Mundial hay que celebrarlo en países donde entienden la centralidad del fútbol en la vida humana. El fútbol es la religión que más fieles une, pero EEUU es el país cuya proporción de paganos es la más alta que hay. La por lo demás musulmana y cricketera Bangladesh, por ejemplo, se paralizará cuando jueguen Argentina o Brasil. La población del país asiático se verá partida por la mitad entre los que van con una selección o la otra - casi, como corresponde, al punto de una guerra civil.
Pero en Estados Unidos, para la vasta mayoría, el Mundial será un circo de interés minoritario. Es como hacer la gran celebración anual del Islam, la Hajj, en Ibiza en vez de en Arabia Saudí, donde por cierto se celebrará el Mundial de 2034, por el amor de Alá. Ya. Ya lo sé. ¿Parias? ¡Qué más da! Habrá argentinos que ya están ahorrando para ver a Messi en Riad, y más allá. Está bien. Absueltos. En Argentina, más que en cualquier otro lugar, el fútbol es mucho más que una religión.
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