Los mundos que creamos
"¡Lo que daría ahora por no haber hablado de ciencia ficción aquella noche!” dice un personaje al inicio del cuento Exilio del escritor norteamericano Edmond Hamilton. Cuesta pensar que todo va a terminar bien después de estas primeras líneas pero es difícil adivinar cuál es el peligro, nada malo puede ocurrir simplemente por hablar de ciencia ficción.
El cuento fue publicado por primera vez en 1943 en la revista pulp Super Science Stories. Como una mamuschka de la metaficción, donde una historia ocurre dentro de la otra y dentro de la otra, el cuento introduce al lector en la conversación que se está dando entre cuatro escritores profesionales de relatos fantásticos.
Reconocen que se pasan la vida creando mundos imaginarios porque están “violentamente insatisfechos con la Tierra y con todas sus obras”. También dicen: “Supongo que el pequeño detalle de hacerlo por dinero no tiene nada que ver”.
Al leer el cuento en 2026, inevitablemente me pregunto qué mundos imaginarios creamos hoy. El terror entra al cuento lentamente como un humo suave que se cuela por debajo de la puerta cuando Carrick, uno de los hombres que conversa, dice que una vez escribió un mundo y luego se vio obligado a vivir en él.
Hamilton publicaba sin saber que menos de un siglo después los seres humanos del planeta dedicarían tanto de su tiempo a habitar los mundos virtuales de sus pantallas. Releo la frase de Carrick sobre su creación: “De haber sabido que viviría en él, lo habría creado muy distinto -murmuró.”
Carrick cuenta que había estado trabajando en una serie de relatos que ocurrían en un espacio imaginario, que había inventado humanos no demasiado civilizados para que pudieran surgir conflictos y la violencia indispensable que necesitaba su trama, que había pasado todo el día trabajando, “y cuando terminé, ¡algo en mi mente hizo clic!”. Se dio cuenta de que aquello se había cristalizado como una existencia concreta. Otro “clic” resonó en su mente cuando terminó de escribir las crueldades y supersticiones, los detalles bárbaros y pintorescos de cada una de las ciudades.
Por último, había decidido crearse a sí mismo en ese otro mundo. Tuvo que diseñar su trasfondo familiar e histórico coherente con el nuevo lugar. Sonó otro clic y él mismo apareció en el otro mundo. “Seguía siendo yo. Pero, sin embargo, era el yo imaginado por mí para ese otro mundo.”
Pasaron 83 años desde la publicación de aquel cuento. Las superficies que sostienen la ficción se transformaron quizás más que las mismas. ¿Quién crea hoy los mundos que habitamos? Los lectores mutaron en usuarios. ¿Quién es el otro yo ahí adentro de ese mundo virtual? La ficción desborda sus propios espacios.
En el cuento Exilio se instala el miedo cuando los escritores descubren que están viviendo en esa realidad inventada por otro. El propio Carrick empieza a sentir que el lugar creado por él ya no le agrada, que lo que le había parecido seductor ahora le resulta salvaje. Que no domina las habilidades y destrezas que le demanda el nuevo escenario. Quiere volver a su realidad verdadera.
“¿Y cómo te las arreglaste para regresar finalmente a casa desde ese otro mundo que habías creado?” pregunta uno de los personajes. Es tarde ya para advertir el peligro y se cristaliza el espanto: “-¡Nunca regresé a casa! -respondió Carrick con un amargo suspiro”. Los hombres de la ficción están, se descubre al final, encerrados para siempre en su realidad artificial.
Analía Sivak es periodista y escritora. Sus últimos libros publicados son “Algún día hablaremos de amor”, Editorial Trapezoide; “El instante”, Editorial Metrópolis; “Nórdicos: Mitos + Leyendas”, Editorial Alma; y “El mundo se dio vuelta como una media”, Ralenti Libros. Nació en 1976 en Buenos Aires. Vivió en Canadá, España y Uruguay. Estudió Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires y completó el Master en Creación Literaria de la ECH de Madrid. Actualmente coordina talleres de escritura creativa para Argentina y Uruguay. Recibió varios premios por sus relatos.
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