← Volver
perfil.com · hace 8 horas · Claudio D. González*

Descuidar la “casa común”, algo que el progreso nos está cobrando muy caro

chaco deforestacion 10102024

Cuando el 5 de junio de 1972 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) abrió en Estocolmo, Suecia, la primera gran conferencia sobre el “Medio Humano”, difícilmente habrán imaginado qué tan vigente estaría esa declaración 54 años después. Entre sus puntos mencionaba “[…] En la larga y tortuosa evolución de la raza humana en este planeta se ha llegado a una etapa en que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la tecnología, el hombre ha adquirido el poder de transformar, de innumerables maneras y en una escala sin precedentes, cuanto lo rodea […]”.

Pocos calendarios después, en 1987, vino el informe sobre Nuestro Futuro Común, o mundialmente conocido como Informe de Brundtland, en homenaje a la entonces primera ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland. Un informe que abordó por primera vez la concepción del desarrollo sostenible y dejó una frase que luego sería incluida en innumerables normativas ambientales, e incluso en nuestra Constitución Nacional: “Todos tenemos el derecho a ejercer actividades productivas que satisfagan las necesidades del presente, pero sin comprometer a las de las generaciones futuras que a su vez tienen el deber de preservarlo”.

Esa afirmación, casi como una predicción del futuro, fue lo que dio lugar, años después, a la Declaración de Río 92 y, posteriormente, al Artículo 41 de nuestra Constitución Nacional en su reforma del año 1994 y en la Ley General del Ambiente en el año 2002. Y, a nivel global, es ineludible mencionar a la Encíclica Papal Laudato Si, del Papa Francisco, en el año 2015, que vino a reafirmar, desde la perspectiva teológica, cuán importante es cuidar nuestra “casa común”.

Todos tenemos el derecho a ejercer actividades productivas que satisfagan las necesidades del presente, pero sin comprometer a las de las generaciones futuras que a su vez tienen el deber de preservarlo (Informe de Brundtland)"

Bajo este escenario, la universidad también tiene un rol donde existen ofertas de grado que buscan formar a estas nuevas generaciones en la resolución y gestión de estos “nuevos” y no tan nuevos desafíos, como quienes eligen dedicar su vida al cuidado del “Medio Humano” y garantizar nuestra calidad de vida a través de Gestión Ambiental; aquellos que, desde el área productiva, administran los recursos naturales desde su origen, por medio de Producción y Gestión Agropecuaria; o incluso aquellos que, desde el final de la cadena de valor, eligen estudiar Gastronomía o Ingeniería en Alimentos, con foco en la Gastronomía Circular.

La atención a las nuevas generaciones fue uno de los aspectos clave del Pacto del Futuro, el último informe multilateral de la ONU, que manifiesta la necesidad de tomar acciones concretas y dejar las declaraciones a un lado, ya sea desde prácticas de multilateralismo y acciones conjuntas entre Estados de una misma región, hasta la prevención de crisis y cooperación tecnológica y coordinada entre gobiernos.

El desafío no es nuevo, pero se vuelve cada vez más explícito. La naturaleza no reconoce límites políticos ni geográficos. Es clave la coordinación entre naciones en políticas comunes que promuevan la conservación y la sostenibilidad regional.

Ya no se trata de “cuidar el bosque chaqueño le corresponde a los argentinos y a los paraguayos” o “cuidar la selva amazónica es responsabilidad de los brasileños”.

Ambos son Patrimonios Naturales de un mismo bloque comercial: el MERCOSUR. Sin instrumentos o mecanismos que tiendan a coordinar las políticas regionales, es difícil responder a las nuevas demandas internacionales, tendencias y formas de consumo que vienen desde Europa y, sobre todo Asia.

Ya no se trata de 'cuidar el bosque chaqueño le corresponde a los argentinos y a los paraguayos' o 'cuidar la selva amazónica es responsabilidad de los brasileños'"

Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay tienen decenas de leyes ambientales, pero por citar solo un ejemplo: no es lo mismo un bosque nativo para la norma argentina que para la norma brasileña. El desafío de garantizar las necesidades del presente sin comprometer las futuras se enfrenta hoy a un nuevo proceso evolutivo: la integración ambiental de las regiones comunes, donde se vuelve necesaria la actualización y coordinación de las leyes y las acciones como si fuese una nueva versión de la ley hojarasca ambiental. Pero esta vez apuntada a criterios y políticas comunes que promuevan el desarrollo competitivo y regional en pos de una inserción internacional como bloque comercial.

Hoy el ambiente está cada vez más vigente, con un mercado global cada vez más exigente, una sociedad más consciente y una enorme oportunidad para América del Sur: abastecer las necesidades globales, sin comprometer las necesidades de las generaciones locales futuras tal como quedó escrito aquel 5 de junio de 1972.

El cambio climático causará 14,5 millones de muertes