El Mercosur y el desafío de negociar: ¿puede integrarse al club comercial del Pacífico?
El eje de la economía mundial ya no pasa por el Atlántico. Hace años que el Asia-Pacífico concentra la mayor parte del crecimiento global, la inversión extranjera y la demanda de alimentos, energía y minerales críticos. Sin embargo, el Mercosur sigue operando en esa región sin acuerdos preferenciales con la mayoría de sus socios más dinámicos: paga aranceles más altos que sus competidores directos, tiene más dificultades de acceso y resigna oportunidades de expansión comercial y de inversiones.
Junto a Paloma Ochoa y Marcelo Regúnaga hemos elaborado y publicado en la web del Grupo de Países Productores del Sur (GPS) el informe “Mercosur–CPTPP (Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico): una convergencia necesaria”, en el que describimos esa paradoja y proponemos una hoja de ruta para revertirla. El CPTPP reúne hoy a doce economías —Australia, Canadá, Chile, Japón, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam, Malasia, Brunéi y el Reino Unido— y representa casi el 15% del PBI global. El diagnóstico es contundente: el Mercosur está integrado de hecho a esa región, pero no de derecho para adquirir las ventajas del mismo.
Un exportador australiano de carne bovina paga cero para ingresar a Japón; uno argentino enfrenta un arancel de 38,5%, que bajo el CPTPP baja, pero se estabiliza en un piso permanente del 9%. El pollo brasileño enfrenta un arancel de 38,75% en Malasia, mientras sus competidores del acuerdo gozan de preferencias crecientes. Analizamos ocho productos clave —carne, pollo, café, soja, harina, aceite, trigo y maíz— y la conclusión es clara: el costo de no pertenecer al CPTPP se traduce en ventas que no se realizan -o se concretan a menores precios- e inversiones que no llegan.
En 2024, el Mercosur exportó cerca de 68.000 millones de dólares a los miembros del CPTPP, con saldo superavitario. Pero ese resultado se logra a pesar de las desventajas arancelarias. Si el bloque formara parte del acuerdo, disminuiría la brecha competitiva frente a Australia, Nueva Zelanda, Chile o Perú y los volúmenes exportados podrían crecer significativamente.
El CPTPP es también una plataforma de gobernanza de nueva generación: comercio digital, inversiones, propiedad intelectual, compras públicas, estándares laborales y ambientales. La convergencia con esos estándares aceleraría la modernización regulatoria del bloque, tal como está previsto también en el proceso de negociación con la Unión Europea.
El Mercosur tiene un activo diferencial escaso: es la principal reserva de agua y de proteínas del planeta, dispone de minerales críticos para la transición energética y opera en una zona sin conflictos armados. En un mundo donde la seguridad de abastecimiento es prioridad, puede posicionarse como proveedor estratégico confiable. El acceso preferencial a los países del CPTPP permitiría diversificar mercados y con ello reducir la vulnerabilidad que genera la concentración comercial: China absorbe hoy más del 30% de las exportaciones de algunos miembros del bloque.
Proponemos tres caminos. El primero —adhesión como bloque— es el horizonte deseable pero hoy poco probable, dado que requiere un acuerdo en las estrategias de inserción comercial del bloque que las divergencias entre Argentina y Brasil no garantizan. El segundo —adhesión individual con coordinación, la vía que Uruguay ya exploró— es viable con mecanismos explícitos, pero riesgosa sin ellos. El tercero, y más realista en el corto plazo, es un acuerdo marco de aproximación gradual en facilitación del comercio, estándares sanitarios, comercio digital e inversiones, que reduciría la brecha normativa y crearía condiciones para avanzar; este es un camino que transitaron muchas economías del Pacífico hasta llegar a los acuerdos comerciales comprensivos.
El Mercosur no enfrenta solo una decisión comercial. Enfrenta una decisión estratégica sobre qué tipo de actor quiere ser en la economía global del siglo XXI. Tiene los activos, la historia negociadora y los mercados que lo demandan. Lo que ha faltado es una visión común capaz de trascender los ciclos electorales y las falsas ilusiones del proteccionismo.
El contexto actual —un mundo que demanda lo que el bloque produce, una arquitectura regional en expansión y una experiencia negociadora acumulada— raramente se presenta con esta intensidad. Desaprovecharla no sería solo un error de política comercial: sería otra oportunidad histórica perdida.
Nelson Illescas es coautor, junto a Paloma Ochoa y Marcelo Regúnaga, del informe “Mercosur–CPTPP: una convergencia necesaria” (GPS, mayo de 2026)
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