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clarin.com · hace 4 horas · Clarin.com - Home

“Argentina tiene un enorme potencial, pero es uno de los más desaprovechados”

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Rodrigo Santos tiene nombre bien latino y, a sus 53 años, un aspecto personal que podría emparentarse con un artista o un deportista. Brasileño, con más de tres décadas de amplia experiencia en agronegocios, fue protagonista del crecimiento explosivo de su país en materia agroalimentaria y se fue posicionando como referente hasta formar parte de la “mesa chica” de conducción mundial de Bayer. Hoy es el jefe global de la división agrícola de Bayer, la compañía de origen alemán de fuerte predicamento en farmacología, que también es líder en semillas y fitosanitarios para el campo.

Está de visita en la Argentina esta semana y concedió una entrevista a Clarín –compartida con La Nación-, en la sede que esta multinacional tiene en Munro, donde transmitió su visión desde el rol que tiene “en la cocina” global de las innovaciones y los desarrollos que moldean el presente y el futuro de los cultivos.

La inquietud inicial fue conversar sobre la evolución del agro en el contexto de las demandas productivo-alimentarias y las ligadas a la sustentabilidad, y el rol que visualiza para la Argentina. Santos se mostró convencido de que “en todo el mundo los dos elementos son muy importantes. Hay un desarrollo muy importante para la seguridad alimentaria. Vamos a tener 10.000 millones de personas en este planeta y vamos a tener una mayor demanda de proteínas. Por lo tanto, el suministro de alimentos es un elemento muy importante. No es algo menor. Es un verdadero desafío. Necesitamos mejorar el 50% de la producción en los próximos diez años. Y al mismo tiempo, está el cambio climático. Hay que reducir las emisiones de carbono, incluso en la agricultura”.

Destacó que “Argentina tiene un enorme potencial. Pero probablemente sea uno de los potenciales más desaprovechados que veo a nivel mundial, porque sé que es una gran realidad y es muy importante, pero puede llegar a ser aún más importante y crecer aún más de lo que es hoy, en términos de ayudar no solo a los agricultores, sino también a la economía del país. Hay mucho potencial en Argentina”.

Elogió a “los agricultores y el espíritu emprendedor que existe en el país, en la logística, en la alta competitividad de la actividad agrícola” y expresó expectativas sobre el Gobierno y los debates sobre semillas y derechos de propiedad intelectual. Consideró que avances en ese ese sentido “podrían atraer mucha inversión para ayudar a dar forma a este futuro, porque este es probablemente uno de los aspectos en los que Argentina no recibe la misma inversión que veo en otros países”.

El comentario de Santos llegó después de dedicarse a dialogar, esta semana, con CEOs no solamente de agro, sino de petróleo y gas, de minería, de bienes de consumo, etcétera, para tener una perspectiva actualizada de la Argentina que conoce bien desde hace décadas. Subrayó el cronograma de baja de retenciones “porque hace que el productor sea más competitivo a nivel mundial”. A su vez, cree que “las charlas en curso sobre semillas y propiedad intelectual van en la dirección de hacer que Argentina sea más competitiva, y pueda crecer en el marco global. Es interesantísimo, estamos siendo testigos de todo esto. Esto puede ayudar a que Argentina concrete todo ese potencial”.

-Sí, varias. Por ejemplo, estamos analizando introducir el cultivo de camelina. Y sobre maíz estamos lanzando nuevas tecnologías y sistemas. Tenemos muchos elementos para aportarle al productor. Cada año necesitamos tomar decisiones de inversión a nivel global sobre dónde debemos invertir. Y lo que buscamos es obtener un retorno de la inversión. Y para ello, el marco de la ley de semillas y los derechos de propiedad intelectual son muy importantes. El debate que se está dando ahora mismo en el país y que estamos siguiendo muy de cerca, ayuda mucho y contribuye a impulsar la innovación. Y la innovación, al final, beneficiará a los agricultores y que el país sea más competitivo. Estamos observando muy de cerca, y vemos con beneplácito ese debate, esperando a ver la decisión final que tome el país.

-Bayer lleva varios años retirado del mercado de semillas de soja en Argentina. ¿Volverían si avanza un marco regulatorio distinto?

-Siempre estamos abiertos a esa posibilidad. Desde el principio, dijimos que la estamos evaluando constantemente. La decisión que tomamos se debió básicamente a que no veíamos un retorno de la inversión. Si tenemos la oportunidad de contar con un buen marco regulatorio y una buena legislación que garantice ese retorno, sin duda lo consideraremos. La soja es un cultivo importante. Contamos con mucha innovación en este sector, especialmente en los próximos cinco o siete años. Hay innovaciones en biotecnología, edición genética y mejoramiento genético. La importancia de la soja en este país es enorme, al igual que la de los agricultores. Por lo tanto, siempre lo tenemos en cuenta y lo seguimos muy de cerca.

-Desde su perspectiva sudamericana, ¿cree importante que Argentina sinergice los marcos regulatorios sobre inversiones e innovaciones con el resto del Mercosur?

-No solo eso. Somos una empresa innovadora. Somos una empresa científica. El corazón y el alma de Bayer es nuestro motor de innovación. Y en América, Brasil, Argentina, EE.UU., Canadá, hay una mentalidad muy orientada a la innovación. En la agricultura, los agricultores argentinos adoptan la tecnología. Utilizan la ciencia. Cada vez que se introduce la ciencia, se introduce la innovación para los agricultores, y la adopción es masiva. Lo estamos viendo hoy en día con el maíz. Lo estamos viendo con las nuevas tecnologías que estamos introduciendo. Es increíble. Así que no solo tenemos este país con agricultores realmente impulsados por la ciencia y la innovación, para quienes esto sería muy útil, sino que también tenemos América, que es muy fuerte en términos de suministro de gran parte de la seguridad alimentaria que necesitamos. Así que sí, esto sería una gran ventaja para el país y para la región, desde Canadá hasta Argentina.

Rodrigo Santos, en la sede nacional de Bayer en Munro. Es brasileño y conoce de cerca la realidad agrícola argentina.
FOTO: GUILLERMO RODRIGUEZ ADAMI -CLARIN.

-Si lo pensamos a nivel global... invertimos mucho en innovación. Tenemos mucha innovación en edición genética. Diría que la edición genética aportará mucha innovación adicional al mercado. Tenemos mucha innovación en inteligencia artificial. Se trata de mucha innovación nueva que acelerará la innovación y también ayudará a los agricultores.

También hay mucha innovación en el área de biocombustibles que vemos que tiene un gran potencial para Argentina. Estamos explorando la posibilidad de introducir un nuevo cultivo para que los agricultores argentinos produzcan biocombustible. Este es un buen ejemplo de la innovación que está surgiendo. Y también tenemos toda la innovación en protección de cultivos. La AI en el sector agrícola puede acelerar significativamente el lanzamiento de nuevas tecnologías. En lugar de tomar diez años, idealmente, podría reducir mucho el tiempo necesario para lanzar un nuevo producto al mercado. Así que estamos invirtiendo mucho en ello para acelerar también el proceso.

-El uso del agua es cada vez más determinante. ¿Cómo se está abordando este tema clave para el rendimiento de los cultivos?

-Hay algunos elementos importantes. Por ejemplo, si vamos a Asia y pensamos en el arroz, la producción de arroz consume el 40% del agua en la agricultura. Eso tiene un gran impacto. Estamos trabajando con los agricultores en lo que llamamos arroz de siembra directa para reducir considerablemente el consumo de agua y las emisiones de metano en el cultivo de arroz. Eso es específico. En cambio, en las regiones occidentales y países como este, todo gira en torno al sistema. El sistema ProCarbono que tenemos aquí, con más de 2 millones de hectáreas en Argentina, trata de ayudar a los agricultores a implementar un sistema que utilice cultivos de cobertura para que el sistema sea más estable y resistente.

Por supuesto, cuando se tiene una mejor cobertura del suelo durante toda la temporada, se es más resistente a la falta de agua o a alguna otra deficiencia. Si bien no se trata de una deficiencia masiva, incluso si es menor, estos sistemas son más resistentes y producen cosechas más estables de lo habitual. Eso también es importante. Estamos desarrollando nuevos cultivos. Una variedad que estamos introduciendo en Argentina es el maíz de baja estatura. El sistema PRECEON está dando mejores resultados en el desarrollo de las raíces: el maíz es más bajo, pero las raíces son más grandes. Esto también ayuda en la gestión del agua. En Bayer, estamos desarrollando muchas tecnologías nuevas con el objetivo de aumentar la producción y ayudar a los agricultores a afrontar los problemas hídricos derivados del cambio climático. Esto se agrava cada año y es uno de los aspectos que abordamos.

-¿Qué expectativas productivas le asignan a esos maíces bajo estatura, como cambio paradigmático en tres o cinco años?

-Estamos trabajando en ello ahora mismo. Mientras hablamos aquí, lo estamos implementando en algunos países. Lo implementamos en Europa y lo estamos utilizando en Italia y España para la producción de ensilaje. También estamos utilizando las primeras versiones en Estados Unidos y México, y estamos realizando pruebas aquí en Argentina. Observamos que el sistema, gracias al ciclo de cultivo más corto del maíz y a todos los datos que tenemos de los campos de los agricultores con FieldView, nos permite asignar diferentes densidades de siembra. Y eso, combinado con la fertilización y el manejo adecuados, se traduce en un aumento del rendimiento. Les daré un ejemplo concreto que estuve implementando este año, hace apenas un mes. Estuve con los agricultores en Estados Unidos. Contamos con 600 agricultores trabajando. Obtuvieron un aumento promedio del 7% en el rendimiento con el sistema en comparación con el maíz tradicional. Ese es uno de los elementos que tenemos en cuenta al gestionar el sistema en comparación con el maíz tradicional. Obtuvieron un aumento significativo. Vamos a hacer exactamente eso ahora mismo aquí en Argentina también. Realizaremos pruebas con los agricultores. Ya hemos estado trabajando con ellos en las últimas temporadas para probar el sistema. Porque este sistema es muy interesante, ya que se centra en las oportunidades individuales de cada agricultor, campo por campo, utilizando datos y tecnología para maximizar el rendimiento.

-¿Qué desafíos se están abordando en las ciencias biológicas y cómo se busca covertirlos en oportunidades?

-A nivel global, si les preguntamos a los agricultores, uno de los problemas que enfrentan con mayor frecuencia es la adversidad climática. Ya sea por exceso de lluvia, sequía, o por un frío o calor prematuros. Es impresionante. Llevo treinta años en la agricultura y siempre he oído hablar de sequías o lluvias excesivas. Pero en los últimos tres años los agricultores dicen que la intensidad y la constancia de estos fenómenos son muy altas. Este es uno de los principales desafíos que enfrentamos. Cuando hablamos del cambio climático y sus consecuencias, los agricultores somos los primeros en enfrentarlo. Entonces, uno de los desafíos es desarrollar sistemas más resilientes a estos elementos. Es uno de los principales retos que enfrentamos a nivel mundial. Es un desafío global, y diría que lo mismo ocurre aquí, por supuesto, en Argentina. Desarrollar nuevas tecnologías con esa mentalidad, que sean más resilientes y que ayuden a los agricultores en diferentes situaciones y condiciones, es uno de los retos que afrontamos. Estamos invirtiendo mucho en ello.

-¿Qué herramientas, digitales o de otro tipo, están funcionando mejor como soluciones complementarias a semillas y fitosanitarios? ¿Es lo mismo a nivel global que en Argentina?

-Les daré un ejemplo muy concreto. Yo estaba muy... De nuevo, esa es otra prueba de los agricultores a los que me refería al principio. Aquí en Argentina tenemos lo que llamamos Dekalb Integrados. Es un sistema para el maíz, y tiene una adopción masiva. Más de 1000 agricultores, más de 2 millones de hectáreas. Los agricultores utilizan un sistema para producir maíz. Ahora, con todos los datos y la plataforma digital, conociendo el campo específico, están haciendo lo que llamamos tasa de siembra variable. En la parte del campo que es más fértil, vamos a usar más semillas. En esta parte del campo que es un poco más difícil, van a usar menos semillas. Así que están haciendo recomendaciones muy específicas para cada campo. Y en general, pueden maximizar el rendimiento y administrar los recursos. ¿Qué cambió? Antes, cuando veías un campo con toda la información de datos, ¿era difícil percibir esa variación? Ahora no es así. Hoy, con los datos, con la plataforma digital, puedes ver la diferencia en cada metro cuadrado.

Entonces, ¿cuál es la diferencia en el suelo y en el medio ambiente? Ajustas tus recomendaciones en función del nitrógeno. Este es un sistema que se está utilizando actualmente en Argentina, uno de los más adoptados a nivel mundial. Muchos agricultores están teniendo un impacto muy positivo en él. Pero no hay una sola herramienta. Se trata un poco de gestionar todo el sistema. Tienes la plataforma digital, tienes la genética, tienes la biotecnología, tienes la edición genética, tienes la protección de cultivos, y el elemento central es cómo combinas esos sistemas para ayudarlos a producir más y conservar más al mismo tiempo.

-En ese sentido, en 2023 Bayer hizo una presentación global en Nueva York, con la agricultura regenerativa como solución más allá de los productos específicos. ¿Cómo ha evolucionado ese paradigma?

-Mucho, mucho. En 2023 planteamos el concepto y ahora mismo estamos hablando, por ejemplo, de introducir un nuevo cultivo para biocombustible, como la camelina, para biodiesel destinado a la aviación. En ese momento hablamos conceptualmente, y ahora eso está ocurriendo en el campo. Es realmente muy interesante, como también lo es el maíz de baja estatura, que también ha llegado a la Argentina. Es muy bueno ver la evolución de ese concepto en la realidad.

-Justamente esta semana el gobierno argentino eliminó los derechos de exportación a los cultivos que pueden generar biocombustibles, y también redujo retenciones a granos “de invierno” lo que impulsa una visión sistémica más desafiante, más compleja, pero también quizás más complementaria en el conjunto…

-Es así, cien por ciento. Con el ejemplo de la camelina, vamos a una visión global. Hoy en día estamos desarrollando muchos cultivos, incluso de cobertura, de servicio, como es el caso de los cultivos que se usan en biocombustible para la aviación. Esto es único. Hay una alta demanda para esto. Y seguimos innovando en todo lo que sirva para que el productor pueda seguir creciendo.

Mauricio Bártoli

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