La imagen que ofende la dignidad de las mayorías sociales
Aunque usted no lo crea, la máquina del tiempo ya existe. No tiene la forma que imaginó Herbert George Wells en su clásica novela de fines del siglo XIX. Se parece más a la de Volver al futuro, la icónica película, protagonizada por Michael J. Fox. No funciona con las vetustas palancas mecánicas que Wells describió con detalle.
El combustible que la mueve es una imagen tan real como perturbadora de nuestra actualidad: el auto Tesla, valuado en cientos de miles de dólares, propiedad del empresario y diputado nacional por Jujuy, Manuel Quintar, recorriendo las calles de tierra del barrio Alto Comedero –quizás el más pobre de los barrios pobres de San Salvador de Jujuy–.
Esta imagen casi obscena, permite vislumbrar en el presente argentino, el futuro distópico que Wells imaginó hace más de cien años para toda la humanidad.
En La máquina del tiempo (1895), el protagonista viaja a un futuro donde se encuentra con la decadencia de la humanidad: en la superficie, sobre el ruinoso esplendor de edificios y estructuras que en otras épocas fueron colosales, habitan los Eloi, la cúspide misma de la estructura social.
Ese estado de decadencia de la humanidad no es el producto de errores, catástrofes sociales, guerras, la persistencia de la desigualdad o la pobreza. Es el resultado exitoso y lógico de un modelo social"
No forman grupos de más de 3 o 4 individuos. Viven rodeados de comodidades y beneficios cuyo origen desconocen. No tienen ocupaciones o preocupaciones, sonríen, juegan, corretean por los jardines como niños. No tienen maldad, pero tampoco inteligencia o la más mínima suspicacia. Han perdido la memoria histórica, la capacidad de comprender la realidad y su lenguaje se encuentra reducido a monosílabos simples y frases cortas.
Bajo la tierra, en la oscuridad total, habitan los Morlocks: trabajan, producen y sostienen las condiciones materiales de existencia. De tanto tiempo que llevan en el subsuelo del mundo, sus asquerosos cuerpos blanquecinos y pegajosos no soportan la luz. Solo suben a la superficie las noches sin luna.
Lo más aterrador, sin embargo, no son estos seres desagradables que viven en la oscuridad. Tampoco los aniñados Eloi. Lo verdaderamente terrorífico es la conclusión a la que llega el viajero en el tiempo: ese estado de decadencia de la humanidad no es el producto de errores, catástrofes sociales, guerras, la persistencia de la desigualdad o la pobreza. Es el resultado exitoso y lógico de un modelo social llevado hasta sus últimas consecuencias.
Liberadas de sus cadenas, las fuerzas del mercado se desarrollaron exponencialmente, la naturaleza fue dominada por completo y, eliminadas todas las conductas colectivas y sus formas de organización, la evolución social había dado como resultado esa degradación de lo humano. La idea terrible que propone Wells es que no toda decadencia nace de la escasez. Algunas veces nacen del éxito excesivo de ciertas ideas llevadas hasta su límite más radical.
Y es precisamente en ese punto donde la novela dialoga con la Argentina actual. Porque el ocaso del proyecto libertario, no es el derrumbe inminente de un gobierno que trastabilla ante una persistente crisis económica, eso no ocurre ni ocurrirá, por más que les pese a muchos.
El ocaso libertario es, ante todo, la degradación política, cultural, ética e intelectual de los sectores ubicados en la cima de la pirámide social, que subestiman la inteligencia y ofenden la dignidad de las mayorías sociales.
La imagen del empresario y diputado manejando un auto que parece venir del futuro, por las calles de un barrio pobre que parece venir del pasado, no presenta ninguna contradicción para ellos.
Las fuerzas del mercado se desarrollaron exponencialmente, la naturaleza fue dominada por completo y, eliminadas todas las conductas colectivas, la evolución social había dado como resultado esa degradación de lo humano"
El individualismo exacerbado, las injusticias sociales, las desigualdades estructurales, la ostentación impúdica, la reducción de la política a la economía y la solidaridad social a relaciones de mercado, no son errores del proyecto, son su corazón central, su objetivo más ambicioso, su realización más integral.
Wells imaginó que la aplicación extrema de ciertos principios sociales terminaría produciendo una sociedad completamente degradada. El libertarismo argentino constituye una especie de aceleración histórica de ese proceso que, en la imaginación del novelista inglés, requirió de una máquina del tiempo y miles de años, pero aquí, en la cruda realidad Argentina, alcanza con asomarse a las calles del barrio Alto Comedero de San Salvador de Jujuy.