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clarin.com · hace 21 horas · Clarin.com - Home

El maíz sale en cuatro patas

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Estoy impresionado por el “voleo” que está tomando el concepto “Vaca Viva” como palanca fundamental del desarrollo. El congreso de Maizar de la semana pasada fue una extraordinaria vidriera para mostrar lo que está pasando. Sobre todo en la cantidad de cosas que están sucediendo, precisamente alrededor del maíz, buscando explorar nuevos caminos.

Más allá de lo que se vivió en el Golden Center, hay hechos que vale la pena remarcar. Por ejemplo, la incursión de un poderoso grupo industrial, Mirgor, en la agroindustria. En particular, en el agregado de valor a través de la producción porcina. Veamos.

Durante décadas, el nombre de Mirgor estuvo asociado a la industria electrónica, la producción de autopartes y la fabricación de celulares, televisores y equipos tecnológicos para algunas de las principales marcas globales. Sin embargo, desde hace pocos años la compañía comenzó a construir una nueva identidad: la de un actor relevante dentro de la agroindustria argentina.

Fundada en 1983 y convertida con el tiempo en uno de los mayores grupos industriales del país, Mirgor desarrolló capacidades en manufactura, logística, comercio exterior, distribución y gestión de grandes operaciones. Esa experiencia fue la que llevó a la compañía a identificar una oportunidad estratégica en el sector agropecuario.

La decisión formal de ingresar al agro se tomó en 2018. Un año después concretó su primera exportación de soja hacia Europa, iniciando un proceso de expansión que sorprendió incluso dentro del propio sector. Desde entonces fue incorporando trigo, maíz, cebada, arvejas, carinata y otras especialidades, hasta superar el millón de toneladas exportadas de commodities y productos diferenciados.

La unidad de negocios se estructura sobre cuatro ejes estratégicos: producción y originación, agregado de valor, alimentos y exportaciones. El objetivo no es limitarse al comercio de granos sino avanzar progresivamente hacia esquemas de transformación industrial que permitan capturar una mayor porción del valor agregado dentro del país.

Agustín Ayerza es el gerente ejecutivo de Mirgor Agroindustria.Ha sido la cara visible de la expansión agroindustrial del grupo y sostiene que las fortalezas históricas de Mirgor —logística, eficiencia operativa, capacidad financiera y experiencia industrial— son perfectamente transferibles al negocio agropecuario. Dialogamos con él.

“La estrategia comenzó con la exportación de granos, pero rápidamente evolucionó hacia proyectos de integración vertical. En 2025 la compañía inauguró su primer complejo agroindustrial orientado a la producción porcina, un emprendimiento que contempla la transformación local de aproximadamente 26.000 toneladas de granos por año y una producción estimada de 11.500 toneladas anuales de carne. Adquirimos un campo de 1.500 hectáreas en Bolivar y se concentraron en el engorde de capones que les provee una empresa familiar de buena escala. El proyecto apunta a producir 96.000 cerdos terminados en este año. La iniciativa refleja un concepto cada vez más presente en la agenda empresaria: exportar alimentos elaborados en lugar de limitarse a exportar materias primas”.

El movimiento encaja además con una tendencia global. Los grandes grupos industriales buscan diversificar riesgos y participar en cadenas donde convergen energía, alimentos, tecnología y logística. En ese contexto, el agro argentino aparece como una plataforma natural para proyectos de agregado de valor, especialmente en proteína animal, biocombustibles y alimentos diferenciados.

La evolución de Mirgor también resulta llamativa porque rompe con ciertos estereotipos sobre la industria nacional. La compañía, que construyó su reputación fabricando sistemas de climatización automotriz, electrónica de consumo y teléfonos celulares para marcas internacionales (Samsung, Nokia), hoy opera múltiples unidades de negocios que incluyen manufactura, retail, distribución, supply chain, innovación tecnológica y agroindustria. El agro aparece no como una actividad complementaria sino como uno de los pilares de crecimiento de largo plazo.

La experiencia todavía es reciente, pero los números muestran una evolución acelerada. En apenas seis años, Mirgor pasó de ser un recién llegado al negocio agroexportador a convertirse en un operador con presencia en mercados internacionales y proyectos propios de agregado de valor. Un recorrido que confirma que la frontera entre industria y agro es cada vez más difusa, y que buena parte de la competitividad futura dependerá de la capacidad de integrar ambos mundos en una misma estrategia empresarial.

Más allá de los volúmenes exportados o de las inversiones realizadas, hay un elemento que ayuda a entender la llegada de Mirgor al agro. La compañía nació y creció en Tierra del Fuego, uno de los polos industriales más importantes de la Argentina. Allí aprendió a gestionar cadenas de suministro complejas, coordinar miles de componentes, optimizar procesos productivos y competir en mercados de alta exigencia tecnológica.

Desde esa perspectiva, el agro no representa una actividad diferente sino una nueva plataforma para aplicar capacidades que la empresa viene desarrollando desde hace más de cuarenta años.

No es casual que esta visión aparezca en un momento en que la Argentina busca redefinir su estrategia de desarrollo. Hace un par de semanas, se conoció que la española Vall (un gigante del negocio de carne porcina) invertirá 14 millones de dólares en Pacuca, la empresa del Grupo Ledesma que se convirtió en la líder local en el rubro. Varios grupos importantes ya estaban en carrera.

Héctor Huergo

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