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infobae.com · hace 9 horas · Andrés García Vautrin

El crimen de Agostina y el tiempo que no volvió

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Cuando comencé investigar sobre el caso de Agostina Vega y los distintos interrogantes, la búsqueda todavía estaba activa. Hoy, el desenlace es conocido y es el peor posible.

No quiero hablar de culpas fáciles ni de monstruos. Quiero hablar de algo más incómodo: los tiempos en la etapa investigativa.

Claudio Barrelier tenía una causa abierta por privación ilegítima de la libertad de otra mujer. No era un desconocido para el sistema. Sin embargo, el primer allanamiento a su domicilio se realizó cuatro días después de la desaparición de Agostina.

Según el propio fiscal, la muerte ocurrió en las primeras horas del domingo. Es decir que cuando finalmente se allanó la casa, Agostina ya no estaba ahí. Barrelier había tenido tiempo de sobra para trasladar el cuerpo.

Sería deshonesto afirmar que un allanamiento más temprano hubiera salvado su vida -en principio, la evidencia indica que ya era tarde-. Pero sí podría haber acortado la agonía de una familia que pasó una semana entera buscando a una hija que ya no iba a volver. Y podría haber preservado pruebas que, cuatro días después, alguien tuvo tiempo de hacer desaparecer o limpiar.

Hay otra pregunta que me incomoda: ¿qué hace falta para que un antecedente penal sea tomado en serio? Barrelier tenía una causa abierta por privación ilegítima de la libertad. Es exactamente el tipo de información que debería haber encendido una luz de alerta desde el minuto uno. Si ese antecedente hubiera pesado lo que debía pesar en la evaluación inicial, quizás el allanamiento no hubiera esperado cuatro días.

El Alerta Sofía, se activó, se difundió e hizo que se llenaran las redes de carteles. Cumplió su función visible.

Pero el Alerta Sofía es una herramienta de difusión, no de investigación, y no reemplaza la decisión de actuar rápido cuando los indicios ya apuntan en una dirección clara. En este caso, los indicios estaban desde el domingo. El alerta puede encontrar a alguien que está perdido, pero en este caso el sistema ya tenía indicios claros sobre dónde mirar.

Por último, hay que mencionar que este caso no hubiera tenido la misma visibilidad sin la presión de los medios y las redes sociales. Eso debería alegrarnos y preocuparnos en igual medida. Alegrarnos, porque esa presión aceleró la investigación y mantuvo el caso en la agenda. Preocuparnos, porque no todas las “Agostinas” tienen esa visibilidad.

Hay familias buscando a sus hijos en silencio, sin cámaras, sin trending topic, con el mismo dolor y muchas menos respuestas. El sistema de justicia no puede funcionar a dos velocidades según el nivel de exposición mediática del caso.

La pregunta que el sistema de justicia tiene que hacerse no es solo quién mató a Agostina. Es también con qué criterio se decide, cuándo actuar, cuándo allanar y cuándo cruzar esa puerta. Porque cuando la víctima tiene 14 años, el sospechoso tiene antecedentes y las antenas del celular ya cuentan una historia clara, la respuesta no puede tardar cuatro días.

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