Cartas de lectores: Consensos duraderos, nuevo contrato social, escuchar
La necesidad de reformas en la Argentina es evidente. Sin embargo, la fortaleza de una transformación no depende sólo de sus objetivos, sino también de los mecanismos utilizados para llevarla adelante. Las soluciones rápidas pueden ser tentadoras frente a décadas de frustraciones, pero las instituciones existen precisamente para evitar que la urgencia del presente debilite las reglas del futuro. Un país serio necesita cambios profundos, pero también consensos duraderos.
Asistimos a una encrucijada inédita en la historia humana: el choque frontal que muchos pensadores denominan el “invierno demográfico” (la drástica caída de la natalidad), la extensión de la expectativa de vida gracias a la medicina, y la irrupción inédita de robots e Inteligencia Artificial dispuestos a reemplazar la fuerza de trabajo. Este triple vector no es ciencia ficción. Nos plantea un dilema previsional, social y económico inmediato. Mientras los nacimientos caen y los sistemas de jubilación tradicionales se vuelven matemáticamente inviables, las máquinas asoman como la solución para cubrir la falta de mano de obra joven. Sin embargo, si esta automatización no se acompaña con una alfabetización digital profunda y permanente, el riesgo de exclusión (desocupación digital) y convulsión social podría ser devastador. El futuro del trabajo exige un nuevo contrato social post IA. El derecho laboral, las universidades y los gobiernos deben dejar de discutir el siglo pasado y unirse para legislar una transición tecnológica sostenible con justicia social. En sintonía con las advertencias de la encíclica Magnífica Humanidad, del Papa León XIV debemos recordar que la tecnología es solo una herramienta, porque el empleo siempre será humano o no será. La innovación debe financiar la reconversión de las personas, no decretar su obsolescencia.
El gobierno se empecina en demostrar que aquellos que señalan diferencias sustanciales en la marcha de la economía, y los que denuncia corrupción son mentirosos, ensobrados, delincuentes, ignorantes y una cuantas cosas más....
Lamentablemente esa percepción respecto de la situación económica y la corrupción es compartida por millones de argentinos que no llegan fin de mes, y cuya economía no registra los inmensos beneficios del equilibrio fiscal.
Le recomendaría al gobierno que escuche a los que les va mal, no a los que les va bien. Éstos últimos siempre apoyarán al gobierno... aquellos van a hacerles ganar elecciones.
Se viene el Mundial de fútbol y quisiera recordar al mejor equipo argentino que vi jugar. Estaba integrado por Domínguez, Dellacha, Vairo, Giménez, Rossi, Schandlein, Corbatta, Maschio, Angelillo, Sivori y Cruz.
Ese equipo ganó el Sudamericano jugado en 1957 en Lima, Perú, ganándole por goleada y baile a Brasil 3 a 0. En ese campeonato debutó Pelé. Del extraordinario equipo argentino varios de ellos fueron contratados en Europa: Dominguez en España y Maschio, Angelillo y Sivori en Italia. En 1955 la Revolución Libertadora nombró a Raúl H. Colombo rector del Colegio Nacional Mariano Moreno y también interventor en la AFA. Yo fui alumno del Mariano Moreno y egresé con medalla de honor. En ese entonces la mayoría de los profesores eran también profesores del Nacional Buenos Aires. El Sr. Colombo cuando asumió nombró a varios amigotes suyos de la AFA en el colegio. Pero lo más importante es lo que sucedió en 1958 para el mundial de Suecia.
El nefasto Raúl H. Colombo no permitió que los jugadores contratados en Europa integraran el equipo argentino. El resultado fue la máxima goleada recibida, 6 a 1 contra Checoslovaquia, y la eliminación en primera rueda. En cambio Brasil, con el mismo equipo de Lima, salió campeón por primera vez.
¿Qué hubiera pasado si la Argentina hubiera participado con el equipo que vapuleó a Brasil en Lima?
Cada 3 de junio, en homenaje a Manuel Belgrano, hijo de un inmigrante italiano, recordamos el inmenso aporte de la inmigración italiana a la construcción de la Argentina. Solo entre 1870 y 1914 llegaron a nuestro país cerca de 1.800.000 italianos. Con su trabajo, sus oficios, sus valores familiares y su espíritu emprendedor contribuyeron decisivamente al desarrollo económico, social y cultural de la Nación. Sus descendientes conservamos con orgullo ese legado. Por eso hoy, junto al merecido reconocimiento en el Día del Inmigrante Italiano, no puedo ocultar mi preocupación y tristeza por las recientes modificaciones a la legislación sobre ciudadanía italiana, que limitan la transmisión del derecho a las nuevas generaciones. Muchos descendientes sentimos que se debilita un vínculo histórico, cultural y afectivo que ha permanecido vivo durante más de un siglo. También resulta llamativo el escaso debate y la limitada reacción de muchos representantes parlamentarios de las comunidades italianas en el exterior frente a una medida de semejante trascendencia.
Honrar a los inmigrantes italianos no debería consistir únicamente en recordar su pasado, sino también en preservar los lazos que ellos construyeron entre Italia y la Argentina para las generaciones futuras. De las raíces italianas nacimos los frutos argentinos.
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“Entonces también está la posibilidad de trata de personas. ¡Qué horror!”- Claudia Viviana Altamirano
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