Temas hipersensibles que la política no puede resolver sola
La economía argentina está comenzando a consolidar un proceso de crecimiento económico que incorpora todos los rasgos básicos de un capitalismo moderno, un capitalismo 5.0. Los nuevos drivers de crecimiento son fuertemente exportadores y esto va a terminar con la tradicional escasez de divisas que ha sufrido la Argentina, con su tozuda política anclada en los años 60’ de protección a ultranza del mercado interno e impuestos a la exportación.
Con equilibrio macroeconómico y este proceso de rápida consolidación de nuevos sectores exportadores, gracias en buena medida al recurso del RIGI, la economía está en condiciones de abrirse al mercado internacional, con disponibilidad de divisas como para atender las necesidades del mercado.
El sector agropecuario y agroindustrial, la producción de petróleo y gas, la minería y la economía del conocimiento son junto con la pesca y las economías regionales los principales sectores que garantizan un permanente crecimiento en el flujo de divisas que va a generar el país.
Ese proceso va a dar lugar, en los próximos años a un fuerte crecimiento en el empleo, como ocurrió en otras economías que, como Chile, Australia ó Noruega, tuvieron una rápida expansión exportadora concentrada en sectores primarios.
Con la consolidación del proceso en marcha, el Estado Nacional podrá continuar reduciendo impuestos distorsivos y las provincias tendrán la necesidad de revisar sus estructuras de gasto y sus sistemas tributarios.
El proceso de consolidación de un sendero capitalista en la Argentina, con equilibrio macroeconómico y apertura a los mercados internacionales, conducirá a una aceleración de la inversión y el empleo, esto es lo que podemos esperar durante los próximos años.
Sin embargo, nuestra economía tiene otro conjunto de problemas cuya solución requiere cierto consenso social que resulta difícil de ser alcanzado por el Gobierno sin un fuerte involucramiento de la sociedad civil. Los que llamamos temas “hipersensibles” involucran debates muy complejos que, como tantas otras cuestiones, la política no ha podido resolver y difícilmente lo haga en el futuro.
Mientras el proceso de cambios descripto se viene llevando a cabo, la élite de la “inteligencia argentina” ha sido crítica, muy escéptica respecto al programa económico del Gobierno, fundamentalmente porque el “fenómeno Milei” y los “modos de Milei” les sugerían el peligro de una deriva autoritaria.
Quizás ya es momento de analizar seriamente si los riesgos de una deriva autoritaria, invalidan la necesidad que la Nación tiene de que esos sectores se comprometan en aquellos temas pendientes, que por su complejidad tanto técnica como institucional y política deberían ser elaborados y debatidos desde la sociedad civil.
Para poner un par de ejemplos de estos temas “hipersensibles” que aún no se le han presentado seriamente a la sociedad, tenemos quizás al más complejo de todos, la crisis del sistema previsional.
En el país existen muy pocos especialistas en el tema, algunos de los cuales elaboraron, recientemente, un trabajo muy interesante desde el CIPPEC, donde puntualizaban los desequilibrios fundamentales del sistema y por dónde trabajar sobre los mismos.
Sería muy importante que Instituciones como la mencionada avancen sobre estos temas “políticamente hipersensibles” no sólo porque involucra casi un 65% del presupuesto nacional sino porque aún no hay conciencia sobre la magnitud de la crisis y las políticas que quizás sean necesarias para mejorarlo. Para un gobierno que aún tiene por delante la consolidación de todos los cambios que está poniendo en marcha resulta muy poco probable poder sacar adelante, cuestiones de esta complejidad.
La reforma de la ley de coparticipación federal también está entre los temas que la sociedad civil podría comenzar a trabajar para salir del callejón sin salida en que dejaron el tema los Constituyentes del 94’ a sabiendas de que el Parlamento nunca podría avanzar, como ellos plantearon.
Dada la complejidad del tema, han surgido propuestas que van por el lado de vincular el cambio en la ley de coparticipación, a una profunda reforma en la legislación tributaria nacional y provincial, de forma tal que se pueda avanzar en la eliminación de la “joya” de los impuestos distorsivos, como es el de ingresos brutos, contra una segmentación del IVA, entre la Nación y las provincias.
Hay muchas otras cuestiones que están quedando pendientes, pero atento al deterioro al que hemos asistido en los últimos 40 años en los cuadros técnicos del Estado resulta indispensable que la sociedad civil movilice algo de sus recursos en pos de hacer factible una Argentina mejor.
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