Happy Birthday, dear Marilyn
Hoy, 1° de junio de 2026, Norma Jeane Mortenson, cumpliría 100 años. Hoy, 1° de junio, nuestra memoria se trasladará a la avenida Lexington de Manhattan, precisamente en la calle 51, donde Marilyn Monroe pasa por encima de unas rejas de ventilación y una bocanada de aire le levanta la falda mostrando sus hermosas piernas en una de las escenas más inolvidables de la historia del cine universal. (The Seven Year Itch o La comezón del séptimo año)
Recuerdo un agosto de 1962 cuando en casa de mi abuela Sara, llegó la famosa revista Canal TV que difundía la programación semanal de la incipiente televisión argentina. En su primera página traía la triste noticia que Marilyn Monroe había sido encontrada muerta en su casa de Brentwood, California, por un exceso de barbitúricos.
Creo que se ha hablado mucho de Marilyn para que estas líneas sumen más kilómetros y kilómetros de tinta que se han escrito en estos 100 años sobre su vida, sus amores, sus silencios, sus soledades, su carrera artística y sus excesos.
Creo que todo el sinnúmero de textos puede resumirse en cuatro momentos icónicos que la reflejan en su personalidad: la inolvidable Oración de Ernesto Cardenal, la hermosa canción Candle in the Wind de Elton John, su Happy Birthday, Mr. President dedicado en el cumpleaños de John F. Kennedy y ese calendario de Playboy en donde posa desnuda sobre una manta de terciopelo rojo que adornó las paredes de los soldados estadounidenses que combatieron en la gran guerra.
Las gotas de Chanel No. 5 que acompañaban solamente sus sueños resumen la vida de la diva, la chica perfecta, la mayor, la única, la mujer de todos, a quien nadie logró conquistar en su totalidad. Marilyn Monroe fue la estatua viviente de millones de hombres y mujeres en el mundo, símbolo de sexo y de perversiones, pero también de amor y de dolores. La que no tuvo nada, creyó que lo ganó todo y al mismo tiempo sabía que lo perdió todo.
No me puedo considerar un fanático de su carrera cinematográfica, tampoco un admirador de sus tiempos porque no fueron contemporáneos a los míos, pero si desde mi adolescencia me sedujo su sensualidad, su mirada, su búsqueda constante por trascender desde la nada y por mostrar una imagen que en el fondo la subyugaba y atormentaba. Es ante los ojos de un lente crítico, el modelo de mujer sin tiempo ni época, cuya figura aún en pleno siglo XXI despierta pasiones y rompe corazones.
Mario Benedetti, en su poema Asunción de Ti nos describe un momento muy íntimo con unos versos que dicen He conservado intacto tu paisaje /pero no sé hasta dónde está intacto sin ti.
No puedo imaginarme a Marilyn con 100 años, quizá postrada o retirada en un asilo, quizá envejecida en sus propias arrugas o a través de los bisturís de innumerables cirugías estéticas. No me imagino a Norma Jean en una entrevista de Oprah Winfrey o Joan Rivers, ni mucho menos confesando ese amor dual por los hermanos Kennedy, sus diálogos de dramaturgia con Arthur Miller o celebrando los home runs de Joe Di Maggio quien por cierto nunca le perdonó la osadía de la toma de la calle Lexington.
Marilyn Monroe dejó un sinfín de imágenes y palabras que perduran en la historia que la recordarán para siempre. Pero también dejó un expediente sin resolver: lo que ocurrió exactamente la noche de su muerte. Su legado será, tal vez, el más grande de su época. Yo solamente puedo decir y sentir que murió por falta de amor sin saber que, en silencio, muchos la amábamos.
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