Bullrich corre sola, Milei la contiene y Macri la padece
Sin respuesta al enigma doméstico: ¿Patricia Bullrich le hizo esta semana más daño a Javier Milei o a Mauricio Macri? Doble carambola de la piba de hierro: se despegó del Presidente con el caso Manuel Adorni y habilitó a que el obediente círculo rojo la proponga como sucesora de Milei en el 2027 en lugar del ingeniero boquense (declaración del ciudadano común Paolo Rocca que, sin embargo, no es un ciudadano común por presidir una de las mayores multinacionales del país). Dos balazos políticos de la “adelantada” que, además, después del último tedeum, casi no pudo llegar a la Casa Rosada porque tuvo dificultades presuntas para caminar unas cuadras por cierta limitación artrítica: muchos interpretaron que no quería compartir escena con aquellos que se han silenciado sobre la demorada declaración jurada del jefe de Gabinete, siempre prometida, nunca realizada. Repiten en la cúpula: esa autonomía revelada de Bullrich es una muestra de “panquequismo explícito”, atribuida a su historia personal, opinión que bien pudo consolidarse por la aparición de alguien que suele participar en el mismo rubro de conveniente adelantamiento teatral: el cordobés Luis Juez salió a sostener lo mismo. Todo sea por los valores. Igual, Milei estuvo generoso en esa reunión de la Rosada con Bullrich en la que muchos entendieron que se había atrasado: encomió su tarea.
Pésima lectora de Milei, Patricia ignora el pensamiento del Presidente, dispuesto a no entregar torres o alfiles ni por recomendación de Bobby Fischer. O del “pibe de oro”, Faustino, ese párvulo argentino que revoluciona el ajedrez mundial. Sabe el mandatario que los adversarios no persiguen esas piezas menores, que la movida final apunta a voltear a la Reina, su hermana. Además lo expresó esta semana en una cumbre con empresarios y rabinos: cuando asumí, el periodismo me quiso tumbar a Sandra Pettovello, le imputaron cargos de todo tipo, la pusieron al borde de la planchada y hoy es la mejor ministra del equipo, maneja un volumen de dinero monumental sin una denuncia y resolvió el problema de ingresos de los sectores más vulnerables de la sociedad. “Ganamos”, afirmó. Aproximadamente, estas palabras valen para la permanencia a toda costa de Adorni, quien al menos se manifiesta como un mal alumno –¿se puede demorar tanto una presentación impositiva?– o confía demasiado en que las acciones aceleradas del juez Ariel Lijo luego se vuelvan dormilonas como suelen caracterizarlo: ir a una indagatoria, dar explicaciones discutibles y, luego, ingresar a la sala de espera eterna para una definición judicial, el corredor de la muerte que puede culminar en décadas. Destino probable siempre que el aparato de la Justicia se mantenga menos conflictivo de lo que estuvo en los últimos meses con el Gobierno. A ver si el ministro Mahiques no resulta tan refractario a los intereses de Comodoro Py.
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Tampoco atendió Patricia en su deficiente lectura lo que ocurrió con otro repentino adelantado, un bonaerense que pertenece a la grey del exhibicionista Santiago Caputo: Agustín Romo se permitió decir que el Presidente estaba mal informado sobre la situación general, y que le mentían sobre la conducta de la sociedad y particularmente sobre el caso Adorni y su perjuicio al Gobierno. Hubo una invitación a la Casa Rosada, no hubo necesidad de que el senador de Santiago se rectificara porque juró que no había dicho esa frase, entendió por boca de Milei —como de la mayor parte del Gabinete— que la reelección está blindada para el 2027, que el Presidente carece de rivales de fuste para entonces y que la Argentina se encamina a una época de prosperidad extraordinaria. Un informe más optimista del futuro que los habituales del economista Salvador Distefano. Y que, agregó Milei, sería lamentable para el país que ese auspicioso legado quedara en manos de una oposición dispuesta a disfrutar las mieles de la reconstrucción por los próximos lustros. Además, como broche, le explicó: las encuestas a las que les gusta apelar los medios para “hacer oposición” no disponen de validez, no responden a la realidad, ya que el 50% de los consultados se niega a opinar. Nadie puede anticipar resultados con esa mínima representación, parece poco profesional. Por si fuera poco, como una llamarada auspiciosa, se extendió en todo el Gobierno la declaración del exministro Aníbal Fernández, quien dijo: “Yo no cambiaría nada de lo que hasta ahora ha hecho Milei”. Es tanta la ayuda pública del peronismo que hasta parece engañosa.
Se equivocó también Patricia por la tentación de diferenciarse de una recua cómplice escasamente moral (el Gabinete) y halagar al mismo tiempo al inmaculado círculo rojo. Una graciosa. Milei no hizo escarnio de esa situación, ha ingresado en el grado “protocolo”, lo convencieron de no abusar con los extremos orales y que, por ejemplo, el periodismo no es un partido político: no integra ninguna lista, a pesar de que –según las palabras utilizadas– sea un hato de hijos de puta. Bajar el estruendo, entonces, con esa corporación. De ahí que el mismo bromeara en su último discurso, al quitarse las ganas y dejar de leer observaciones somníferas sobre la escuela austriaca, al decir: “Este es el momento en que mis asesores se ponen nerviosos y creen que voy a lanzar un hito de exabruptos”. No ocurrió. Más que un detalle, lo mismo que su obvia intervención para congelar la disputa interna entre su hermana Karina y su asesor preferencial, Santiago. Ambos llegaron demasiado lejos en la conflictividad, le provocaron al gobierno heridas por sus respectivas ambiciones y egos, un menoscabo despreciable por gente que nunca fue a las urnas. Más duro inclusive que el castigo que pudo causarle el peronismo en todo este tiempo, satisfecho con su dieta de observador pochoclero. Habrá pruebas en la mira futura para advertir si se produce o no el fin de las hostilidades. Por ejemplo, la aparición planeada de carpetas, carpetazos o carpetitas sobre alguna asesora o acompañante de Karina Milei, posiblemente Mara Gorini o Andrea Juárez, tal vez otra ignota del entorno. Dirá el tiempo si hay persecución y si las amenazas se cumplen.
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Por adelantarse a un posible cargo superior (la Presidencia), tal vez Patricia haya perdido una joya local que suponía inscripta en su declaración jurada: la postulación por la Capital Federal en el 2027. Retrocedió varias casillas. Es que, con sigilo se constituye en el ámbito porteño una escudería trilateral, con intereses comunes por lo menos, integrada por representantes del oficialismo (Mauricio Wasserman, Banco Nación, esposo de Pilar Ramírez, pupila de Karina), del radicalismo (Daniel Angelici, expresidente de Boca Juniors) y el peronismo (Juan Manuel Olmos, a cargo de la Auditoría de la Nación). La frutilla quizás la aplique Mauricio Macri mientras su primo Jorge mantendría la continuidad de su gobierno en el próximo año si es que se firma un pacto implícito y al actual alcalde lo acompañan los votos. Todos ganan, parece. En compensación a la apertura del PRO en la Capital, el partido adheriría en la provincia de Buenos Aires la candidatura de Diego Santilli como único integrante de ese acuerdo para la gobernación. Un ganador silencioso, quizás porque el convencimiento de triunfar en ese distrito bonaerense no resulta el mismo al que confía Milei en el orden nacional. Por aquello, seguramente cultural, de que el peronismo unido nunca será vencido. Sorprende esa porteña temeridad pactista bajo el agua de quienes, en la Capital, se muestran como dueños de la Libertad Avanza, la UCR y el peronismo para favorecer el statu quo de un candidato del PRO. Bien repartido. Solo los más avivados militantes –y eso que los capitalinos pregonan que son los más vivos– han advertido que el trío amistoso de ramas distintas pretende llevarse el año próximo la representación de quienes apenas si los conocen, de quienes no les conocen el rostro, convertir a la Ciudad en una corporación propia: será un cambio histórico en el juego de la cumbre política. Hasta el más chispeante suponía que los jefes eran otros, los Nosiglia, los Lousteau, los Marra, los gordos daneses, los Santoro & Cía.
Mauricio camina en puntas de pie sobre este proyecto, aunque sabe que en la Capital sobran los platos de comida y además debe mantenerse una línea de producción de negocios que se arrastra desde que él estuvo en la Municipalidad. No se asombra por la avidez de poder de Patricia: ya trabajó con ella. Ahora puede pensar y ofenderse porque se equivocó en su adelantamiento, en exponer a todo el gobierno nacional con sus denuncias, aunque sabe de la prisa angustiosa que siempre empujó a la mujer. Pudo ser, en su caso, otra píldora en la complicada relación de indisimulables traiciones, aunque el mayor dolor se lo haya provocado el pronunciamiento de Rocca y el círculo rojo para que se aparte de cualquier candidatura y le traslade su ascendencia a Patricia.
Como si fuera un container en el medio del río. Es una enormidad política, como pedirle a Patricia que este jueves vaya en representación del ingeniero a recibir en el ex Consejo Deliberante una distinción por haber ganado una categoría del Mundial de Bridge. Hay licencias que no se venden ni se canjean, son personales. Y, como tales, ya se sabe cómo terminan si el capricho las obliga a pelear. Mal.