En la paridad está, agazapada, la incertidumbre
En el país del voto estable, un resultado no se construye desde los electorados, que repiten su opción en torno a las dos familias políticas que confrontan por la mayoría de los votos en todas las elecciones sin resignar su fidelidad.
Tampoco se construye con juegos de palabras sobre si la política le gana a la economía o es al revés, ni con el alud de torneos verbales que se cruzan los personeros digitales del gobierno, en esa burbuja por la que no pasa nada importante.
Se construye con el diseño estratégico de los dirigentes, que aspiran a representar a los dos bloques que se repartieron el voto no hace mucho, en octubre de 2025, con resultados muy cerca del empate.
El año pasado fue 41% para el voto no peronista que se ha identificado desde 2023 en Milei, y un 34% inamovible del peronismo. A esa virtual paridad se remite la incertidumbre que afecta a los indicadores sobre el resultado final – el riesgo país, por ejemplo.
Ante ese equilibrio aparece el protagonismo del voto del centro, el universo de los moderados, huérfanos de representación y lo que menos son es indecisos. Son los dueños del voto más pensado, y decisivo.
Para entender las posibilidades que pueden tener el peronismo y el no peronismo, hay que atender a las evoluciones en el voto moderado del centro, que suele ser la clave de un buen resultado electoral.
Aún expresiones que buscaban polarizar desde algún extremo, para tener resultados airosos debieron dar señales de cercanía a las alternativas de centro o que expresaban moderación.
El peronismo cifró sus décadas de triunfos asumiendo aliados o candidatos de centro. Lo inauguró Eduardo Duhalde, cuando armó un gobierno de coalición legislativa con radicales, algunos de los cuales subió a su gabinete.
La elección que lo llevó a la presidencia a Néstor Kirchner subió a la fórmula presidencial a Daniel Scioli, un moderado frente al peronismo kirchnerista. Cristina Kirchner, cada vez que ganó elecciones lo hizo junto al espejismo de moderación que le aportaron Julio Cobos en 2007, Amado Boudou en el 2011, o Alberto Fernández en 2019. Las derrotas de 2015 y 2023 hubieran sido mayores si no hubieran estado en la fórmula moderados como Daniel Scioli o Sergio Massa.
Fue útil la masterclass que dieron, al alimón, Miguel Pichetto y Ernesto Sanz el martes pasado en el Club Político Argentino. Sanz, constructor central de Juntos por el Cambio en 2015, aspira a reproducir el mismo método de sumar fracciones dispares.
El 2027 le pone diferencias a aquella experiencia exitosa del no peronismo. Diseñó una plataforma, sobre la base del tríptico equilibrio fiscal, conducta republicana y un programa de desarrollo, que puede servir de base de representación de una mayoría huérfana hoy en la Argentina.
¿Puede ese electorado encontrar quién la represente? “Pichetto – dijo - está trabajando para armarlo. Yo tengo una gana loca también, muchos amigos míos y muchos otros. Y hay gente que podríamos invitar también, quienes vamos a armarlo. Ahora, ¿cuál es el problema de ese armado? Que el ecosistema político dividido en solo dos espacios juega en contra. Eso obliga a ese votante, que es la mayoría huérfana, a refugiarse en techo ajeno. Cuando nosotros hicimos Cambiemos, Macri solo no llegaba al 24% de los votos, como llegó al 24% el día de las PASO. Pero el 24% de Macri, más el 4% que aportó el radicalismo, más el 2% de Carrió, fueron 30%. El ballotage, que por primera vez se utilizó en una herramienta extraordinaria, para mí por lo menos, frente a un esquema de fragmentación, fue muy importante. ¿Qué pasaría si en la Argentina hay, en vez de estas dos opciones de los extremos que están por fórceps, dentro de dos espacios antagónicos, ¿qué pasaría si hay tres, cuatro, cinco contendientes, jugadores? Dentro de un marco plural. Y que realmente haya una lucha por el ballotage en la Argentina. Y que ahí, en aquel ballotage, se defina realmente la sociedad argentina.”
Pichetto adelantó, en cambio, un 2027 de polarización que parece inevitable: “Creo que no va a haber una construcción que exprese un republicanismo, un centro económico. Y fundamentalmente – argumentó - creo que hay que repensar el peronismo.
Por supuesto. Yo tengo una visión del Centro Productivo Capitalista, y la construcción del 27 va a ser altamente polarizada. Esta es mi percepción en función de lo que está pasando además en la realidad argentina, en lo que ocurre en las redes, va a ser muy difícil.
Ojalá tengas éxito, Ernesto, porque lo tuviste en su momento, porque fuiste un artífice fundamental de Cambiemos. Pero me parece que la realidad argentina, la realidad política argentina hoy tiene un escenario de fuerte polarización, donde el medio se ha diluido.
Lo vimos en la parlamentaria. Yo tengo un vínculo de respeto con Schiaretti, pero no sé. Realmente la desaparición del espacio del centro democrático, del peronismo, para mí también es un problema, un grave problema, que obliga incluso a construir un diálogo con sectores que no piensan igual.”
La necesidad de mejorar las certezas explica, en la semana que pasó, la acumulación de encuentros cercanos hasta del tercer tipo entre dirigentes y punteros de todas las fuerzas. Se repetirán esta semana en dos sedes.
El miércoles el interbloque de senadores del PJ y sus aliados tienen una cita en la mesa grande de la sede de la calle Matheu. Lejos de miradas e interrupciones, José Mayans tiene la misión de escuchar a los integrantes del interbloque sobre qué diagnóstico tienen en sus provincias.
La intención -conversada con Cristina de Kirchner en las últimas horas- es armar un mapa de las elecciones del año que viene que les permita un armado nacional, que impida la creciente balcanización de la política criolla.
La falta de votos para la reforma política es un desafío a la estrategia. El oficialismo y el peronismo querrían una unificación de las fechas provinciales y nacionales y poder colgar de la misma tira las listas de diversa categoría.
La oposición del no peronismo va ganando la pulseada para que esa norma no salga, como tampoco la abolición o suspensión de las PASO. La Libertad Avanza irá colgada de la figura Javier Milei. El peronismo también tiene experiencia para unificar voluntades y no dividirse. Para los dos casos nada mejor que fechas y tiras acopladas.
La moda de los caciques locales de desenganchar las elecciones provinciales de las nacionales ha potenciado el valor de la territorialidad en los procesos electorales. No parece ser una tendencia en retroceso.
Hoy esa tendencia lastima al peronismo. En 2023 el desacople fue la base de la desmovilización del peronismo en las provincias, que aisló lo local de lo nacional y permitió la buena elección de La Libertad Avanza en distritos que Milei ni había visitado en la campaña. Ocurrió por el interés de los jefes provinciales de no asumir los riesgos de los candidatos nacionales.
Pero también expresó, al menos en el peronismo, el desentendimiento de las provincias del interior con el peronismo del AMBA. Ese año la víctima fue Sergio Massa, pero en realidad solo siguió la suerte de sus predecesores en la misma ingente tarea de ganar la presidencial: Cafiero, Duhalde, Ruckauf, Solá, Scioli y la propia Cristina de Kirchner, que debió conformarse con una vicepresidencia - las presidenciales las ganó como santacruceña.
Del otro extremo del ring, Mauricio Macri atenderá el viernes de esta semana a sus militantes y dirigentes del Litoral. El menú empieza ese día en Paraná con un almuerzo con Rogelio Frigerio, que se presume será a solas o con testigos mínimos. Importa el gesto porque el nombre del gobernador de Entre Ríos ha salido de boca de Mauricio en alguna reunión como posible candidato a presidente por el PRO.
Frigerio fue el verdadero jefe de gabinete de Macri entre 2015 y 2019 y se ha destacado por su capacidad de negociación con los adversarios. Negoció los consensos fiscales con los peronistas encabezados por Juan Schiaretti, mandamás entonces de Córdoba.
Hoy se perfila en el lote de los dirigentes del PRO que mejor se llevan con el gobierno de Milei. No ha ensayado sacar los pies del plato, como Diego Santilli o Cristian Ritondo. Se conduce con la liberalidad de quien tiene reelección en su provincia, que depende de la gestión que haga, y en la cual lo han auxiliado del gobierno mileísta.
Ese mismo viernes Milei estará en Santa Fe, quien hasta este fin de semana no tenía previsto reunirse con el gobernador Maxi Pullaro, que no es del PRO, pero cogobierna con ese partido. Hay un justificativo para expertos. Ese día el Maxi visitará la feria Agroactiva en la localidad de Armstrong.
Estas evoluciones de Macri incluyeron la reunión del jueves con legisladores provinciales de todo el país, que renovaron el nervio del partido. Todos en el PRO creen que Mauricio debe ser el candidato a presidente el año que viene.
Quienes lo acompañan desde hace tiempo destacan la concentración y el entusiasmo con que se dedica a estos encuentros. Sigue el objeto de la estrategia "Próximo paso", una cartilla que atribuyen al pollster Guillermo Raffo y a la mesa de encuestadores que encabeza Mora Jozami.
La cartilla instruye a los dirigentes a no abrir la boca sobre candidaturas, pero sí levantar al partido, en especial a los militantes que tienen cargos de representación popular, para disputarle el espacio a La Libertad Avanza donde se pueda o convenga.
La doctrina señala que el gobierno de Milei es el primer paso en la aplicación del plan de 2015 que se frustró en lo que refiere a la macroeconomía. Esto no se discute.
Lo que se discute es la capacidad de Milei de ser la consecución de su propio programa, algo que viene a querer decir como que Milei debería terminar su mandato y, para salvar su propio plan, dejarle la conducción del Estado al PRO, que ha provisto ya planes y funcionarios al actual gobierno.
La idea de que Milei es una gestión de transición la formuló también Ernesto Sanz, que reapareció esta semana con una visibilidad política que no se le conocía desde hace tiempo, cuando dice que "lo de Milei es una transición. Y como transición no me preocupo en armar algo para ganarle a Milei, yo me preocupo por ir a buscar ese electorado que hoy está con Milei porque no tiene otra cosa, y que cada día está menos con Milei. Y entonces en ese electorado yo trato de encontrar la salida, no para ganar en una primera vuelta, porque yo no creo que nadie esté en condiciones de plantearse hoy ganar una primera vuelta, ni el peronismo, que siempre arranca con alguna ventaja por esa base social de sobrepique que tiene, ni Milei, ni nadie que arme una cosa. Pero yo quiero ver un ballotage, quiero ver qué pasaría en un ballotage."
Según esta visión un gobierno tiene que crecer por sobre las tribus internas y o desgastarse en desplazar a sus disidentes, como cree que ocurrió en el gobierno de Macri. A este respecto, opinó que "Miguel Pichetto en el 2019 llegó tres años tarde. No por culpa de él.
Si ese Miguel Pichetto del 2019 hubiera llegado en el 2016, como presidente del bloque de senadores, con todos los gobernadores justicialistas detrás, otra hubiera sido la historia en la Argentina. Entonces, esto de optar por los antagonismos, optar por la sustitución, “yo le gano al otro y me hago cargo del todo”, esto ha fracasado y está fracasando hoy en la Argentina."
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