Los próceres no juegan con Lego
El 25 de Mayo, Milei publicó en sus redes un video en estética Lego donde Belgrano pregunta: “¿Cómo se verá la Argentina en el futuro?”. El prócer viaja al presente, llega a la Plaza de Mayo, observa la multitud, sube al balcón de la Casa Rosada para saludar junto al presidente y su hermana. El video cierra con la frase: “Siguiendo el camino de nuestros próceres”.
El montaje invita a una equivalencia simbólica: asociar a Milei como un prócer reconocido por uno de sus iguales. Pero los próceres no se autodenominan. La construcción del héroe es siempre póstuma y siempre colectiva. Belgrano no se sabía héroe. Murió sin saberlo. Se convirtió en héroe no solo por la creación de la bandera.
Belgrano es una figura de lectura no lineal. Peleaba contra los españoles , no juró por Fernando VII, y se negó a hacerlo por el rey de Inglaterra. Abogaba por la apertura comercial contra el monopolio español y coincída con Inglaterra en la libertad de comercio, pero al mismo tiempo impulsó la agricultura, la educación técnica y una economía orientada al bienestar general. Quería libre comercio bajo una autoridad propia, no bajo otra corona: entendía que se puede querer comerciar con el mundo y al mismo tiempo defender que ese comercio lo decida el gobierno local.
Los estudiosos de su pensamiento señalan que su convicción central era que no existe verdadera prosperidad sin reconocimiento social del trabajo, y que la tarea de los ilustrados criollos era la emancipación de los pobres. Su pensamiento es demasiado complejo para ser bandera exclusiva de nadie. Y eso, paradójicamente, es otra razón por la que es un héroe: su pensamiento no cabe en ninguna grieta.
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Milei lo reclama como propio, en las antípodas también lo hace Cristina, que lo declaró públicamente su prócer preferido porque “cuando tuvo que elegir entre su vocación y el deber, eligió el deber”. Ella lo toma desde el eje del Estado activo, la soberanía económica y la educación pública. Milei se lo apropia por el librecambismo. Belgrano creía en la soberanía y creía en abrir el puerto.
Finalmente, todos tienen derecho a la libre interpretación. Lo que no se tiene derecho es a construir una equivalencia que la historia no ha otorgado. En el video, Belgrano sube al balcón junto a Milei y Karina como si la historia tuviera dos momentos fundacionales: 1810 y 2026. Esa es la audacia del montaje: no dice “el héroe me reconoce”, dice “yo soy como él”. Belgrano no se autoproclamó héroe. Milei está demasiado apurado.
A un prócer se le reconoce por su vocación de servicio. La tuvo Belgrano. La tuvo San Martín. En Milei, esa vocación está lejos de ser reconocida por la mayoría de los argentinos. La encuesta nacional que procesamos esta semana dibuja otra imagen: solo un 35% aprueba su gestión; el 77% de los argentinos está triste o con bronca; solo 33% cree que en un año las cosas mejoraron ; el 63% quiere cambiar el modelo económico; solo el 26% le reconoce capacidad para gobernar. Más de la mitad cree que su gobierno es corrupto. El juicio positivo de la historia está, por ahora, muy lejos de considerarlo un prócer.
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El mismo 25 de mayo en que Milei publicaba el video del Lego, el arzobispo García Cuerva le decía desde el altar de la Catedral que los pobres “ya no pueden más”, que “es cruel y escandalosa la ostentación” y que si se apuesta a una Argentina donde solo “unos pocos se beneficien”, el tejido social irá camino al enfrentamiento. Dos lecturas del mismo día patrio: una en píxeles de plástico, otra en la dureza de la realidad. Difícil que Belgrano aplaudiera a Milei.