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infobae.com · hace 33 minutos

Ni a 24° ni a 25°: a qué temperatura hay que poner el aire acondicionado en invierno para ahorrar energía

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El uso del aire acondicionado con fines de calefacción se consolidó como una alternativa relevante para quienes no cuentan con sistemas tradicionales. El punto de ajuste de la temperatura marca la diferencia entre un consumo energético elevado y un gasto controlado. En este contexto, especialistas recomiendan configurar el aire acondicionado en invierno entre 20°C y 22°C (68°F y 71.6°F) para lograr un equilibrio entre confort térmico y eficiencia energética.

La regulación de la temperatura toma un papel central cuando se busca ahorrar dinero en la factura eléctrica y mantener un ambiente saludable. Según expertos y fuentes especializadas del sector energético, cada grado adicional en la configuración puede aumentar el consumo energético de manera considerable. La franja óptima de 20°C a 22°C permite estabilizar la diferencia entre el exterior y el interior, evitando sensaciones incómodas de frío y el sobreesfuerzo del equipo.

Durante la noche, la temperatura recomendada desciende: ajustar el aire acondicionado a valores entre 15°C y 17°C no solo reduce el gasto sino que también favorece el descanso. Los expertos en climatización coinciden en que dormir en un entorno ligeramente más fresco puede resultar más saludable y reparador.

La eficiencia del aire acondicionado no depende sólo del ajuste de la temperatura. Otros factores inciden directamente en el consumo y el confort:

Primer plano de unas manos masculinas retirando el filtro de malla gris de un aparato de aire acondicionado split blanco montado en la pared.

Diversos hábitos pueden potenciar el ahorro energético del aire acondicionado en invierno:

El correcto mantenimiento del aire acondicionado es vital para asegurar su eficiencia. Limpiar los filtros y realizar chequeos periódicos evita obstrucciones y ayuda a que el aparato funcione de forma óptima. Un sistema limpio necesita menos energía para alcanzar la temperatura programada y prolonga la vida útil del equipo.

Además, la dirección del flujo de aire desempeña un papel estratégico. En invierno, orientar el aire caliente hacia abajo permite que se distribuya de manera uniforme en el ambiente. En verano, los especialistas recomiendan dirigir el aire frío hacia el techo, ya que el aire frío, más denso, desciende de forma natural y enfría la estancia de manera homogénea.

Los termostatos inteligentes y la posibilidad de programar el encendido y apagado del sistema permiten adaptar la climatización a las rutinas diarias. Esta función evita que el equipo permanezca encendido cuando no hay personas en el ambiente, limitando el consumo sin sacrificar el confort.

Durante los meses cálidos, los parámetros de eficiencia presentan algunas diferencias. Las recomendaciones de especialistas sitúan la temperatura ideal entre 24°C y 26°C . Mantener el aire acondicionado en este rango ayuda a evitar esfuerzos excesivos por parte del equipo y previene un aumento desmedido del consumo energético.

Se aconseja evitar diferencias térmicas superiores a 12°C entre el exterior y el interior, ya que pueden surgir molestias de salud, como resfriados o problemas respiratorios. Además, el flujo de aire frío debe orientarse hacia arriba, aprovechando la tendencia natural del aire frío a descender.

Vista trasera de una persona en pijama de rayas ajustando la temperatura de un aire acondicionado con un control remoto. El aire frío sale del aparato.

El modo “ECO” se consolidó como una herramienta útil en equipos modernos. Este sistema ajusta automáticamente la potencia y la frecuencia del compresor para optimizar la eficiencia, lo que se traduce en un ahorro importante durante largos periodos de uso. Es especialmente útil en oficinas o viviendas donde el aire acondicionado permanece encendido durante varias horas.

El uso conjunto de ventiladores y aire acondicionado representa otra estrategia efectiva. Los ventiladores, tanto de techo como portátiles, facilitan la distribución del aire frío o caliente en la habitación. Esta combinación permite elevar ligeramente la temperatura programada del aire acondicionado sin perder confort, ya que el movimiento del aire ayuda a mantener la sensación térmica deseada. De esta forma, se reduce el esfuerzo del sistema de climatización y se limita el gasto energético.

La programación inteligente y el uso de termostatos avanzados permiten un control detallado sobre el consumo de energía. Estos dispositivos ofrecen la posibilidad de establecer temperaturas y horarios específicos para cada momento del día, evitando el uso innecesario del equipo. Adaptar el encendido y apagado a la presencia de personas en el ambiente potencia la eficiencia global y contribuye a la reducción del gasto.

Los termostatos inteligentes pueden ajustar la temperatura no solo según el horario, sino también en función de las condiciones externas y las rutinas habituales del hogar. Este nivel de control favorece un uso más racional del aire acondicionado, optimizando su rendimiento sin descuidar el bienestar de los ocupantes.

Además de los parámetros técnicos, existen hábitos cotidianos que potencian el ahorro energético:

Estos hábitos, sumados a una correcta configuración del equipo y el aprovechamiento de las funciones inteligentes, marcan la diferencia en el consumo energético global del hogar u oficina.

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