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lanacion.com.ar · hace 15 horas · Julio Conte-Grand

El desafío de ser custodios de lo humano en la era de la IA

LA NACION

El 15 de mayo de 1891, Su Santidad el Papa León XIII firmó la Encíclica Rerum Novarum (“De las cosas nuevas”). Ciento treinta y cinco años después, el 15 de mayo de 2026, León XIV, presenta al mundo su Encíclica Magnifica Humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

El Papa escribe en el centro de la Quinta Revolución Industrial, muy atento a las transformaciones técnicas, tecnológicas y culturales que envuelven a la humanidad.

La vida de las personas y las sociedades han experimentado a lo largo del tiempo cambios profundos que en su consideración se han definido como “revoluciones industriales”, cada una de ellas caracterizada por singularidades propias; la primera por la mecanización, la segunda por la electrificación, la automatización la tercera, y la cuarta la desmaterialización de los procesos y la interconectividad superintensiva. Ahora, el mundo pasó a estar cada vez más conectado y, llamativamente, en sentido inverso, menos vinculado.

La Inteligencia Artificial (IA), fruto manifiesto de las anteriores instancias del progreso técnico y tecnológico, ha provocado una nueva alteración sustancial en las formas de relacionamiento entre las personas y grupos de personas, dentro de sus respectivas sociedades y fuera de ellas, sustentada en distintas herramientas, por ejemplo las algorítmicas, y en una particularidad en extremo novedosa, toda la humanidad se encuentra ligada por un lenguaje común contenido en los prompts en los que se enraiza la IA y más particularmente la Inteligencia Artificial Generativa, y que nos enfrenta al padecimiento del “síndrome de Babel”, en palabras del papa León XIV. Es la Quinta Revolución Industrial.

El Papa se hace cargo de estas cosas nuevas, destacando que “la Doctrina social de la Iglesia es una realidad viva, en diálogo con la historia, las culturas y las ciencias y, al mismo tiempo, conserva un núcleo de verdad que no declina”.

Una copia de la encíclica de León XIV, en la plaza de San Pedro

Las nuevas herramientas e instrumentos generan indudables progresos y perfeccionan diferentes dimensiones del quehacer humano, provocando en paralelo inquietudes y riesgos en orden a los cuales resulta necesario adoptar decisiones que los evite sin impedir los desarrollos técnicos y tecnológicos que beneficien a la humanidad.

Para ello, enseña el Papa: “No basta invocar genéricamente la ética; se necesitan marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea. De otro modo, el cambio será gobernado sólo por lógicas tecnocráticas y presentado como necesario e imprescindible, terminando por imponer reglas dictadas por quienes poseen datos, infraestructuras y capacidad de cálculo”.

Hay múltiples antecedentes en ámbitos públicos y privados en nuestro país y en el exterior en los que se ha asumido esta función eminente. En esa línea en la Procuración General de la provincia de Buenos Aires dictamos la Resolución 2072/25 el 17 de diciembre de 2025, aprobando el “Marco normativo y estratégico para la adopción responsable de la Inteligencia Artificial Generativa en el Ministerio Público de la provincia de Buenos Aires”.

"El desarrollo humano integral es el horizonte en el cual se han de leer las transformaciones de nuestro tiempo, incluyendo las de la revolución digital", dice el Papa en su encíclica

Como recuerda el Papa, el peligro de que la humanidad sea víctima de sus propias conquistas había sido ya percibido con lucidez por San Pablo VI, al advertir que “los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados de un auténtico progreso social y moral, se vuelven, en definitiva, contra el hombre” (S. Pablo VI, Discurso en el 25º aniversario de la FAO). Ha sucedido varias veces en la historia.

Nos dice asimismo el Papa : “( …) el desarrollo humano integral es el horizonte en el cual se han de leer las transformaciones de nuestro tiempo, incluyendo las de la revolución digital. (…) Las innovaciones tecnológicas -incluida la inteligencia artificial- no son neutrales; pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión. (…) Por eso, han de ser examinadas con una pregunta decisiva: ¿contribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones futuras?”.

Entre los riesgos emerge visible el de la posible profundización de las inequidades, o de nuevas desigualdades en desmedro de aquellos para los cuales las nuevas tecnologías son inaccesibles por diferentes motivos, por citar, entre otros, los rezagados educativos. “En un mundo donde pocos sujetos concentran datos, capital informático y capacidad normativa, hablar de bien común significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA”.

El Papa nos requiere atención para recuperar la iniciativa del cambio cultural, rehumanizando los sistemas y los procesos

Alessandro Baricco (The game) explica que si bien los cambios técnicos y tecnológicos provocan cambios culturales siempre son en rigor consecuencia de un cambio cultural. La cultura genera las transformaciones técnicas y tecnológicas y es la cultura la que debe ordenarlos a un fin deseado, a un fin bueno. En palabras del papa León XIV, corresponde “hacer emerger los presupuestos culturales que acompañan la revolución digital en curso”. “La inteligencia creativa del ser humano es un don que puede aliviar sufrimientos y abrir nuevas posibilidades, pero debe permanecer ordenada al bien común, a la justicia, al cuidado de los frágiles y de la creación.

El papa León XIV, con enjundia, profundo conocimiento de la realidad y vocación de acompañamiento pastoral nos requiere atención para recuperar la iniciativa del cambio cultural, rehumanizando los sistemas y los procesos. “Permanecer siendo humanos”, nos reclama el Papa.

Para ello, en esta encíclica se interpela a determinar “qué significa custodiar lo humano”. Señala el Papa: “La capacidad de saber cuidarnos los unos a los otros es una dimensión importante de nuestro ser humano. Esta capacidad se aprende y se perfecciona con la experiencia”. Mediante una tarea en conjunto, en comunidad y con acompañamiento, sobre todo a quienes más lo necesitan. Evitar que nos transformemos en “espectadores resignados a las fracturas sociales y culturales, ni simples comentaristas de las ruinas, sino mujeres y hombres que entran en las obras de la historia -laboratorios de investigación, empresas tecnológicas, escuelas, medios de comunicación, instituciones, comunidades locales- para levantar lo que se ha derrumbado y proteger lo que está expuesto”.

Julio Conte-Grand

Procurador General de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires

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