Del vértigo de la IA al riesgo de que se escape la tortuga (otra vez)
Es difícil seguirle el tranco al largo -y por momentos agotador- debate sobre el uso o el abuso de la Inteligencia Artificial y cómo nos cambió y cambiará la vida. Algunos ya vivimos algo parecido cuando se masificaron las computadoras y lo volvimos a vivir cuando se popularizó internet: hay que estar al día, no podemos quedarnos al margen, pero cuesta distinguir la paja del trigo entre tantos pronósticos que auguran desde maravillas nunca vistas hasta un irremediable apocalipsis planetario.
Este lunes, sin ir más lejos, el papa León XIV advirtió sobre el mal uso de la IA en su primera encíclica, Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad), no casualmente fechada el 15 de mayo, 135 aniversario de la trascendental Rerum Novarum (De las Cosas Nuevas) de León XIII, que sentó el pensamiento de la Iglesia ante la Revolución Industrial, otro momento histórico en el que los cambios fueron tan rápidos y profundos que alteraron literalmente al planeta.
En un gesto clarísimo, el sucesor de Francisco la presentó junto a Christopher Olah, cofundador de Anthropic, una de las mayores empresas de IA. León escribió: “La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias”.
“En abstracto, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”, planteó.
Un mensaje a los líderes mundiales, reclamándoles que protejan a la gente de los efectos más disruptivos de la IA.
Afectan, por ejemplo, a la seguridad nacional de las potencias. La última noticia, en ese sentido, son los 9.000 millones de dólares aprobados en secreto por la Casa Blanca para comprar los chips de última generación que los servicios de inteligencia de Estados Unidos necesitan para mantenerse al día con los avances y modelos de IA, según informó el viernes The New York Times.
Inquietan al común de la gente, también: el 22% de los estadounidenses cree que es “muy” o “algo” probable que pierda su trabajo en los próximos cinco años, reemplazados por la IA o la automatización. Es un pronóstico sombrío, que sin embargo no cuenta con el respaldo de la historia, ya que hasta ahora cada tecnología que se impuso terminó generando más empleo. Pero…
En la Argentina se estima que 6 de cada 10 usan IA en sus tareas cotidianas, mayormente para búsqueda de información, generación de textos, estudiar, programar o traducir. Su adopción crece entre los jóvenes -obvio- y entre las personas de mayor nivel educativo.
Sin embargo, no llegan al 20% las empresas con una estrategia integral de IA. Y, sobre todo, se nota un vacío al respecto por parte del Gobierno, que hasta ahora se refirió al rubro, en general, apenas como un sector más de potenciales inversiones (como sede de data centers, básicamente).
Más allá del confuso plan anunciado el viernes llamado Gemelo Digital, por parte del Ministerio de Capital Humano, que pareció un gesto grandilocuente y no un avance concreto, sería loable que hubiera proyectos ya en marcha sobre cómo incorporar la IA a pleno en la administración pública estatal, provincial y municipal. Y cómo usarla en la educación, en la Justicia y en Defensa.
No se habla aquí de regulación. Ese es otro debate. Se trata de la adopción, de usar bien la herramienta, de ser eficientes.
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