El error que casi le costó el desarrollo a Chile
Hay momentos en que una estrategia de desarrollo corre el riesgo de descarrilar, a causa de una mala decisión. Un caso emblemático fue el de Chile, cuyo progreso económico ha sido notable.
En su libro El proyecto Chile, el economista Sebastián Edwards analiza el proceso llevado a cabo por los célebres Chicago Boys a partir de mediados de los años ’70, en el gobierno de Pinochet. Y relata en detalle el error que pudo haber aniquilado su plan: la adopción de un tipo de cambio fijo de 39 pesos por dólar entre 1979 y 1982. Examina a su vez, cómo luego un joven ministro de Hacienda —Hernán Büchi— optimizó y consolidó un modelo de desarrollo basado en exportaciones.
Edwards relata cómo Pinochet se reunió con el economista Milton Friedman —de la Universidad de Chicago— en 1975, y fue convencido a aplicar un modelo de libre mercado. Friedman recomendaba un “tratamiento de shock”, ya que la inflación llegaba al 350% y era un caso ejemplar de excesos monetarios, en un país con un déficit fiscal que era del 10% del PBI, y era financiado completamente con emisión de moneda.
El economista le dijo a Pinochet que adoptar un sistema de libre mercado era la única manera de alcanzar un crecimiento sostenido. El programa debía incluir la apertura de la economía a la competencia internacional, un vasto programa de desregulación, la liberación de las tasas de interés y todos los precios, y una reforma laboral. Friedman le advirtió a Pinochet que el tratamiento de shock implicaría a corto plazo, un alto desempleo.
El Plan de Recuperación Económica se implementó en Abril de 1975, e incluyó una reducción de gastos del 15% en todas las áreas estatales. También se eliminaron los 10 tipos de cambio existentes, para tener un solo tipo de cambio, con una devaluación del 90% de la divisa nacional.
A partir de allí se implementó un régimen de anclaje móvil, en que la tasa de las minidevaluaciones era determinada por el diferencial entre inflación doméstica e internacional.
Además se fueron reduciendo las tarifas de importación de un rango de 30%-65% a una tasa uniforme de 10%. Los resultados de este plan fueron muy positivos entre 1975 y 1979, donde se logró un crecimiento de 8% anual y donde la exportaciones pasaron a representar un 22% del PBI en 1979.
Este primer plan fue implementado por economistas educados en la Universidad de Chicago. También habían Chicago Boys “Honorarios” que provenían de otras universidades de EE.UU. Dos destacados fueron Miguel Kast y José Piñera—de Harvard—, hermanos mayores de los futuros presidentes José Antonio Kast y Sebastian Piñera.
Pero en 1979 llegó lo que Edwards llamó “el error que casi nos costó el futuro”. En un contexto de inflación anual del 30%, el ministro de Hacienda Sergio de Castro decidió adoptar un programa de estabilización basado en un tipo de cambio fijo. Así, fijó el tipo de cambio en 39 pesos por dólar, lo que se mantuvo hasta 1982.
Pero en cada mes entre junio de 1979 y junio de 1982 la inflación doméstica de Chile fue muy superior a la internacional, generando una creciente sobrevaluación del peso y una reducción de la competitividad internacional del país. Los costos domésticos aumentaban al ritmo de la alta inflación doméstica mientras que los precios de los productos importados y otros precios internacionales aumentaban acorde a la mucha más baja inflación internacional.
Esto fue un error muy importante que llevó a una gran crisis en 1982, y casi tuvo como resultado el fin de las políticas de los Chicago Boys. La adopción del tipo de cambio fijo dio lugar a un creciente déficit de cuenta corriente y a mediados de 1982 las autoridades no pudieron mantener esta situación. El peso se devaluó en un 13%, dando comienzo a un proceso de devaluación del 70% en los próximos 30 meses. Esto llevó a una enorme crisis bancaria, pues los bancos habían acumulado deudas en el exterior en dólares, y sus préstamos a clientes eran en pesos. Otras gravísimas consecuencias fueron que el PBI decreció en un 15% y el desempleo llegó al 25%.
Pinochet, decepcionado con la primera generación de Chicago Boys, probó con otros economistas —sin éxito—, antes de confiar en una nueva camada de Chicago Boys. Liderados por Hernán Büchi, un ingeniero con un Master en Columbia, estos neoliberales eran más flexibles y no tan dogmáticos. El enfoque era uno de “pragmatismo dentro de los parámetros neoliberales”, y el foco estuvo en la aceleración del crecimiento y la recuperación de empleos. Si bien les preocupaba la inflación —de 25% anual—, esta no era una obsesión.
La estrategia de Büchi para lograr un crecimiento acelerado se basó en la rápida expansión de las exportaciones, sostenida por un peso barato y altamente devaluado. Esto implicó volver al anclaje móvil o de minidevaluaciones, que Friedman aprobaba.
Pero la tasa de las minidevaluaciones no era preanunciada, y dependía de múltiples variables. A su vez seguía la tasa de importación única del 10%. Büchi insistía en tres principios para potenciar las exportaciones: un tipo de cambio real alto, no exportar impuestos, y promocionar las exportaciones. Así, durante esta segunda ronda de reformas (1984-1990) el promedio anual de crecimiento fue de 6,4%, con la tasa de desempleo bajando a 6,8%. A su vez las exportaciones llegaron al 31% del PBI.
De este modo, Büchi fue capaz de dar un enérgico golpe de timón, optimizando y salvando el modelo de los Chicago Boys, para legarle a los gobiernos democráticos —en 1990—, una economía dinámica y competitiva.
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