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infobae.com · hace 3 horas · Washington Abdala

Los lobos solitarios de Donald Trump

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No ha habido un presidente tan combatido y resistido como Donald Trump en la época contemporánea. No ha habido nadie a quien hayan querido asesinar tantas veces en su condición presidencial. A nadie más que a él le han aplicado tanta violencia. Si ese talante criminal hubiera sido hacia un gobernante del partido demócrata y no un republicano (sui generis) hoy tendríamos ríos de tinta analítica interpretando semejante locura. Intentar matar a Donald Trump se empieza a configurar como algo que pasa de tanto en tanto.

El individuo es una tromba humana, una especie de agitador constante y un catalizador de diatribas y facturas del pasado. Los necios dirán: algo habrá hecho. Es una justificación lindante con la complicidad delictiva. El autor intelectual de un crimen es el numen inspirador del mismo. La ley lo debería ubicar siempre.

No existen los lobos solitarios. Esa es solo una expresión que se asume desde la ignorancia y el facilismo. Los supuestos lobos solitarios beben de las redes sociales el espanto y la maldad, avanzan hacia la condición de militantes criminales y asumen que pueden terminar el problema matando al perro, y así la rabia -supuestamente- se esfuma. Es creer en la magia. Muchos humanos creen en la magia.

El supuesto lobo solitario se adoctrina en la universidad de la moral superior de la causa a la que adscribe. Sin embargo, no entiende lo básico: alimenta el espiral de violencia de forma demencial en un círculo perpetuo que lo termina alcanzando. Su locura deriva en un estado superior de violencia. Nunca finaliza ese juego maldito. Hasta que -eventualmente- terminamos en Hiroshima como epítome de la locura absoluta. O pasamos a la “racionalidad del mal”, dirían algunos jugando a dar un paso más que Hannah Arendt en su “banalidad del mal”. ¿Acaso necesario? No lo creo, me inclino a creer que esta teoría nos puede aniquilar a todos.

Personajes como Donald Trump son hijos no deseados del wokismo asfixiante que cansó con sus poses, imposturas y necedades, un día sí, y otro también, produciendo una respuesta al tono por culpa de sus excesos dogmáticos. El que siembra vientos cosecha tempestades. Y así el hombre anda con la biblia en una mano y un huracán de sopapos del otro.

Obvio, a Trump lo tienen que “matar” -así como suena porque no lo soportan vivo y hablando- los que sienten habilitado usar esa prerrogativa, sin límite moral y sin umbral racional alguno. Están dispuestos a cercenarle la vida y por eso alimentan la locura. Saben bien lo que hacen aquellos que aumentan el calor en la olla a presión. Un delirio infernal.

Los llamados 'lobos solitarios' contra Trump no existen como tales, pues están impulsados por discursos de odio y rencor militante alimentado colectivamente. REUTERS/Kylie Cooper

Es tal la vocinglería ominosa, la capacidad de odiar y la ira que todo recurso narrativo anti-Trump se alimenta desde allí con supuesta razón justiciera como forma de combate ante el exceso retórico del presidente que tanto los irrita. Repito: no hay lobos solitarios, son lobos alimentados desde la trinchera del rencor, de la insania mental y del desprecio político militante. Esa es la única verdad. Y eso es tan delirante que hasta Donald Trump se equivoca al analizar a los que lo han querido exterminar. Resulta curioso que hasta el mismo compre la versión de las agencias de seguridad que hablan de “lobos solitarios”. Es raro que no hayan existido lobos solitarios operativos contra Joe Biden o Barack Obama. De tan grosero el asunto, no se lo advierte. La obsesión viene de un lado solo. Siempre del mismo lado enfurecido en pose de razón iracunda.

Seamos francos: ¿Cuántos gozarían la muerte de Donald Trump? Causa espanto oír conversaciones de café entre bastidores donde los progres woke se frotan las manos ante la barbarie en caso de que eso se produjera. ¡Y no me digan que esto es un invento! Lean las redes sociales, allí los autores intelectuales del odio se denuncian solos y la maledicencia no tiene protocolos. Hoy el striptease asesino está a la luz pública, nunca vivimos una época con tanta obscenidad intelectual a flor de piel. En el presente, cuando se odia, se trabaja para ello y se masifica en pocas horas las bravuconadas y los incendios con trolls y X entre meme y meme.

Hay algo tremendo en Donald Trump: representa el “tipo ideal” de cómo se imagina al “norteamericano” en la mente infantil del pensamiento de izquierda planetaria. Para ellos: es capitalista, le gusta ganar siempre, ama la fama, pulsea permanentemente, asume al mercado como una realidad, si puede lo tuerce a su favor y usa al gobierno como una plataforma de poder para acumular más poder y afianzar su causa nacionalista. No reproche el lector esa visión moral, es la que poseen quienes así razonan. Y la mentalidad de los chinos no deja de estar emparentada -para otros- con una visión contrapuesta pero simétrica: solo la ignorancia del gigante asiático hace idealizar su análisis. ¿Alguien imagina que una dictadura de un partido único es mejor que un régimen poliárquico y competitivo con base democrática? ¿De veras no se advierte el imperialismo asiático?

Lo que sucede con estos personajes contradictorios de la historia contemporánea -como Donald Trump- es que aciertan una, erran otra, la tercera es dudosa y así el ciclo se repite. Sí, quizás Hegel tenía razón en la descripción de su dialéctica. Pudo ser discutible los aranceles trumpianos en el territorio del comercio pero era un severo llamado de atención a China; lo de Venezuela con Maduro “extraído” en la operación del 3 de enero se parecía a una serie de Netflix con final aspiracional y esperanzas de refundación democrática; y la guerra contra Irán sonó a improvisación en su proceder, inevitable en su curso medio y entreverada en su etapa de cierre (y soy de los que creen que Irán es el peligro en la tierra, pero hubiera preferido más efectividad en ese asunto para cerrar el riesgo de manera más profesional y definitiva).

Seamos francos: es fácil estar contra Trump y su verborragia para aquellos que lo deseen. Es casi parte de la liturgia del idiota latinoamericano y del lugar común del que no hace esfuerzo por comprender el presente en su complejidad real. Trump es bocón, eleva la voz, razona por fragmentos temáticos, todo lo que se le pasa por la mente lo espeta, vive en una burbuja etnocéntrica y su familia no siempre está para morigerarlo. ¿Hay alguien en el planeta que lo ubique? ¿Existe alguien que le diga: te fuiste al demonio con tal tema Donald? Me temo que nadie en la tierra lo detiene y -creo- que casi nadie lo contradice. Y quien así actúe, es considerado un traidor en la corte. Es un lío porque ahora enfrenta su hora más delicada hacia la zona del pato rengo. Debería tener andariveles claros para evitar derrapar en zona de alta complejidad planetaria.

Donald Trump está solo. Y su soledad es un drama para todos. Puede ser que él no lo sepa. Ni el poder chino, ni el poder ruso están así. Todos tienen cortesanos y poderes intermedios orbitando a sus alrededores (factores de poder). Trump parece haberse erigido él en su lobo solitario, perdón, en un cocodrilo solitario y más bien en un cocodrilo rengo para ser más claro.

Los cocodrilos hacen daño hasta cuando mueren atacados por otras fieras, si es que mueren. Ya deberían saberlo todos y tener más cuidado.

La captura inmediata de Evo Morales es fundamental para una Bolivia próspera y segura