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infobae.com · hace 9 horas · Ricardo Israel

Chile: José Antonio Kast y los errores no forzados

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Desconozco si el presidente juega tenis, no sé siquiera si le gusta, pero en ese deporte se usa con frecuencia la expresión del error no forzado, consistente en un fallo cometido por un jugador cuando ejecuta un golpe en una situación cómoda, sin estar arrinconado por su rival, enviando innecesariamente la pelota a la red o fuera de los límites de la cancha.

Y es eso lo que le ha pasado a un gobierno, que, con gran rapidez, en el transcurso de poco más de dos meses ha pasado de ser el presidente con más votos de la historia moderna con el 57% de apoyo a solo un 37% de respaldo en las encuestas, es decir, poco más del tercio que ha sido la votación tradicional de la derecha, y todo por errores propios, igual que el tenis, errores no forzados, innecesarios.

Lo que ha ocurrido es llamativo, ya que Kast lo tenía todo a su favor, toda vez que los temas que permitieron su elección eran aquellos que lo favorecían además de haber sido por él impuestos, tales como el crecimiento económico y la inseguridad ciudadana. Las expectativas sobre su administración eran muy altas, después de un gobierno tan fracasado como el de Boric. Sobre todo, no solo había sido el primer gobernante electo que reconoció que había sido partidario de Pinochet, sino que cambió el paradigma sobre el cual giraban los resultados electorales, ya que desde el retorno a la democracia había predominado la repetición del resultado del plebiscito que le dijo NO al general, mientras que la elección de Kast mostraba que la nueva mayoría era la del referéndum que rechazó la propuesta constitucional que hacía irreconocible al Chile histórico.

Lo más sorprendente es la velocidad, lo que demuestra dos cosas, primero, que los votos de la segunda vuelta son votos prestados, cuyo apoyo con rapidez puede desaparecer como también le pasó a Boric, y segundo, que, en la época de las redes sociales, existe muy poca paciencia en las democracias, siendo su situación similar a lo que le ocurrió recientemente al laborismo británico y a su primer ministro Keir Starmer, no siendo relevante a este respecto que uno sea de derecha y el otro de izquierda en sus respectivos países.

En el caso de Chile, la cadena de errores se hizo visible a partir de la respuesta a algo que prácticamente afectó a todo gobierno en el orbe, como fue la inesperada alza del precio del petróleo como consecuencia de los sucesos del medio oriente, toda vez que Chile casi no lo posee dentro de su territorio, aunque los errores habían empezado a notarse en la selección de sus ministros, toda vez que allí había una incomprensión de los cambios que habían tenido lugar en el mundo, ya que se daba la impresión que en su diseño político predominaba la búsqueda de lo económico en las relaciones internacionales, cuando hoy predomina, sobre todo, en EE. UU. la geopolítica, toda vez que la administración Trump más que socios, busca aliados en Latinoamérica.

Ahora, en esta ocasión los últimos errores no forzados tuvieron lugar en algo de mucho mayor impacto como fue en la política local, y si a esto se suma lo internacional, el problema de fondo del nuevo gobierno es que no hizo, y todavía no hace la transición desde estar en campaña a la de ser gobierno, es decir, de ser candidato a ser responsable del país. Además, todavía no se hacen los esfuerzos suficientes para bajar expectativas, por lo que se permitió que predominara la idea que había respuestas simples y fáciles para temas tan complejos como la delincuencia, por lo que el tiempo de instalación con el que antes los gobiernos podían contar hoy se ha reducido a un mínimo, ya que ni siquiera se pueden permitir los 100 días tradicionales. Y no solo en Chile, donde además Kast no tiene una clara mayoría, sino que para sacar adelante las leyes que necesita, deber necesariamente negociar los apoyos en el Congreso.

Tras triunfar con el 57%, el presidente chileno ve evaporarse la mayoría por errores evitables y una débil estrategia de gobernabilidad. (REUTERS/Rodrigo Garrido)

Si a lo anterior se le agrega que en algunos casos la selección de posiciones tan importantes como ministros no fueron afortunadas al nombrarse gente sin la experiencia o trayectoria necesaria, lo que dio la impresión de una coalición que seguía en campaña, olvidando que el primer deber de un gobierno es gobernar, sobre todo, que eso era esperado al ser mayoritariamente visto como uno de los atributos, dado la muy pobre gestión administrativa del gobierno de Boric, calificado popularmente como de estudiantes en práctica, por lo que una de las expectativas era que con Kast iría a haber gente con conocimiento de las materias a su cargo, improvisación que obligó al primer cambio de gabinete cuando recién habían transcurrido 69 días, no solo pidiendo renuncias sino transformando a otros secretarios de Estado en biministros, demostrando además que la lealtad seguía predominando.

En el caso de Kast, parte importante del éxito electoral se vinculó al eslogan que Chile estaba en una emergencia, en una encrucijada, por lo que se esperaba que se actuara en consonancia con ese diagnóstico. Lo que ha ocurrido muestra problemas serios de diseño, por lo que además de no haber hecho la transición de candidato a gobierno, se ha agregado una de las verdades más antiguas de la politica en democracia, cual lo es que no necesariamente quienes te han acompañado en la campaña y que han colaborado en el triunfo electoral son quienes una vez en el gobierno, deban seguir ocupando posiciones de poder y autoridad.

No es un caso único, sino que antes, también otros gobiernos han tenido dificultades semejantes con sus diseños originales, pero han reaccionado pudiendo superar el contratiempo, tal como por ejemplo le ocurrió al expresidente Frei. En el caso de Kast no se aprovechó la oportunidad de hacer cirugía mayor, con lo que sigue rondando la incógnita acerca del tipo de gobierno que será, como podrá responder a las inmensas expectativas que acompañaron su victoria en las urnas, y como logrará adaptarse a un entorno cambiante, incluyendo los cambios favorables que han tenido lugar en la región, con varios gobiernos electos representando domicilios similares en lo ideológico.

En cuanto a adaptación, a la política se le aplica también el principio evolutivo que estableció Darwin en El Origen de las Especies, que mejor sobreviven no los más fuertes, sino quienes se adaptan a los cambios. Fue así que durante la campaña el diagnostico de Kast fue muy acertado y se adelantó a la mayoría de los chilenos, cualidades que no se han demostrado en el gobierno. El resultado ha sido dañino para el presidente recién electo, ya que su administración se ha entrampado en un debate pequeño con una oposición que no le reconoce nada, por lo que en este terreno Kast tiene mucho que perder y poco que ganar.

José Antonio Kast de cabello gris habla en un podio con el escudo de Chile. Está flanqueado por varias personas, una mujer a la izquierda, un hombre con pin de Chile a la derecha

Kast ha tenido claridad en que más que encerrarse en La Moneda debe recorrer el país para seguir en contacto con la gente, y por ello ha pasado alrededor de un tercio de su tiempo en giras en terreno, quizás buscando reproducir lo que hiciera con mucho éxito en las urnas Alvaro Uribe en Colombia. Sin embargo, nada cambia el hecho que necesita la aprobación de su paquete legislativo, donde el producto estrella es una propuesta de ajuste del gasto público y de reactivación económica, y tan solo para que sea discutido y aceptado en tramitación legislativa necesita algunos votos que no posee, pero, aunque los obtenga como parece haberlo logrado con un partido populista pequeño, necesita de todas maneras un golpe de timón, un cambio en las características del debate que está teniendo lugar. La oportunidad se le ofrece el 1 de junio para corregir rumbos, ya que ese día es su cuenta pública anual, la primera desde que fue juramentado.

Pero ¿qué pasa si no logra el golpe de efecto que necesita? Ahí reside la gran pregunta política del momento, y mi opinión es que existe la necesidad de un viraje, entender que el gobierno debe entregar respuestas y soluciones, no una guerra cultural, sobre todo, después de que Boric le legara un país en franco retroceso, prácticamente en crisis, según todo indicador relevante.

En ese sentido, ceo que en su cuenta pública Kast debe mostrar un horizonte, convencer a quienes no son de derecha que una nueva mayoría es posible durante su gobierno. La pregunta es ¿para qué? La respuesta, mi respuesta, es que se necesita un cambio en el clima político, en la conversación del país. Es en ese sentido que Kast tiene a mano el ejemplo más exitoso de la historia moderna del país, el Chile de la transición, que tanto en su versión de centro izquierda como de centro derecha acumularon tres décadas continuas que cambiaron para bien al país, y lo transformaron de ser uno del promedio a aquel que lideró a la región en muchos indicadores de crecimiento económico y de desarrollo social.

El gobierno carece hoy de un relato, Boric es historia y los problemas que dejó pasaron a ser de Kast, y son de tal envergadura que en vez de la polarización, Chile necesita un gran Acuerdo Nacional, con mayúsculas, con dos objetivos tales como avanzar a ser un país desarrollado que también tenga una mejor democracia, una de calidad, para lo cual el mejor ejemplo, comprensible para todos y al cual se puede acudir con rapidez, es aquel que mejor resultado ha dado, siendo además reciente, la llamada Democracia de los Acuerdos de la transición, que cambió la fisonomía del país. Por lo demás, era la estrategia que se seguía hasta que fuera descarrilada por la violencia que estalló en octubre del 2019.

La elección de Kast pareció haber cerrado esa etapa octubrista ya que su victoria se labró remando en contra de la violencia callejera y el extremismo constitucional. En este proceso lo que había sido la corriente principal de la política chilena perdió representatividad, ya que la centro derecha y la centro izquierda prácticamente desaparecieron junto con expresiones políticas como la democracia cristiana. Por lo tanto, en Chile existen grupos importantes que no se sienten representados como tampoco han sido convocados a un nuevo proyecto político, sector cuyos requisitos son que sea moderado y más bien de centro.

Hoy Kast preside Chile, pero en condiciones de un nuevo contexto nacional e internacional, donde las decisiones tomadas a partir de impactos tan grandes como el alza del precio del petróleo no han dado el resultado esperado, agravado por una oposición obstruccionista que busca empantanar los proyectos con una infinidad de indicaciones en el Congreso.

El gobierno necesita salir del debate pequeño y convocar a un gran acuerdo nacional con fuerzas más allá de la derecha que hoy no se sienten representadas, para abordar una situación nacional e internacional que ha dejado de entender. En definitiva, aprovechar y no desperdiciar la posibilidad que se ha abierto para convocar a un gran acuerdo, donde las promesas de campaña deben ser parte de un horizonte que trascienda a la derecha y a mayorías transitorias, para que pueda ser continuado en otros gobiernos, exactamente lo que ocurrió después de la transición a la democracia que encabezara Aylwin.

Es la oportunidad que se le abre a Kast, para que pueda superar el complicado momento que vive, siendo requisitos ineludibles dejar de compararse con el gobierno de Boric y pasar a proponer un horizonte centrado en el desarrollo en lo económico y en una mejor calidad de la democracia en lo político, dos grandes objetivos, y nada más que esos dos, considerando que es un gobierno de solo cuatro años sin reelección inmediata. La forma de salir de los problemas actuales es mostrar un horizonte, una meta donde se inserte la verdad que los recursos son escasos, por lo que toda política pública debe justificar su razón de ser.

El problema no es comunicacional y no se soluciona diciendo mejor lo que se dice, tampoco es solo chileno, sino que se da en muchas partes del mundo, lo que no debe servir de excusa, sino de aliciente para cambiar la conversación, para poder insertar necesidades de Estado y no solo partidarias. A modo de ejemplo, que para Chile es clave poder tener al mismo tiempo buenas relaciones con EE. UU. pero también con su principal socio comercial como lo es China, tal como en su oportunidad el presidente Lagos logró explicar dentro y fuera del país, que quería firmar el Tratado de Libre Comercio con Washington pero que votaría en el Consejo de Seguridad en contra de la invasión de Irak el 2003.

El voto de segunda vuelta fue mayoritariamente un rechazo a la continuidad de quienes gobernaban con Boric, una selección entre alternativas, reducidas a dos. Ahora, en el día de hoy, lo que está ocurriendo demuestra la necesidad que esa mayoría transitoria se convierta en adhesión a una propuesta que logre incorporarlos y que vea en Kast algo mejor que el mal menor.

Vista aérea de legisladores chilenos, hombres y mujeres, en un hemiciclo. Varios levantan el pulgar; hay banderas chilenas sobre los escritorios

Se debe aceptar el hecho que la fórmula seleccionada para la primera etapa del gobierno simplemente no dio el resultado esperado, por lo que se debe buscar otro camino, aprovechando que tiene por delante un lujo del que no dispusieron otros gobernantes, al no tener elecciones durante un par de años, lo que tiene la ventaja adicional de posibilitar el cambio, toda vez que si hubo una característica en las muchas elecciones de todo tipo que tuvieron lugar a partir de la violencia del 2019, es que el electorado modificó su opinión en cada elección en relación a la anterior, eligiendo a veces a la alternativa más opuesta, lo que no es confusión, sino búsqueda de algo mejor en democracia.

Para Kast esta crisis autoprovocada es la oportunidad para proponer un proyecto, una idea que no solo supere el momento, sino que se prolongue en el tiempo, algo que pueda ser seguido por otros gobiernos como tarea-Estado, tarea-país. Hoy, mirándose incluso al espejo, en el caso del presidente, debe ser difícil para una persona que lo había hecho bien hasta que empezó a hacerlo mal, salir de esta trampa, dónde el “elefante en la habitación” son los errores propios.

Kast debe encontrar y dar la confianza a quien sea capaz de llevar adelante una nueva estrategia, a quien ordene a la coalición, ya que incluso ha ocurrido lo que nunca pasó en campaña como tampoco durante su travesía del desierto, la de sufrir fuego amigo y la disputa y hasta descalificación entre partidarios del gobierno. Si no al principio, Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet pudieron encontrar a esa persona. Tambien le ocurrió a Piñera cuando incorporó a alguien tan experimentado como su primo Chadwick y hasta Boric lo hizo al empoderar a Elizalde.

El momento para Kast ha llegado, siendo razonable recurrir a lo tradicional en Chile, cual lo es respaldar al ministro del Interior para que cumpla esa tarea con el poder que tradicionalmente ha sido asociado con ser el jefe de gabinete, es decir, la persona que ordena políticamente al gobierno, para que el presidente pueda cumplir la función de ser jefe de Estado. En otras palabras, no basta con declararlo, sino que todos deben percibir que hay poder real en quien cumple esa función. Guardando las proporciones, el ejemplo clásico es lo que fue Kissinger para Nixon en relaciones internacionales, solo que esta vez es a nivel local, y, por cierto, en forma mucho más modesta.

Continuando con ejemplos conocidos por todos, si para Clinton la necesidad radicaba en que él y todos entendieran que la economía era el problema, hoy con Kast el problema radica en el diseño, con un “segundo piso” de asesores que han terminado perjudicando al gobierno al otorgárseles funciones de control y dirección política que simplemente no tienen respaldo ni legal ni constitucional, y que en vez de ordenar al gobierno lo han desordenado al provocar fracturas internas.

La resolución de la crisis creada por errores no forzados exclusivamente radica en el despacho presidencial, ya que Chile es un país no solo centralizado sino hiperpresidencializado, lo que en general ha servido para que las instituciones funcionen mejor que en otras partes,

Como conclusión, es hora de no solo reconocer que se debe modificar un diseño que no está funcionando bien, sino hacer algo al respecto, modificando la conversación. Por lo demás, todas las tradiciones culturales poseen historias de que algo puede salir mal cuando se quiere hacer el bien, pero tal como enseña un tradicional proverbio chino, cuando soplan los vientos de cambio, es mejor construir molinos de vientos que muros.

Máster y PhD en Ciencia Politica (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

Inteligencia artificial y Diplomacia