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infobae.com · hace 12 horas · Ana Iparraguirre

El arte de saber cuándo corregir

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El éxito no se trata de terminar todo lo que empezás. En su libro Quit: The Power of Knowing When to Walk Away, Annie Duke demuestra que cuando las personas ajustan sus metas y planes frente a los desafíos, avanzan más. La mayor fortaleza no es perseverar a cualquier precio sino tener la flexibilidad para distinguir cuando hay que insistir y cuándo hay que soltar.

Javier Milei enfrenta hoy esa disyuntiva. Los datos muestran una importante caída en su aprobación. Pero la suerte no está echada, hay algunos indicios de estabilización de la caída en las últimas semanas y el Presidente todavía tiene herramientas a su disposición para revertir la curva.

La caída de la aprobación de Milei es un dato de la realidad. No es opereta. No es una sensación. Y, sobre todo, no es sólo una encuestadora. Son todas. El promedio de las encuestas públicas de los últimos meses muestra una marcada caída de la aprobación presidencial que parece haberse estabilizado en las últimas semanas. La detención de la caída es un buen signo para el gobierno, pero todavía incipiente para afirmar una recuperación.

Gráfico de líneas que muestra la aprobación de la gestión de Javier Milei de 2023 a 2026, con puntos rojos y turquesa, y líneas verticales que marcan eventos

La situación es complicada, pero no es terminal. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella permite hacer una comparación histórica que resulta muy reveladora. La confianza en Milei es similar a la que tenía Macri a esta altura en su gobierno y significativamente mejor a la que tenía Cristina Kirchner a esta altura de su primer mandato. Como todos sabemos, con los mismos números de Milei, Macri no pudo reelegir. Pero Cristina, que estaba peor que Milei, revirtió esa tendencia y ganó las elecciones de 2011 con 54% de los votos.

Los niveles actuales de desaprobación de Milei no lo condenan de ninguna manera a un fracaso en las elecciones de 2027. La sociedad no le picó el boleto.

El gobierno tiene herramientas concretas a su disposición para revertir esta tendencia. Primero, una gobernabilidad más robusta que en sus primeros dos años le permitió avanzar con reformas importantes. Segundo, el poder para detener el daño a su gobierno, que es en gran medida autoinfligido. Y, por último, y como contracara a lo segundo, una oposición a la deriva con un poder de daño limitado.

Gráfico de líneas que muestra la aprobación de la gestión de Javier Milei de 2023 a 2026, con puntos rojos y turquesa, y líneas verticales que marcan eventos

Después de las elecciones de mitad de término, LLA pasó de controlar el 15% de Diputados y el 10% de Senadores a tener el 37% y 29% respectivamente. Quizás más importante que esto, ya no se encuentra en una posición defensiva porque logró tener el tercio de diputados que le permite sostener sus vetos y evitar un improbable juicio político. Y para darle todavía más aire, el peronismo por primera vez desde 1983 no tiene la primera minoría en el Senado.

Con este nuevo escenario legislativo, el gobierno ya se anotó victorias importantes. Con un 64% del Senado a favor, logró aprobar sin cambios el Presupuesto 2026, el primero en 3 años de gestión. También se aprobaron reformas largamente postergadas como la Reforma Laboral y la Reforma del Régimen Penal Juvenil. A todo ello se agrega el avance vertiginoso en la postulación de jueces.

EL gobierno se muestra optimista en el frente judicial. Envió en dos tandas más de 100 pliegos: 62 en marzo y 45 en mayo. Y, como lo describió Jorge Liotti en su columna de La Nación, sólo 11 de los 21 Senadores peronistas votaron en contra de la extensión del camarista Carlos Mahiques para poder mantenerse en su cargo hasta los 80 años. El peronismo ya no es un bloque monolítico.

Gran parte de estos logros legislativos se deben a una tregua con los líderes provinciales. Gobernadores que no pertenecen a LLA aportaron un total de 25 votos para la Reforma Laboral y 34 para la Reforma del Régimen Penal Juvenil. Este apoyo incluyó no sólo a gobernadores aliados sino también a gobernadores más díscolos como Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Ignacio Torres (Chubut) y Carlos Sadir (Jujuy).

afiches Axel o Milei

Pero este equilibrio con los gobernadores es inestable. En 2027 muchos de ellos se juegan su pellejo en las elecciones y su apoyo a Milei va a depender no sólo de los intercambios que reciban sino también de la estrategia electoral que persiga el Presidente en cada una de sus provincias. Un total de 22 provincias eligen gobernador el año que viene, y 15 gobernadores se juegan su propia reelección.

Basta mirar lo que pasó en los primeros dos años de gobierno de Milei. En 2024, el resultado de las votaciones en el Congreso fue parejo: 8 victorias contra 7 derrotas. En 2025, el gobierno perdió mucho más de lo que ganó: 9 victorias contra 22 derrotas. ¿Qué pasó en el medio? Milei decidió desafiar a muchos de estos gobernadores en sus provincias y el apoyo se desvaneció inmediatamente.

Seguramente veamos a muchos gobernadores anticipar las elecciones y adelantando el calendario electoral. Ellos saben que los argentinos votan distinto en una elección provincial que en una nacional. En 2025, 9 de los 10 gobernadores que desdoblaron sus elecciones ganaron en sus distritos (Jorge Macri en CABA fue el único que perdió). Pero ojo, unos meses más tarde Milei ganó la elección nacional en 6 de 9 provincias en las que unos meses atrás había ganado un gobernador de otro color político.

Buena parte del daño al gobierno es autoinfligido: el escándalo de $LIBRA, el caso ANDIS, el caso Adorni y las peleas internas sin descanso. La llave para desarticular estos problemas está en manos del propio gobierno.

Gráfico de líneas que muestra la aprobación de la gestión de Javier Milei de 2023 a 2026, con puntos rojos y turquesa, y líneas verticales que marcan eventos

El peronismo la está mirando desde el palco. Aunque parte de la oposición había pedido una sesión especial para interpelar a Adorni semanas atrás, el peronismo dilató el proceso. Cuando finalmente se juntaron los votos para la sesión especial, el pasado miércoles 20 de mayo, el oficialismo logró bloquear la sesión opositora que buscaba interpelar a Adorni por enriquecimiento ilícito mediante una maniobra reglamentaria. Muchos interpretan la demora inicial del peronismo como una jugada acordada con el oficialismo. La estrategia pareciera ser dejar que Adorni siga erosionando la figura presidencial desde adentro sin tener que transformarse en voceros de la causa. Claro, el peronismo tampoco ha sido un paladín de la transparencia y tiene a su líder presa por corrupción, por lo que este debate tampoco le resulta cómodo.

Hoy no hay nadie en la oposición que esté capitalizando el descontento con Milei. La gente puede tener una mirada crítica del Presidente, pero no ve una alternativa que la entusiasme para el futuro. Kicillof puede empapelar toda la argentina con carteles que digan Axel o Milei, pero la realidad es que hay cada vez más votantes sueltos que no responden a esta polarización.

De acuerdo a los datos de Shila Vilker de la consultora Trespuntozero, hace un año casi 9 de cada 10 argentinos eran Kicillofistas anti-Milei o Mileistas anti-Kicillof. Hoy hay casi 3 de cada 10 argentinos sueltos. Aquellos que responden que nunca votarían ni a uno ni al otro, que podrían votar a los dos, o que simplemente no saben pasaron de representar el 11% en 2025 al 29% en 2026.

Outsiders por doquier: La falta de un líder que logre enamorar a estos votantes sueltos dio lugar a una búsqueda desesperada por outsiders como Dante Gebel, Jorge Brito, Mario Pergolini o, en línea con las ilusiones mundialistas, el propio Lionel Scaloni.

El problema es que el fenómeno de los outsiders, para ser efectivo, tiene que tener un detonante orgánico. Es decir, tiene que haber una conexión entre lo que representa ese outsider y una nueva demanda social que hoy no parece estar presente. Y el outsider tiene que estar dispuesto a ser candidato. Porque si tan sólo de soñar se trata, ¿por qué no animarnos a pensar en el Presidente Messi?

El desgaste del gobierno se agrava por errores propios, escándalos y disputas internas continuas (EFE/Matías Campaya)

Continuismo: Como la caída del bloque de Milei es mayor a la caída del bloque de Kicillof, se desprende que gran parte de ese voto suelto concuerda a grandes rasgos con el rumbo de Milei. El consultor Pablo Knopoff de Isonomía bautizó a estos votantes como “siperistas” (de paso recomiendo la excelente entrevista que le hizo Luciana Vázquez que vale la pena ver). Estos votantes concuerdan con el rumbo general, pero…no quieren ajuste a los jubilados, o no les gusta la violencia verbal de Milei o condenan su falta de respuesta frente al caso Adorni.

Es por esto que surgen candidaturas que tratan de conectar con estos votantes que quieren mantener el rumbo de Milei. Mauricio Macri lanzó una candidatura presidencial anunciando que el PRO va a “completar” el cambio de Milei. Y el peronismo liderado por Juan Manuel Olmos en el encuentro del 1° de mayo en Parque Norte, también se corrió al centro. Olmos rescató los valores peronistas mientras que también sostuvo que “el progreso social sostenido requiere un orden macroeconómico que lo respalde. El equilibrio fiscal es una condición técnica necesaria para crecer con estabilidad”. Pero esto no termina ahí, en una entrevista reciente, el propio Aníbal Fernández respondió que no tocaría nada de lo hecho por Milei porque “el esfuerzo que le hicieron hacer al pueblo argentino no se puede dilapidar”.

El destino de Milei depende en gran medida de si tiene o no la flexibilidad necesaria para responder a este nuevo contexto. Es una apuesta difícil. Como aconsejó Kenny Rogers quizás la respuesta está en saber cuándo sostener, cuándo irse al mazo y cuándo levantarse de la mesa.

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