Exquisitos
Con poco tiempo de existencia, la editorial Partícula es un caso de sibaritismo literario. En su catálogo brillan nombres como Svietáieva, Savinio, Stein, Mandelstam y ahora Joris-Karl Huysmans, uno de los escritores más originales del cambio de siglo, de quien acaban de editar Un dilema y otras nouvelles, una colección de cuatro relatos. Huysmans (1848-1907) empezó siguiendo a Zola en el naturalismo, después fue una pieza central del decadentismo con su novela À rebours (un libro único, traducido como Contra natura, A contrapelo y Al revés) hasta que en los últimos años de su vida se (re) convirtió al catolicismo después de practicar el ocultismo y la crítica de arte (fue un temprano campeón del impresionismo). Me encontré en la Feria del Libro con Raúl Cuello, responsable de Partícula y traductor de Huysmans, quien me sugirió que era fundamental leer La bas o Allá lejos, otro libro del autor, donde su alter ego estudia al satánico Gilles de Rais.
Quien también recomienda leer a Huysmans es Michel Houellebecq en Sumisión, una fantasía política en la que un presidente musulmán llega al poder en Francia con la colaboración socialdemócrata. Su protagonista es un profesor de literatura que hizo su tesis sobre Huysmans y narra su conversión a la religión musulmana como una variante actualizada de la de Huysmans, lo que le permite volver a la universidad y tener varias mujeres que lo cuiden (la sumisión del título es la de la mujer al hombre, que debe ser absoluta). No sé si Houellebecq, con su habitual cinismo, quiere asustar a los lectores o hacer apología del islam, pero así como su ucronía es políticamente chapucera (los comunistas de Mélenchon se oponen al Estado musulmán), como lector de Huysmans, alrededor de quien se teje una trama secundaria más interesante que la principal, resulta realmente bueno. Esa virtud se nota, por ejemplo, en una cita de Breton: “El humor de Huysmans constituye un caso único de un humor generoso que permite al lector ir un paso por delante y lo invita a burlarse anticipadamente del autor”. O en el modo en que compara favorablemente a Huysmans con Léon Bloy, su contemporáneo y correligionario.
Houellebecq hace todo lo que puede para impugnar la conversión de Huysmans y la termina adjudicando (no sin ingenio) a su deseo de disfrutar en la vejez de la cocina campesina francesa sin necesidad de casarse. De los padecimientos por no acceder a esos placeres habla una de las nouvelles publicada por Partícula, la desopilante A la deriva, una impugnación del mundo moderno a partir de la gastronomía. Otra de las nouvelles, A cuestas, se burla de la estupidez del patriotismo y anticipa en cuarenta años las novelas de Céline sobre la Primera Guerra. Mientras que Un dilema, del período naturalista, retrata la atroz crueldad de la pequeña burguesía rural. La cuarta, El retiro del señor Bougran tiene en el centro a un empleado público despedido (Huysmans trabajó treinta años en el ministerio del interior) y anticipa de algún modo a Bouvard y Pécuchet. Huysmans posee el mismo nivel de conocimiento sobre las cosas más rebuscadas que Des Esseintes, el protagonista de À rebours, y es capaz de un humor tan sutil y, al mismo tiempo, tan salvaje como el que se puede apreciar en estas novelitas felices y complementarias.