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perfil.com · hace 14 horas · Carlos Álvarez Teijeiro *

Viajamos para volver

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A la sombra de un ciprés que aún se conserva (o recuerda) en los jardines del Convento de los Mártires, en una colina junto a la Alhambra de Granada, tierra de Federico García Lorca, pero casi cuatro siglos antes, Juan de Yepes Álvarez, ya convertido en Juan de la Cruz, escribió entre 1582 y 1585 “Subida al Monte Carmelo”, un extensísimo comentario al poema “Noche oscura del alma”, de 1578, destinado a los frailes y monjas que querían una guía para entender las profundas y tantas veces incomprensibles metáforas de sus versos.

En el libro I de la “Subida…”, en su capítulo 13, el lector se encuentra con unas palabras que parecen tener mucho más de laberinto que de guía, -“para ir a donde no sabes / has de ir por donde no sabes”-, y que resuenan poderosamente en “East Coker”, el segundo de los “Cuatro cuartetos” del premio Nobel de literatura T. S. Eliot: “para llegar a lo que no conoces / has de ir por una vía que es la de la ignorancia (…) / para llegar a lo que no eres / has de ir por el camino por el que no eres”.

De alguna manera, tanto uno como otro proponen la vida como un viaje ascético de desprendimiento, un camino hacia el yo interior por la vía de la desnudez de todo lo que en ese yo no es identidad, sino impostura, lo que nos plantea una cuestión mucho más radical acerca de qué es, en el fondo, un viaje, qué es viajar y, sobre todo, qué es la vida cuando se la considera de ese modo, como viaje y la persona como ese “homo viator” del pensador francés Gabriel Marcel.

En cierta ocasión, se disponía a realizar un nuevo viaje el ya por entonces célebre escritor inglés G. K. Chesterton, internacionalmente famoso por la saga de cuentos detectivescos iniciada en 1911 y que tuvo como singular protagonista al padre Brown. Allí estaba con su esposa preparando la valija. Tantos y tan frecuentes eran ahora los viajes a los que lo llevaba su renombre mundial que ni la propia Frances estaba al tanto, y con curiosidad le realizó a su marido la más sencilla de las preguntas: “¿A dónde viajas esta vez?”.

Y aquel hombre incapaz de pasar desapercibido, y no solo por su indisimulada corpulencia, respondió de un modo que la dejó perpleja y desconcertada: “Frances, esta vez viajo a Londres”. “No entiendo”, prosiguió ella, “no es posible pues… ya estamos en Londres”. Y Chesterton, mirándola con una ternura infinita, le acarició cariñosamente la cara y le dijo: “Efectivamente, viajo para volver”.

Como Ulises volviendo a la isla de Ítaca desde la guerra de Troya, el mismo que aconsejaba a los amigos que lo acompañaban no comer las flores de loto, deliciosas, pero que llevaban a la desmemoria y al olvido; el mismo que los animaba a “no perder la luz del regreso”, pues para Ulises perder es el comienzo de perder-se; como el héroe griego homérico también Chesterton viajaba para volver.

Aunque así pudiera parecerlo a primera vista, Ulises no viaja para conocer el mundo. Viaja para recuperarse a sí mismo (e incluso de sí mismo, de su peor versión). Su “nostos” -su regreso- es el presagio, y hasta la figura inaugural, de una verdad constitutiva de la condición humana: el viaje genuino no es un mero desplazamiento en el espacio, sino un itinerario de construcción de la identidad, es aceptar -con Husserl- que la experiencia humana tiene siempre estructura de horizonte, que no es un límite, sino la promesa de quien “está-en-camino”, como en Heidegger.

El gran desafío es aceptar, otra vez con Eliot, la invitación a partir de nuevo para conocer por primera vez el lugar desde el que siempre se partió: “No dejaremos de explorar, y el fin de toda nuestra exploración será llegar al punto de partida y conocer el lugar por primera vez”. Viajar, volver al origen, que eso, y no otra cosa, es ser de verdad original. Porque, lo sabemos hasta en la sangre que viste los huesos, en el fondo más íntimo de quienes somos, siempre “viajamos para volver”.

*Profesor de Ética de la Comunicación de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral.

22-5-2026-Viajes al exterior