Cartas domingo: Retomar el buen camino, populismos, alejando inversores
A la luz de los acontecimientos en nuestro país no podemos menos que concluir que hemos perdido el rumbo correcto que con grandes e imperecederos valores nos señalaron nuestros prohombres. En efecto, vemos y padecemos azorados los enfrentamientos de todo tipo y la falta de límites que pongan freno a tanta desidia. Esto ocurre tanto en las relaciones como comunidad, interpersonales, políticas y grupales de todo tipo. Como comunidad existen enfrentamientos que dividen nuestra sociedad en diversas partes irreconciliables, ricos y pobres, poderosos y desahuciados; en relaciones individuales que por mínimas diferencias no respetan la vida del otro. En las grupales y políticas ocurre otro tanto, hasta la virtual eliminación del que opina diferente. Estos enfrentamientos y pérdidas de valores, sentimientos y fe en un ser superior que ilumine nuestro tránsito por la vida determinan que el individualismo a ultranza, el odio, la materialidad de todas las cosas y el deseo constante de obrar solo para nuestro propio placer nos haga tropezar una y otra vez con políticas erráticas y una vida en sociedad que solo nos acarrea sufrimientos a unos y otros. Debemos retomar el camino y pensar en una sociedad en la cual cada uno aporte lo mejor para la convivencia, pensando que obramos no para nosotros sino para Dios, y para el bien de todos. Que la vida sea el único derecho absoluto, para vivirla en armonía con nuestros semejantes. El país se construye entre todos. El Estado no debe desaparecer, sino que debe equilibrar las diferencias y ayudar y apuntalar a los más débiles. Prioricemos, como sociedad, el ser argentino, la patria y la unión nacional, que debe construirse mediante el diálogo. Así haremos una gran Argentina, que merezca ser vivida.
El populismo es maniqueo, y por lo tanto binario. En lo sociopolítico la realidad se divide en los buenos (nosotros) y los malos (ellos). En el populismo de extrema izquierda, versión bien conocida por los argentinos del siglo XXI, los malos son el capitalismo, los empresarios, los opresores del pueblo trabajador, los especuladores financieros, el imperialismo yanqui y sus cipayos, etc. Nosotros, los buenos, los que devolvemos los derechos adquiridos al pueblo oprimido y redistribuimos la riqueza, evitando ganancias extraordinarias , el estado presente, etc… Del otro lado , menos conocido por nosotros , está el populismo de extrema derecha, donde los malos son la casta, que se robaron todo, empobrecieron a los que viven de su trabajo, que impidieron a propios y ajenos invertir en el país, y nos llevaron al estado de colapso casi hiperinflacionario, que no saben sumar 2+2, socialistas-comunistas, brutos e incorregibles, que solo saben robar… en suma, “ratas asquerosas”. Nosotros somos los que vamos a devolver la grandeza que la Argentina supo tener a fines del XIX y principios del XX, dando al argentino de bien la posibilidad de prosperar con su esfuerzo y anulando los beneficios de la casta kuka…
En ambos discursos la grandeza de los buenos es de carácter moral, como lo es la maldad de los malos. No existen los grises ni los matices; los corruptos siempre están enfrente. Ellos son los enemigos a eliminar. El populismo funciona con la lógica del amigo-enemigo, que es su combustible. Ambos tienen sus sacrosantos ideólogos como Laclau, Friedman y Hayek. Pero , interesantemente, también tienen su enemigo común: el maldito periodismo: los periodistas operan para destituir el gobierno elegido por el pueblo y por “todo lo que hicimos por quienes nos dieron su mandato popular”. Los peores periodistas son desde ya, los de investigación, especialistas en denuncias “infundadas” (otro ingrediente: teorías conspirativas) Para el populismo no existe el periodismo independiente. Todo lo anterior coronado por la veneración acrítica del líder supremo de sus respectivos espacios políticos redentores.
Como ciudadano argentino y estadounidense que vivió y trabajó en los Estados Unidos durante más de cuatro décadas, observo con creciente desconcierto cómo la Argentina desalienta precisamente el tipo de personas que más debería atraer. Soy médico, neurocientífico y profesor de neurología en los EE.UU. Durante mi carrera construí una práctica médica exitosa, participé en investigación científica, formé médicos y contribuí a la medicina académica. Como muchos profesionales próximos al retiro, quisiera pasar más tiempo en el país donde nací, invertir dinero aquí y contribuir económica e intelectualmente. No vengo a trabajar a la Argentina, ni a pedir subsidios o competir por empleos locales. Vengo a gastar dinero ganado afuera. Muchos países compiten ferozmente para atraer gente como yo, profesionales y expatriados financieramente independientes porque entienden que esas personas traen divisas, consumo e inversión. Compran o alquilan propiedades, contratan servicios, comen en restaurantes, viajan, consumen cultura y mueven la economía local. La Argentina, en cambio, suele castigar precisamente a quienes desean traer dinero generado en el exterior para gastarlo aquí. Si una persona permanece demasiado tiempo en el país, puede ser considerada residente fiscal argentina y quedar obligada a pagar impuestos sobre ingresos, jubilaciones, inversiones, ahorros y bienes acumulados durante toda una vida fuera de la Argentina. Ese sistema no atrae capital. Lo espanta… ferozmente. El resultado es previsible: personas que podrían pasar más tiempo en la Argentina, invertir y aportar divisas terminan reduciendo su permanencia, limitando inversiones o eligiendo otros países con reglas más razonables. El país necesita dólares, inversión y actividad económica. No debería desalentar a quienes desean traerlos.
El Dr. Jaime L. Smart, a sus 90 años, está privado de su libertad desde el 8 de mayo de 2008. Hace unos días realizó su alegato final en un juicio previo a la condena que no es la primera ni será la última. Y comenzó diciendo: “Mis últimas palabras”. Sus últimas palabras dirigidas a los jueces que deben decidir su inocencia, sabedor de que lo inculparán una vez más. El Dr. Smart ha soportado un largo proceso viciado de falsedades, de odio y de ideología. Ha sido injustamente acusado por crímenes que no cometió. Sus acusadores no han podido agregar una sola prueba en estos 18 años. No hay pruebas que lo condenen; solamente las que demuestran su inocencia, tanto en este como en los anteriores procesos. Ni el Dr. Smart ni nosotros perdemos la esperanza para que, alguna vez, las últimas palabras de los jueces sean palabras de justicia, no de injusticia. Palabras llenas de verdades y no de mentiras.
Quienes firmamos esta carta sabemos que Jaime L Smart es inocente y que este es solo un episodio más de la saga de condenas nacidas de la venganza. Venganza por haber encarcelado legalmente, durante su judicatura, a los delincuentes subversivos. Podrán condenarlo cuantas veces quieran; pero no podrán robarle su libertad ni su integridad. Mucho menos, doblegar su espíritu inquebrantable. Porque Jaime L. Smart es un hombre de derecho, un hombre justo y probo. Un patriota que arriesgó su vida por su patria, que es la nuestra, y en honor a la Justicia.
Mercedes Moreno Klappenbach, María Zavalía, Enrique Munilla, Josefina Michelini, Cornelia Schmidt Liermann, Carlos María Prado y siguen más de 1000 firmas
El sábado 9 de mayo, a las 13, se hizo presente en un supermercado “chino”, con verdulería, de nuestro barrio “Botánico”, un empleado de la Subsecretaría de Higiene de la Agencia Gubernamental de Control del Gobierno de la ciudad, acompañado de efectivos de la Policía de la Ciudad, para clausurar el comercio. El funcionario explicó que se trataba de “una denuncia anónima por arrojar basura fuera de horario y sin embolsar”, dentro del único contenedor que hay en la cuadra; en donde existen seis comercios más. No se mostró ninguna prueba de quién y cuándo habría cometido la infracción. Ante el requerimiento de hablar con el superior del funcionario municipal que dio la orden de clausura, se dijo que “no se podía dar esa información”. Al ofrecimiento del dueño del comercio de que se revisaran las cámaras del local que apuntan directamente al contenedor para detectar la posible infracción, el municipal dijo que las adjuntara como prueba cuando hiciera el descargo... La cuestión es que, por una denuncia anónima, de una simple infracción, de la que no se conoce el autor, en lugar de dejar un acta de intimación advirtiendo que, de repetirse la falta, habría una multa y, hasta, un cierre del local... el gobierno de la ciudad clausuró el local un sábado a la tarde, perjudicando gravemente a los dueños y trabajadores del comercio y a todos los vecinos, que lo tenemos en alta estima porque nos facilita, con excelente atención, las compras diarias. Ahora, con la burocracia estatal, vaya uno a saber cuándo se podrá reabrir la fuente de trabajo y cuando volveremos a tener un comercio de cercanía. Una vergüenza. Con una denuncia anónima, sin pruebas y sin derecho a réplica y defensa inmediata, el GCBA perjudica a trabajadores y vecinos. Un verdadero abuso de autoridad.
© Copyright 2026 SA LA NACION | Todos los derechos reservados. Dirección Nacional del Derecho de Autor DNDA - EXPEDIENTE DNDA (renovación) RL-2023-95334553-APN-DNDA#MJ.Queda prohibida la reproducción total o parcial del presente diario.