Planeta Milei: lo real y lo virtual siempre en guerra
Es una escena común en bares juveniles: en torno de una misma mesa se reúnen cuatro o cinco amigos. Nada tiene de particular esa imagen pero, si se hace foco, se percibirá que algunos de ellos, o todos al mismo tiempo, permanecen en silencio y embobados sobre las pantallas de sus respectivos celulares.
Si la acción se traslada a un vagón de subte se nota una diferencia sustancial con respecto a épocas pretéritas: el periódico o el libro en manos de los pasajeros sentados y alguno que otro de pie, hoy ha sido reemplazado por el dichoso telefonito, ya sea porque están scrolleando contenidos sin parar o porque whatsappean mensajes con sus conocidos.
Si algo disminuye de manera inquietante en la humanidad –aparte de la natalidad–, es sin dudas la comunicación cara a cara, una de las costumbres que lentamente va camino a la extinción. Se rehúye parcialmente de ella, como se dijo, hasta en los encuentros presenciales en el que el “face to face” ya no es exclusivo porque nos llegan constantes alertas al celular o porque, compulsivamente, nos vemos impelidos a revisar nuestras pantallitas y teclear algo.
Además de las funestas consecuencias sobre la concentración y la memoria humanas que tienen estos dispositivos (por eso se recomienda que se los mantenga lo más lejos posible de los menores para no arruinarles de movida su maduración cerebral), hay otras mutaciones no menos graves que produce vivir más tiempo inmerso en el mundo virtual que en el real.
Por de pronto, a la distancia, y cada cual refugiado en su propia burbuja informática, aún sin darnos cuenta, todos somos más guapos, menos elegantes y hasta más groseros para decir determinadas cosas.
Redes sociales como X (ex Twitter) incentivan a que nos mostremos más pendencieros. Máxime porque quien sabe navegar mejor esos fangos pestilentes viraliza sus deposiciones virtuales y logra más seguidores. Muchos se sorprenderán a sí mismos del energúmeno que llevaban adentro (y no conocían), que ahora sacan a pasear por el mundo virtual sin sonrojarse.
Eso no es todo: otras redes, como Instagram y TikTok invitan a la ensoñación narcisística enfatizando que nuestra vida es genial entre casas divinas, viajes memorables, platos exquisitos y perros maravillosos. O bien que nos mimetizamos, hasta creer que lo somos, en superhéroes que todo lo pueden en guerra contra enemigos reales o imaginarios.
Si esta es apenas una somera descripción de algunas de las profundas mutaciones que están creando las tecnologías personales en la manera de ser del ser humano, imagínense las graves consecuencias que puede tener cuando los que gobiernan se entregan con idéntica ferocidad (o ternura) adolescente a ese entorno donde lo imaginario pesa más que lo real.
Después de más de dos meses encallados en el caso Adorni, en la semana que pasó la atención mediática preponderante se movió hacia otro asunto: los cruces virtuales entre las dos alas políticas que se disputan el poder en el gobierno libertario: los “territoriales” (Karina Milei y el clan Menem) y los “celestiales” (Santiago Caputo, Gordo Dan y toda su ecléctica troupe virtual). Y a todo esto: ¿dónde ubicar al presidente Javier Milei? Hasta el momento ha sido muy firme en defender a los jefes de ambas tribus: su hermana, la secretaria general de la Presidencia, armadora intransigente de La Libertad Avanza y, del otro lado, a su “hermano del alma”, el más bisoño y ubicuo del clan Caputo. El problema es que sendos hermanitos no pueden ni verse y complican la gestión al agitar por demás las aguas picadas de la interna libertaria para delicia de los “ensobrados” (tal como el jefe del Estado denomina al “95% de los periodistas”).
El foco chimentero de la política se centra ahora en las disputas planteadas desde las “fuerzas del cielo” que el “terrenal” Martín Menem, con mucha determinación, buscó neutralizar en sendas entrevistas por Radio Mitre y LN+. Sobre llovido, mojado apareció un escatológico audio íntimo del Presidente con una amiga ocasional que también contribuyó a lo que en lenguaje académico se tipificaría científicamente como “puterío”, que domina ahora la conversación en redes, medios y corrillos políticos.
Por todas estas menudencias no pudo ser una semana de gloria informativa para el oficialismo y eso que sobraban temas: mejores índices económicos, el nuevo desembolso y las ponderaciones del FMI, cosecha récord y el anuncio de nuevas bajas de retenciones, la aprobación de la “ley hojarasca” y de la modificación del régimen de zonas frías a gusto de los libertarios, más el envío de un nuevo paquete de proyectos de ley trascendentales y la licitación, con inversión privada, para arreglar 9000 kilómetros de rutas.
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