Javier Milei y la búsqueda del mito perdido
El Gobierno celebró una semana de buenas noticias económicas y respaldo internacional, pero no logra recomponer el clima social. La motosierra perdió parte de su potencia simbólica y el oficialismo busca una nueva épica para sostener el relato libertario.
las autoridades republicanas detectaron vasos comunicantes ocultos con China que el gobierno de Milei les había negado que existieran.
El Gobierno cerró una de sus semanas más favorables en mucho tiempo. A los datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que reflejaron crecimiento, se sumó el staff report del FMI, documento que avaló el rumbo de la gestión y aseguró el desembolso de u$s1.000 millones. También se confirmaron exportaciones récord y el consiguiente superávit comercial, que retroalimenta la decisión del Banco Central de comprar dólares para fortalecer reservas.
En lo político, pese al hervidero interno en el que se transformó La Libertad Avanza (LLA), retomó la senda de las victorias parlamentarias, con dos triunfos en Diputados. Uno, casi inocuo, como la Ley Hojarasca, destinada a eliminar normativas en desuso. Otro, mucho más sensible, como los cambios en el régimen de zona fría, que recorta subsidios energéticos en distintas regiones del país, entre ellas Buenos Aires.
Sin embargo, el clima social no acompaña. Milei no logra recuperar terreno en los sondeos de opinión, aunque algunos libertarios intenten encontrar una lectura optimista: “Encontró un piso alto, que no está mal”, dicen.
Las planillas que agita el Gobierno, en rigor, están llenas de notas al pie. Uno de los problemas es que los motores económicos que hoy generan dólares no son actividades intensivas en empleo. Lo mismo ocurre en términos regionales: la cordillera, epicentro del boom minero y petrolero, concentra una porción mucho menor de habitantes que el AMBA, la región más golpeada por el modelo y, a la vez, la más densamente poblada del país.
Pero acaso el principal problema político de Milei no sea económico, sino simbólico. Más allá de las alianzas circunstanciales que el oficialismo logra construir en el Congreso mediante un permanente “toma y daca”, el bolsillo aprieta y La Libertad Avanza perdió parte del componente emocional que la llevó al poder. El oficialismo cedió buena parte de su mito fundacional: la lucha contra la casta y la corrupción. Al mismo tiempo, la motosierra perdió aquel encanto inicial, a medida que el ajuste comenzó a alcanzar a sectores que no imaginaban quedar bajo sus dientes.
Al parecer, los reemplazantes naturales de esta etapa serán los datos económicos y la propia figura presidencial, todavía capaz de contener al núcleo duro libertario pese al desgaste. Pero un EMAE positivo difícilmente pueda reemplazar la potencia simbólica que tuvieron la casta y la motosierra. El león, quizás, todavía conserve algo de cuerda.
La gran innovación política de Milei fue transformar un instrumento técnico en una identidad cultural. La motosierra dejó de representar simplemente un recorte presupuestario y pasó a condensar bronca, revancha, castigo a la dirigencia y reparación moral frente a “la casta”.
Ahí aparece Roland Barthes. En Mitologías, el semiólogo francés define al mito como “un sistema de comunicación”, una forma de significación capaz de transformar una construcción histórica en algo aparentemente natural. La motosierra encaja perfectamente en esa lógica: dejó de ser un objeto y se convirtió en habla política. “Hasta los objetos podrán transformarse en habla, siempre que signifiquen algo”, escribió Barthes.
Con ese fin, la motosierra se llenó de significados. Fue una gran novedad política. No representó solamente el ajuste del gasto estatal: condensó enojo social, antiestatismo, rebeldía y ruptura con el sistema tradicional. Se convirtió en mito.
El problema para el oficialismo es que la motosierra terminó podándose a sí misma. Pero esta vez el recorte es simbólico: perdió parte de los significados que la habían vuelto eficaz como herramienta política. Quedó, en esencia, el ajuste fiscal. El resto de las asociaciones —las que permitían aglutinar emocionalmente a los propios— empezó a desgastarse.
Los símbolos, las imágenes y los emblemas nutren la vida política. El peronismo fue particularmente eficaz en eso: la marcha, el escudo, el bombo y toda su liturgia sobrevivieron décadas después de irrumpir en la arena pública. Interpelaron —¿interpelan?— a millones.
LLA, en cambio, empieza a mostrar debilidad en ese terreno y necesita reinventar parte del aparato simbólico que le permitió romper el sistema de dos grandes coaliciones que dominó la política argentina hasta 2023.
En esa reinvención, el Gobierno se refugia cada vez más en las planillas y en los indicadores que le dan bien. Pero todo parece repleto de aclaraciones y notas al pie.
El superávit fiscal se sostiene parcialmente por ingresos excepcionales —como el dinero proveniente de la venta de represas a comienzos de año— y por recortes cada vez más profundos producto de la caída de la recaudación, como ocurrió recientemente con partidas de salud que impactan en las provincias.
El aval del FMI, celebrado por el oficialismo, también contiene advertencias sobre la acumulación de reservas, el ancla cambiaria utilizada para contener la inflación, el sistema tributario e incluso desliza riesgos políticos vinculados al proceso electoral de 2027. La balanza comercial positiva, por su parte, se explica en buena medida por una economía todavía fría y por una cosecha récord que tiene bastante más de coyuntural que de política pública.
Así, podría discutirse punto por punto cada una de las celebraciones oficiales.
La paradoja es que Milei invirtió los tiempos clásicos de la política. Habitualmente, la dirigencia suele ser más sincera con los ciudadanos que con los electores. El viejo razonamiento de Carlos Menem —“si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”— sintetizaba esa lógica.
La Libertad Avanza rompió parcialmente con ese esquema. Milei dijo en campaña que su programa económico no venía a poner dinero en el bolsillo de la gente, al menos en una primera etapa. Todo lo contrario: la motosierra y el “no hay plata” fueron el leitmotiv de aquel final de 2023.
La sociedad compró el discurso de aquel outsider y valoró la crudeza. Milei ganó diciendo verdades incómodas sobre un ajuste impopular. Pero ya en el poder, el Gobierno parece más cómodo administrando medias verdades y relatos estadísticos edulcorados.
La fantasía de los “14 millones de argentinos que salieron de la pobreza” acaso sea el ejemplo más claro. Difícilmente exista en el oficialismo alguien que no sepa que se trata, en buena medida, de un artificio metodológico derivado de la sobreestimación de ingresos declarados que utiliza el INDEC y de una canasta que no refleja plenamente los consumos reales de sectores medios y trabajadores.
Esa narrativa además convive con otros indicadores contrarios: el aumento del desempleo y el deterioro de los salarios registrados.
La motosierra —menos sexy en esta etapa— sigue ganándole por goleada a los PowerPoint, los Excel y los tilde verdes en X del oficialismo. La primera convencía. Todo el segundo paquete, bastante menos.
Ahí aparece otro problema para Milei: la erosión de aquello que lo diferenciaba del resto del sistema político.
En diálogo con este medio, Paola Zuban, de la consultora Zuban Córdoba, afirmó que los episodios vinculados a corrupción o privilegios impactan menos por el hecho puntual que por el desgaste acumulativo que generan sobre el capital simbólico libertario. “Al final son todos lo mismo”, aparece cada vez con más frecuencia en estudios cualitativos y encuestas de la consultora. Es decir: el Gobierno empieza a perder el monopolio del cambio.
“Adorni es como el diario con el que le hacés vientito al fuego del asado”, graficó Zuban. “Le pega en la línea de flotación al Gobierno, pero si la situación económica fuera mejor quizás no tendría el mismo impacto. Son hechos que sedimentan y potencian malestares previos”.
LOS SUEÑOS DEL CÍRCULO ROJO El círculo rojo suele enamorarse rápido y desenamorarse todavía más rápido. Hoy le pasa con Milei.Mientras Macri relanza el PRO y Bullrich gana centralidad dentro del oficialismo, crecen las especulaciones sobre el “después” Abrimos hilo pic.twitter.com/W4quWIDAVN
Acaso esa sea hoy la discusión de fondo dentro del oficialismo: si Milei necesita reconstruir un nuevo mito o si, en realidad, empieza a quedarse sin nuevos significados. El respaldo de actores financieros al frente fiscal o cambiario parece insuficiente frente a una sociedad que vuelve a demandar expectativas de futuro y no solamente equilibrio macroeconómico.
Incluso el apoyo del círculo rojo empieza a mostrar fisuras. El “mileísmo sin Milei” suena cada vez menos descabellado y eso revitaliza a socios como Mauricio Macri, que sigue con su tour de relanzamiento del PRO, o incluso a Patricia Bullrich, que ya evalúa si le conviene seguir atada a la suerte libertaria.
La ministra dejó esta semana mensajes sugestivos, como la foto de la avenida que lleva su apellido acompañada por un semáforo en verde. “¿Para dónde va esa avenida, Patricia?”, le preguntaron. “No digo hacia dónde van las avenidas. Eso lo decide la Ciudad”, respondió, esquiva.
La avenida Bullrich, en Palermo, es de doble mano. Tal vez la exministra ya haya empezado a pensar también en símbolos, mitos y nuevas representaciones políticas.
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