Armas y equipamiento militar: EE.UU. avanza otro casillero en el tablero sudamericano
Con la reciente venta a Perú de los aviones F-16 más modernos que produce Loockheed Martin, EEUU avanza otro casillero más en el tablero sudamericano. Ahora Chile, Argentina y Perú tienen F-16. La principal potencia regional, Brasil, juega con Grippen. Colombia se le ha sumado. Venezuela, si bien tiene algunos viejos F-16, su perfil armamentístico es ruso y chino.
Posiblemente EEUU presione prontos cambios. Ecuador podría ser el próximo país en adquirir F-16. Bolivia, Paraguay y Uruguay quedarán como casilleros a conquistar. Sostener un avión de este tipo puede serles difícil. EEUU puede ofrecerles, como hizo con Argentina, dotaciones de segunda mano. Con seis u ocho unidades es suficiente. Con esto China tiene cerrado aquí este segmento de mercado para sus aviones militares.
Un objetivo político para el interés nacional de un país puede tener objetivos secundarios que le son consecuentes. Un avión como el F-16 puede ser un instrumento para asegurar la paz en la región. Compartir un sistema de armas como éste, implica también tener en común capacidades militares y una cadena de suministro logístico.
Hasta podría generarse nuevos negocios de mantenimiento integrado, tal como ocurre en Europa. Hoy, EEUU ya es el garante de la paz para Argentina, Chile y Perú. Este es el objetivo secundario consecuente más importante que se logró. Ser la llave.
Ahora bien, lo que es un objetivo secundario para uno puede ser el objetivo principal para otros. Los objetivos pueden ser convergentes cuando el interés nacional de uno encuentra en el interés nacional del otro una zona de concordancia y mutuo interés. El problema es que esto no es percibido con claridad por las elites políticas sudamericanas.
Pocos conciben al F-16 como un avión para la paz. Un ejemplo se da en Chile cuando algunos ven a la compra peruana como una amenaza, tal como lo han manifestado los diputados Omar Sabat y Hans Marowski a las comisiones de defensa de las Cámaras de Diputados y Senadores de ese país para que se realice una sesión secreta a fin que diserte el ministro de defensa chileno Fernando Barros sobre esta cuestión.
La política de defensa de una potencia mundial no puede ser imitada en alcance por ningún país subdesarrollado o en vías de desarrollo. Estos países no pueden proyectar poder militar en magnitud porque sus economías no se lo permiten.
Brasil (la única potencia mediana sudamericana con aspiraciones de sentarse en el Consejo de Seguridad de la ONU) con un aparato militar que ningún otro país sudamericano tiene pero lejano del que posee cualquier otra potencia que le es superior, no mira a sus vecinos con apetencia bélica. Juega otra liga. Su círculo rojo lo entiende claramente y su elite militar también. Proyectar poder militar no es para todos. Brasil lo intenta. Su PBI se lo permite soñar.
Sin embargo, para Chile y otros países sudamericanos (incluido Argentina) esto les es más difícil de entender. Priman no solo factores emocionales sino también una ignorancia estratégica y política sorprendente en sus elites política y militar. Juega aquí una percepción de sobrevivencia corporativa militar. La necesidad de tener una hipótesis de conflicto vecinal que justifique su existencia. Una mirada torpe e innecesaria. Pero que efectivamente existe y sobre lo que hay que trabajar mucho para cambiarla.
La paz debe ser un objetivo prioritario para Sudamérica y en especial para el Cono Sur. Todo debe estar subordinado a este objetivo. Sin paz no hay posibilidad alguna de desarrollo económico y prosperidad para nuestras sociedades.
Por otro lado, los conflictos en Ucrania e Irán muestran con claridad los cambios que se han dado en el ámbito militar. Como las operaciones se desenvuelven ahora de manera muy distinta a lo que se hacía el siglo pasado. Lo que antes eran armas decisivas ahora no lo son. Hay otras.
Podemos ver como el peso de los costos pueden hacer retroceder pero sobre todo como la guerra es “política por otros medios”, en los términos de Clausewitz. La captura de Nicolás Maduro mostró además las nuevas limitaciones de los aparatos militares sudamericanos. Hay mucho por aprender.
Dadas las tensiones globales y guerras en curso en el Hemisferio Norte, hasta con posibilidad de guerra nuclear limitada, Argentina, Chile, Uruguay, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda son vistas como santuarios para muchos millonarios e inversiones estratégicas que necesitan estar alejadas de conflictos. Hay que ganarse el lugar en esa percepción. La paz y la lejanía son un activo geopolítico. No muchos lo tienen.
Por todo esto, es importante que Argentina despliegue una política de defensa que contemple, en su capítulo militar, una estrategia de compra de armas que implique un embricamiento con el perfil de armamento de Chile en primer lugar y con Brasil en segundo.
Se concretó la compra de aviones F-16 pero se desperdició -por ahora- la compra de vehículos blindados Guaraní. Todas nuestras compras militares tienen que tener como objetivo la integración y las medidas de confianza mutua que generen una cadena de intereses que hagan que romper la paz en nuestra región sea imposible. El diseño de fuerza de nuestra defensa debe estar signado por esta consigna.
Más que nunca se debe tener en cuenta a Winston Churchill, quien dijo: “la guerra es un asunto demasiado serio para dejárselo a los militares” Cuando Argentina tiene su ministerio de defensa degradado a un cuartel, es muy importante que el Presidente Javier Milei se atenga a estas sabias palabras.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín