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clarin.com · hace 23 horas · Clarin.com - Home

La niñez, hoy, en la Argentina

La niñez, hoy, en la Argentina

Desde hace años niñas, niños y adolescentes sufren niveles de vulnerabilidad alta que si bien varían en más o menos, implican oscilaciones, pero no logran evitar caídas y sostenerse en niveles mejores. Esto ocurre porque la niñez y adolescencia es un grupo poblacional de alta dependencia de la situación de sus familias, desde sus padres hasta el resto de la familia.

En la medida en que esas familias están mejor o peor, inmediatamente esto se refleja en niñas, niños y adolescentes que integran esa familia. El último informe sobre la situación de la niñez del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, recientemente presentado, mostró en parte esas oscilaciones. Mientras la pobreza disminuyó -de ser pobres 6 de cada 10 menores, pasamos a 4 pobres de cada 10 niños-, una mejoría considerable, aunque aun debe preocuparnos y también ocuparnos.

Las condiciones de las viviendas continúan en situación precaria para muchas niñas, niños y adolescentes. Especialmente el acceso a agua potable y cloacas que carecen muchas viviendas desde hace décadas y que no mejoran a la velocidad que todos querríamos. En general, la mejora de las viviendas es lenta y más difícil de superar que otras deficiencias, tanto en las grandes urbes como en la zona semi-rural o rural. La situación alimentaria continúa siendo preocupante.

Desde hace años, la calidad de la alimentación se ha modificado, tanto en los hogares con recursos como en los con ingresos precarios. Por eso ahora hablamos de malnutridos y no tanto de desnutridos.

Mientras estos últimos eran flacos, los malnutridos son de aspecto “gorditos” pero con déficit importantes en sus dietas. La seguridad alimentaria no ha mejorado y cabe señalar que un 30 % de los menores no come regularmente todas las comidas diarias, según el informe de la UCA.

En ese porcentaje está el grupo de menores para quienes la escuela es fundamental para asegurar su alimentación, niños que no siempre pueden completar la cena y otras comidas en su hogar. Esto se ve más afectado por el aumento en el precio de los alimentos que supera al de los salarios de quienes sostienen ese hogar.

Se agrava por la promoción y circulación de alimentos de baja calidad que permea nuestra sociedad y que produce un sesgo importante acerca del tipo o producto alimenticio que prefieren y privilegian todos los menores. Esto, como dijimos, produce malnutrición que afecta a ricos y pobres, pero tiene consecuencias más graves en los pobres.

Atrás quedaron los tiempos cuando los niños eran los principales privilegiados, algo que en realidad fue en general una frase demagógica más que una realidad. Debemos recuperar la preocupación por la situación de la infancia, no en forma demagógica sino real y para lograr un país con mayor desarrollo y condiciones de vida mejores para todos. Facundo Manes y Martín Grandes refieren la importancia de la “salud cerebral “ y señalan que sin salud cerebral no hay desarrollo.

Está ligada a la situación nutricional pero también a lo educativo, social y cultural. Estos autores dicen que la pobreza genera un “ impuesto cognitivo”, algo que afecta tanto el nivel educativo posible como el desarrollo emocional y cognitivo.

Frente a esta realidad es imprescindible ocuparnos no solo de superar la pobreza en la infancia sino también de su salud cerebral. Estos son conceptos nuevos que debemos incorporar y cuya atención es clave para los gobiernos nacional y provinciales, así como para el sector educación, salud y socio-familiar.

Mabel Bianco

Médica, máster en Salud Pública y especialista en Epidemiología y Estadística Médica. Presidente de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM)

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