Un anuncio positivo en el comienzo de la campaña de granos finos, aunque con condicionantes políticos
La baja de Derechos de Exportación (DEX) de dos puntos porcentuales, de 7,5% a 5,5%, al trigo y la cebada, a partir de junio próximo anunciada por el presidente Javier Milei anteayer en el acto por el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, claramente es una buena noticia. En el comienzo de la campaña de siembra de ambos cultivos, en un contexto de suba de costos de los fertilizantes y los combustibles, la medida representa un gesto positivo. Hay una doble reacción, no solo frente a un escenario complejo sino ante el propio compromiso presidencial de eliminar las retenciones. Por supuesto, no es el ideal porque 5,5 es más que cero, pero es un paso positivo.
“Es menos de lo que me gustaría y más de lo que esperaba”, expresó el consultor Teo Zorraquín al calificar como favorable el anuncio.
También la baja progresiva de los DEX a la soja a partir de enero del 2027 representa un paso hacia adelante, aunque abrió un condicionante político: la baja será más pronunciada a partir de enero de 2028, en el comienzo de un hipotético segundo mandato de Milei. Según informó ayer el Ministerio de Economía, la reducción comenzará en enero a un ritmo de 0,25% mensual. A fin de 2027, la soja debería terminar con una alícuota de 21%. Luego, la reducción será, según el cronograma oficial, de 0,50% para llegar a fin de 2028 al 15%. En otras palabras, no habrá retenciones cero en el primer mandato de Milei.
Además, el ministro de Economía, Luis Caputo, amplió los anuncios del Presidente e incluyó un cronograma de reducción de alícuotas para el maíz, el girasol y el sorgo a partir de enero de 2027. El maíz y el sorgo tendrán una baja trimestral a partir de 0,50%, en tanto que para el girasol será semestral, también de 0,25%. También para estos tres cultivos la reducción será más agresiva a partir de 2028, con una baja de 0,50%.
Finalmente, se adoptadría así un cronograma de reducción de alícuotas, aunque se está lejos de la eliminación del tributo más distorsivo que aqueja a la producción.
Un aspecto positivo del momento del anuncio es que no se realiza cuando los cultivos ya están sembrados, aunque en el caso del trigo y la cebada la implantación haya comenzado en algunos lugares o las decisiones de siembra ya se hayan tomado: lo cierto es que las rebajas no llegaron a mitad de camino.
Otro punto destacable es que el Presidente volvió a reconocer el papel del campo en la generación de riqueza y, especialmente, en el agregado de valor.
Las reacciones del ruralismo fueron favorables, aunque en algunos casos hubo matices. Nicolás Pino, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA) y cercano al presidente Milei, no dejó de recordar que el objetivo final tiene que ser las retenciones cero. Andrea Sarnari, presidenta de la Federación Agraria Argentina (FAA), aunque destacó como positiva la reducción para trigo y cebada, expresó que para la soja “quedó bastante corta”.
Rápidamente, hubo quienes empezaron a sacar cuentas para evaluar el impacto de la decisión presidencial. “Sobre un precio FOB a cosecha de US$/t 250 son US$/t 6,25 de mayor poder de pago del exportador. Sumado a US$/t 20 de mejora de precio respecto a este momento del año pasado, se amortigua casi el 100% del impacto de costos en la urea y el gasoil”, evaluó el economista David Miazzo.
Respecto de la baja de la soja, explicó que “para esta campaña no va a generar mucho impacto en el ritmo de comercialización, ¿quién va a demorar tanto para recibir un 0,50% más en enero?”, se preguntó.
Serán incógnitas que se irán despejando a lo largo del ciclo, teniendo en cuenta otras variables como el tipo de cambio y el escenario internacional que acaba de recibir una señal de distensión tras las reuniones que mantuvo el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con su par de China, Xi Jinping. El mayor importador global de la oleaginosa y quien ocupa el segundo lugar como proveedor, detrás de Brasil, se encaminan bajaron los decibeles de la guerra comercial.
En un contexto de incertidumbre, si hay una medida que otorga certezas, hay una reacción positiva. “Necesitamos previsibilidad”, dice Federico Zerboni, presidente de la Asociación de Maíz y Sorgo Argentino (Maizar) que el miércoles próximo celebrará su congreso anual. Allí, la cadena pondrá de relieve ya no el potencial del cultivo sino la realidad concreta que ofrece para lograr el desarrollo del país con una mayor producción y la transformación del grano en alimentos, energía y productos industrializados. “Tenemos buen diálogo con las autoridades, pero necesitamos políticas públicas que impulsen a toda la cadena”, explica Zerboni. Nuevamente, puntualizarán el caso de Brasil, que no solo creció por la ampliación de la frontera agrícola y la tecnología, sino por la convicción de su sistema político.
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