Donald Trump y Xi Jinping establecieron un Nuevo Orden Global basado en el comercio, las inversiones y la alta tecnología
En el viaje de ida a Beijing, Trump le pidió a Xi Jinping que abriera la totalidad de la economía china a “…los grandes hombres de negocios que lo acompañaban”, encabezados por los titanes de la Inteligencia artificial (IA) como Jensen Huang, máximo ejecutivo de Nvidia, Elon Musk, titular de Tesla, y Tim Cook, el ejecutivo crucial de Apple.
El objetivo de Trump es nítido: procura triplicar las exportaciones norteamericanas a la República Popular, e intenta hacerlo primordialmente con equipos e instrumentos de alta tecnología, ante todo los semiconductores o “chips” de Nvidia.
Jensen Huang, el dueño de Nvidia, le ha propuesto a Trump una estrategia sumamente efectiva fundada en 2 premisas:
· Hay que venderle a China los equipos más avanzados de IA sin ningún tipo de restricciones basadas en argumentos de “seguridad nacional”; y la razón de ello es que se trata de una tecnología que es intrínsecamente cooperativa y no antagónica.
· Hay que subrayar también que la competencia en tecnología IA ya no consiste en la prioridad de las innovaciones, sino exclusivamente en sus estándares de utilización, de modo que cuando el sistema tecnológico chino disponga de los equipos más avanzados norteamericanos, mayor será la hegemonía estadounidense en la verdadera disputa del poder de la tecnología decisiva de la época.
· En suma, el libre uso de los “chips” de Nvidia en el mercado chino es lo que garantiza el liderazgo de EE.UU. en el mundo IA del siglo XXI.
Xi Jinping asumió su condición de “Rey-Filósofo”, figura surgida de los 5.000 años de historia de la Civilización China; y señaló que el encuentro de Beijing con Trump era el heredero directo de la reunión entre Richard Nixon/Henry Kissinger y Mao Tse Tung que se realizó en 1972. Allí ambos líderes – Nixon y Mao Tse Tung – acordaron reincorporar a la “China roja” a la puja interminable del sistema internacional, para enfrentar como prioridad estratégica a la Unión Soviética; y esto fue un éxito tal que dio comienzo a la etapa final de la Guerra Fría que culminaría con el colapso soviético y la apertura de la República Popular al sistema capitalista.
Xi Jinping le mostró a Trump que el pensamiento chino, surgido de 5.000 años de historia, es esencialmente estratégico, y por eso actúa siempre en un “eterno presente”.
De ahí que de inmediato Xi Jinping brindó su homenaje a Nixon y a Kissinger; y de allí pasó a elucidar la “Trampa de Tucídides” en su versión pobremente determinista y apolítica de Graham Allison.
La “Trampa de Tucídides” en su versión Allison intenta advertir el peligro que representa para la paz mundial la competencia que existe entre una potencia emergente y otra consolidada.
Kissinger ya había advertido que la versión Allison era hondamente mecanicista y a-histórica; y que desconocía la importancia de la política en la escena internacional; y sobre todo el significado de la acción de los grandes estadistas, que actúan en el Reino de la Libertad que es la política.
En este sentido lo que importa advertir es lo que hizo de inmediato Donald Trump respecto a Taiwán: sostuvo que se opone a todo intento de independencia de la Isla; y frenó, al mismo tiempo, la venta de armas a las autoridades taiwanesas.
Es evidente que Trump ha tomado una decisión estratégica de fondo que consiste en impulsar el reingreso de Taiwán a la soberanía china, hecho que se haría público a fin de año, o comienzos de 2027; siempre teniendo en cuenta que los líderes de las 2 superpotencias han acordado 4 cumbres más en el transcurso de este año, claramente reuniones de trabajo, con el objetivo de establecer las bases concretas de un Nuevo Orden Global, alrededor del cual giren todas las estructuras de poder del siglo XXI.
A partir de este acuerdo de fondo, EE.UU y China enfrentan la cuestión absolutamente decisiva de reversión de las corrientes del comercio mundial para enfrentar y resolver el Gran Desequilibrio de la época, que es el gigantesco e insustentable superávit comercial de U$S 1.6 billones de la Republica Popular, con el que está “desindustrializando” en forma ruinosa a los distintos sistemas manufactureros del mundo.
Para eso China necesita disminuir a la ½ las gigantescas inversiones de entre 4 y 6 puntos del producto que realiza por año para sustentar esta fenomenal máquina manufacturera exportadora que ha creado en los últimos 20 años; y que no puede hacer por la densa trama de intereses creados que han surgido alrededor de este infranqueable status quo, que se ha impuesto varias veces al propio Xi Jinping.
Esto es lo principal que surge de esta histórica reunión que ha creado un Nuevo Orden Global entre EE.UU y China.
A partir de allí se trata de reorientar ese 50% que se deja de invertir hacia el aumento sistemático del consumo doméstico, de modo de pasar del anémico 38% del PBI en el momento actual a 60% o más en los próximos 10 años.
Todo esto ha surgido de un dialogo estratégico entre Donald Trump y Xi Jinping y que ha dado sus frutos en esta reunión crucial que ha tenido lugar en Beijing.
Este Nuevo Orden Global es la simiente de un Estado mundial (en los términos de Ernst Jünger) en las condiciones del siglo XXI.
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