Dos cumbres y pausas tácticas
En Busan, octubre de 2025, Trump y Xi conversaron casi exclusivamente de cuestiones económicas. En Beijing terminaron centrándose en cuestiones estratégicas, de alto voltaje, mientras públicamente se hablaba de intercambios económicos, a desarrollar en un futuro indeterminado. Fueron escasos los compromisos: servicios financieros crediticios (tarjeta VISA) en China y la apertura del mercado norteamericano para las empresas chinas del sector de energías limpias. La venta de 200 aviones Boeing a China fue considerada como muy pobre.
La cumbre fue vista, globalmente, como un encuentro entre iguales, y se trataron temas estratégicos en los que hubo acuerdos parciales, aunque demasiado difusos e inestables como para ser considerados como positivos para las dos partes:
1) la militarización de la IA. Finalizó como una tregua momentánea; una pausa muy temporal en la guerra tecnológica. EEUU mantiene el control sobre el hardware necesario para potenciar el cálculo en la que se basa la carrera por la IA: los chips de Nvidia, la empresa N°1 del mundo en chips (Taiwan Semiconductor Manuf. Co) y todo el ecosistema de semiconductores avanzados, que constituyen el arma de Washington para controlar el avance chino. Beijing controla la provisión de las tierras raras y los minerales críticos, sin los cuales no se puede fabricar ningún chip, montar ninguna batería de vehículo eléctrico ni desplegar ningún sistema de armamento avanzado.
Antes de la reunión, Washington había reforzado sus controles a la exportación, y Beijing respondía con restricciones a la exportación de galio, germanio y las tierras raras, ejerciendo una contraofensiva frente a las medidas norteamericanas.
La continuación de ambas restricciones habría fragmentado la cadena de suministro tecnológica mundial, destruyendo valor en ambos bandos y acelerando al mismo tiempo una desconexión para la que ninguna de las dos economías está realmente preparada. De allí la tregua momentánea. En definitiva, nada se resolvió, sin admitir públicamente la mutua dependencia.
2) El intercambio de las ayudas a Irán y a Taiwán. Washington desea que Beijing no siga proveyendo tecnologías y componentes chinos de doble uso hacia los programas de armamento iraníes. Beijing desea que los cuantiosos volúmenes de ayuda militar de Washington a Taiwán disminuyan. Las líneas rojas de ambos contendientes fueron expresadas, pero quedaron sin ningún compromiso concreto; sólo promesas de seguir estudiando el tema. Ambos líderes declararon que tenían puntos de vista similares sobre el fin de la guerra en Irán, aunque el desacuerdo sigue. Todas fueron expresiones vagas e imprecisas. Simples pausas tácticas en una lucha estratégica a largo plazo.
Se hizo en el marco de una visita oficial que coincide con el 30° aniversario del establecimiento de la asociación estratégica entre ambas potencias y en el marco del 25° aniversario de la firma del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa entre China y Rusia. Putin y Xi ya se han reunido unas 40 veces en ocasiones bilaterales y multilaterales. Esto revela la profundización de la confianza política mutua, una amistad duradera y una cooperación en múltiples ámbitos. Hubo variadas declaraciones y acuerdos.
Fortalecimiento de la cooperación militar, ejercicios conjuntos, patrullajes aéreos y marítimos, envíos de insumos duales para la fabricación de drones, aumentar la coordinación para responder conjuntamente a diversos desafíos y amenazas.
Condena a los ataques contra Irán de EEUU e Israel porque “violan el derecho internacional y las normas fundamentales de las relaciones internacionales” y socavan gravemente la estabilidad en Medio Oriente.
Mantener a América Latina como zona de paz, con libertad para elegir de forma autónoma sus vías de desarrollo y sus socios.
Oposición a cualquier acción que viole los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas o que atente contra la soberanía y la seguridad de otros países
Consolidación de un mundo multipolar, entendido como un orden global no hegemonizado por EEUU; un nuevo tipo de relaciones internacionales, que impida limitar las posibilidades de desarrollo soberano de otros países. Consideran que el sistema de relaciones internacionales del siglo XXI está experimentando una profunda transformación, evolucionando hacia un estado “POLICÉNTRICO DURADERO”, con respeto a los intereses nacionales básicos, la igualdad y la cooperación
Las relaciones entre las potencias deben respetar el principio del mantenimiento de la “estabilidad estratégica” basado en el equilibrio de armas estratégicas ofensivas y defensivas (nucleares o tecnológicas), evitando “la destrucción mutua asegurada”.
Apoyo a la soberanía mutua. Rusia respaldó el principio de “una sola China”, con Taiwán como parte inalienable de China y Beijing apoya los esfuerzos de Rusia “para garantizar la seguridad, la soberanía y su integridad territorial”, manteniendo una estrecha coordinación dentro de marcos como la Organización de Cooperación de Shanghái y el bloque BRICS.
Cooperación económica, con especial atención al sector energético y a la energía nuclear; continuar con la ejecución de los proyectos de construcción de las centrales nucleares de Tianwan y Xudapu; la construcción del gasoducto Power of Siberia 2, que llevaría gas natural desde Rusia hacia China atravesando Mongolia. El comercio bilateral alcanzó aproximadamente 228.000 millones de dólares en 2025, superando por tercer año consecutivo los 200.000 millones de dólares. China se ha mantenido como el mayor socio comercial de Rusia durante 16 años consecutivos.
El término “mundo multipolar” se mencionó explícitamente por primera vez cuando Jiang Zemin visitó Moscú en abril de 1997 y firmó la “Declaración Conjunta Ruso-China sobre un Mundo Multipolar y la Creación de un Nuevo Orden Internacional” con Yeltsin. Por un lado, la descolonización y el fin de la Guerra Fría propiciaron un aumento significativo de los estados soberanos. La comunidad global se ha vuelto más diversa y compleja. El nivel de desarrollo y la influencia internacional de los estados de Asia, África, Oriente Medio, América Latina han aumentado. Las potencias intermedias se hacen escuchar fuertemente. El número de organizaciones regionales e interregionales, con actividades en todos los ámbitos de las relaciones internacionales (política, seguridad, economía y temas humanitarios), ha crecido, y su papel en los asuntos mundiales se incrementa constantemente. La interconexión y la interdependencia han alcanzado un nivel sin precedentes en la historia de la humanidad.
Últimamente la situación global se está volviendo más compleja. Las normas establecidas se ignoran; se intensifican los conflictos geopolíticos y aumenta el riesgo de un retorno a la “ley de la selva”. Más que el esquema Tucídides, el mundo atraviesa un escenario en el que EEUU se va retirando parcialmente de su liderazgo global sin que exista una sola potencia capaz de reemplazarlo de manera ordenada. En ese vacío, ni China, ni Rusia, ni las potencias intermedias lograron construir una arquitectura internacional alternativa suficientemente estable, lo que da lugar a un escenario global cada vez más caótico, que tampoco puede resolverse manu militari; el estancamiento del conflicto en Irán mostró los límites de la capacidad de uso de la fuerza a nivel global.
Xi busca reforzar la imagen de China como pilar de estabilidad en un escenario internacional atravesado por guerras simultáneas y tensiones comerciales, pero eso tampoco alcanza para lograr una estabilidad duradera. Xi describe la relación bilateral entre EEUU y China como la más importante del mundo, que deberían verse como socios en lugar de rivales. El ideal de Beijing es tener relaciones estables con Occidente, tener confianza estratégica con Moscú y suficiente margen diplomático para presentarse como una gran potencia imparcial, capaz de hablar con todas las partes. El panorama geopolítico actual ha colocado a Pekín en una buena posición para avanzar en ese camino, aunque complicado de lograr.
Por ahora parece destinada al fracaso la idea que EEUU pudiera abrir una brecha entre Rusia y China. Las dos cumbres mostraron dos formas de entender la relación entre las superpotencias; mientras el presidente Trump habló de un “G-2”, Xi intenta instalar la idea de una fase de “estabilidad estratégica constructiva”, interpretada como ciertos niveles de cooperación para encauzar la rivalidad dentro de márgenes previsibles que eviten una escalada abierta. En resúmen, Xi no piensa en resolver conflictos sino en manejarlos para ganar tiempo.
Se verificó una vez más la notable convergencia de los intereses estratégicos entre Rusia y China, subrayadas en las definiciones compartidas sobre el escenario global y las relaciones internacionales: una nueva era donde ningún Estado ni bloque de poder puede controlarlo todo, ni dictar las reglas para todo; la necesidad de una comunidad internacional más unificada, defendiendo la Carta de las Naciones Unidas y los principios universales de seguridad internacional, donde el multilateralismo sea el principal instrumento para resolver los complejos problemas globales; un mundo en el cual todas las civilizaciones sean iguales, respetadas y que puedan dialogar para desarrollar el entendimiento mutuo.